FELICIDADES

27/02/2012

Andalucía es, para mí, un lugar del mundo. No es mi patria, ni mi amor, ni mi obsesión. Pero soy un hombre cariñoso y aunque no quedaron vestigios de cómo fue mi cuna —soy tan viejo que en aquellos tiempos solo habría daguerrotipos— es seguro que nací aquí y, por lo tanto, quiero a Andalucía porque en parte cubre un hueco en mi memoria y le da forma a esa primera camita que no sé cómo fue.

La bandera blanca y verde me emociona, pero relativamente. Soy una persona muy respetuosa con los símbolos y la mezcla de esos dos colores es sugestiva y yo diría que bastante hermosa: el blanco siempre es pureza —una pureza fría eso si es verdad también— y el verde me recuerda a las plantas frescas que debían seguir cubriendo estas tierras de punta a punta si la maldita y soez insolidaridad no lo impidiera. Cuando veo u oigo al novelista —no seré yo quien lea una novela suya— José Luis Sampedro decir las estupideces progres que un anciano debiera medir, tasar y retener dentro… se me hiela la sangre. Yo tuve que estudiarme su manual de Estructura Económica, y después otros de otros que fueron sus alumnos. Este viejo nos engañó: ni Joaquín Costa, ni Lucas Mallada ni José Cadalso decían la verdad. Ellos nos enseñaron que Andalucía sin agua y sin cultura nunca despegaría del suelo como en su torpe vuelo la gallina.

Estas líneas no son un tractatus sino una felicitación a los andaluces: cuando mañana, en Sevilla, canten algunos el Himno de Andalucía deberían recordar que están pisando una loseta de arcilla refractaria, seca y sin la belleza académica de un azulejo moro o de un mármol romano. Relee, por favor, más arriba: he dicho soez insolidaridad. Desde hace unos meses oigo a cierto político —más ambiguo que un caracol y más sibarita que el hotel madrileño donde reside— injuriar a los sufridos trabajadores andaluces. Y yo me acuerdo de mis vecinos del pueblo que, emigrando, hicieron Cornellá y otros pueblos que no me acuerdo. Copio directamente de Wikipedia en español (a quien le corresponden todos los derechos que marque la Ley) la lista de ciudadanos ilustres de esa villa del Bajo Llobregat en la que se dejaron el pellejo. Es esta:

El atleta Reyes Estévez. Enric Masip, ex-jugador de Balonmano del FC Barcelona y de la selección española. El grupo musical Estopa formado por: David Muñoz Calvo y José Manuel Muñoz Calvo. Ruben Miño, jugador del FC Barcelona Atletic y de la seleccion española sub-21. El grupo musical La Banda Trapera del Río. El guitarrista flamenco Juan Gómez “Chicuelo”. El locutor de radio y presentador de TV Tony Aguilar. El guionista y subdirector del programa Buenafuente de La Sexta, Jordi Évole, conocido popularmente como El Follonero por su personaje en este programa. José Montilla, ex presidente de la Generalidad de Cataluña desde 2006, fue anteriormente ministro de Industria y alcalde de Cornellá de Llobregat (1985-2004). El cantante Ricardo Gabarre (Junco). El ex-diskjockey, ex-locutor de radio y Director Artístico de Vale Music, Quique Tejada. Adrián Rodríguez, actor y cantante español. Ramon Muntaner i Torruella, cantautor catalán y presidente de SGAE. Joan Tardà i Coma, profesor, político y diputado en el congreso. Óscar Nebreda, historietista y editor de El Jueves. Marina Salas, actriz de El Barco. Paco Pérez “El Pérez” Guitarrista flamenco y personaje polifacético.

Cualquier comentario sobra.

¿Y los hijos ilustres de Andalucía de este año quiénes son? Pues estos: Luis Gordillo, pintor; Josefina Molina, cineasta; Florencio Aguilera, pintor; Rafael Álvarez ‘ El Brujo’, actor; Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad de Málaga; José Fernández Ortega, general de la Guardia Civil; José Luis García-Pérez, investigador biomédico; Francisca García Ramírez, empresaria ganadera; Juan Ramón Guillén, empresario oleícola; Inmaculada Montalbán, magistrada; Antonio Pérez Lao, presidente de Cajamar; Miguel Poveda, cantaor flamenco y Concepción Yoldi, presidenta de la Fundación Persan.

Efectivamente, no estamos ninguno de nosotros en la relación. No somos nadie: ni pintores, ni cineastas, ni actores, ni generales, ni investigadores de células madre, ni tenemos almazara, ni estrado ni toga ni puñetas, y solo pagamos recibos en la Caja de Ahorros.

Me duele extremadamente la medalla que le dan a doña Adelaida (que trabajó ¡un curso! en la universidad de Ulm). Es el prototipo de la mujer entociná, que se le saltan las costuras de engreimiento pues se considera la rectora del buen rollito. Madrileña ella, siempre me ha quitado el sueño pensar cuándo hace sus investigaciones sobre biología celular: ¿mientras anda de periplo por las televisiones dándose un pisto indecente o mientras se tumba al generoso sol que la broncea? Ay, dice la Junta de Andalucía en su breve y patética biografía de la galardonada que colabora con el Instituto Pasteur (yo también, cuando me pongo la vacuna de la gripe) y con el Karolinska de Estocolmo que debe ser como el corral de la Pacheca, pero helado. No consta relación alguna de doña Adelaida (qué tierna es, qué entrañable) con la Universidad de Northumbria (Reino Unido) que le dio un doctorado honoris causa a Bibiana Aído, alumna que fue durante unos meses de esa pequeña y desconocida institución que (comprobado por mí viendo la programación de actos en su página web) no tenía ni la menor idea a principio de curso de que en julio concedería dicho “premio”. Allí hizo un “master”, pero no en lexicografía ni en peculiaridades del clítoris sino en eso tan mollar y tan cultivado que es “Negocios”.

Yo no voy a aprender nunca. Todos los años miro con expectación esa lista confiando en ver alguien conocido por mí.  Aunque fuera yo mismo.

Por cierto, VIVA ANDALUCÍA.

“Un soneto me manda hacer Violante…”

25/02/2012

Y Violante, como es natural, soy yo mismo, que me fuerzo a no dejar de escribir aunque sea más por placer mío que por eco. Me distrae la música, disculpa un segundo, voy a pulsar la tecla que es como un cuadrado blanco sobre un fondo negro. Ya está: silencio, solo roto por el zumbido de los ventiladores del ordenador y algún acelerón de moto. El reproductor de los discos se apaga solo, no hay que preocuparse. Cuando lo enciendes dice “Hello” (¿qué será eso?) y cuando se apaga dice “Wait. Goodbye”, bendito sea Dios, qué confusión, qué lío. Como dijo Lope de Vega hace cuatro siglos: —Habla cristiano, perro conjurando con humor, como si estuviera poseído, a un mozo preñado de culteranismo, ese lenguaje retorcido y a cosa hecha incomprensible para una persona normal que no sabe Latín o Griego y que su conocimiento de la Mitología se reduce a tres o cuatro dioses y algún que otro héroe. Cuánto lamento haber leído tan poco.

Siento una admiración infinita por la tecnología. Esta máquina que me une a ti, lector-lectora, en segundos ha disimulado mi incultura y mala memoria facilitándome el ingenioso poema que alude a la dificultad de versificar siguiendo las reglas pero que el poeta consagrado supera con facilidad. Y al desplazar la página por el monitor me he encontrado algo que le hace a uno inclinar la cabeza con pudor y admiración ante la obra de arte. Fíjate, verás como me das la razón:

 Por qué la boca de Juana es rosa.

Tiraba rosas el Amor un día

desde una peña a un líquido arroyuelo,

que de un espino trasladó a su velo

en la sazón que Abril las producía.

Las rosas mansamente conducía

de risco en risco el agua al verde suelo

cuando Juana llegó y al puro hielo

puso los labios de la fuente fría.

Las rosas, entre perlas y cristales,

pegáronse a los labios, tan hermosas,

que afrentaban claveles y corales.

¡Oh pinturas del cielo milagrosas!

¿Quién vio jamás transformaciones tales:

beber cristales y volverse rosas?

Tengo que escribir un cuento y no tengo historia. Atado a lo primero que se me vino a la cabeza… doy palos de ciego. Me angustio. No veo más que un barco pesquero naufragado, un adolescente que se sube a él para ojearlo cuando las grúas los sacan del mar, momento en el que encuentra un Diario. Qué voy a poner, Dios mío, en ese libro de pastas enteladas. Ahora mismo debería estar imaginando algo, que el tiempo apremia. ¿El capitán del barco estuvo en Madrás? ¿Y si hubiera pocas páginas pero en una línea diera la clave de un tesoro escondido en la nave derrotada y tumbada en la arena?

¿Porqué Madrás? Yo qué sé, suena tan bien… el océano Índico siempre ha tenido tan buena cobertura de novelistas… Imagina recorrer el Mediterráneo hasta el fondo, llegar a esa ciudad que debe ser hermosa por cojones —disculpa pero no voy a borrar nada—: ¡Alejandría! Y pasar el Canal de Suez navegando entre dunas marrones mientras un camarero negro vestido con una chilaba blanca pone en una mesita baja el té caliente y las pastas dulces con almendras tostadas y dátiles de ámbar [la crítica más dura siempre viene de quien no es capaz de juntar dos palabras: alguien me dijo una vez que notaba mi torpeza de novel por la cantidad de adjetivos que usaba; qué estupidez, como si fueran bienes escasos; todavía podía haber puesto alguno más ¿verdad?]. Y recorrer el mar Rojo. Mmmmmm. (Eso era una onomatopeya de placer).

Pues, como en el soneto de Lope de Vega “contad si son catorce, y está hecho”.

“¡¡Grecia, Grecia, Grecia!!” (grito sindical)

19/02/2012

Desánimo, apatía, derrota… esa era la sensación que daban los manifestantes malagueños contra la reforma laboral del Gobierno. A mí me escama mucho esa regularidad maciza de banderas y la ausencia (o marginación) de las pancartas de manufactura propia, cutres y llenas de manchurrones pero sinceras y —sobre todo— gratuitas. Las banderas de CCOO y de UGT de esta mañana eran first class, con asta de plástico. Y la pancarta emblemática, de la que se agarran los cargos para salir en la tele y en los periódicos… era industrial, y eso vale un huevo y la mitad de otro. Hablamos de huevos de dinosaurio, claro está.

Poca gente, y muy ordenada. Eso canta la naturaleza de los asistentes: eran los liberados luchando por su liberación de trabajar. Resultaba grotesco ver a los turistas y transeúntes de la soleada mañana aproximarse a las aceras para ver aquella comitiva encabezada por una furgoneta de la Policía y un cortejo de motoristas uniformados mientras sonaba un arreglo de la maravillosa canción Resistiré del Dúo Dinámico que rimaba con reformadelpepé. Si no hubiera sido patético habría resultado cómico: aquello era como la procesión del domingo. Esta ciudad del paraíso (?) siempre tiene algo que procesionar.

La mayor parte de los autobuses urbanos pasan por la Alameda, justamente el sitio elegido para desarrollarse la manifestación, con lo cual ha habido un apagón en la movilidad de las personas más desfavorecidas casi total. Han cambiado los trayectos y los retrasos en las paradas se contaban no por minutos sino por medias horas. El tráfico de coches y taxis continuaba normal desviado por el Muelle de Heredia. No había irritación en las dieciocho personas que nos hemos juntado a las trece horas en una parada del Parque. Solo una estaba indignada (yo) y otra desesperada, un muchacho que he analizado con detalle. El joven ya esperaba cuando he llegado yo. Estaba malísimo. Tenía una gripe terrible: se destrozaba la nariz sonándose, tosía, se alejaba para ocultar los esputos que echaba al suelo, volvía, se cubría la cabeza con la capucha, se la quitaba a los dos minutos, cruzábamos la mirada al echarle un vistazo a la pantalla que avisa de la llegada del autobús. Casi una hora ha estado indicándonos que en cinco minutos estaba allí. El muchacho griposo tiraba sus pañuelos usados en una papelera, llevaba calzoncillos celestes —visibles cuando se ponía las manos en la cabeza— y la fiebre le hundía los ojos y le agrietaba los labios. En la mitad del periodo de espera la fila se ha llenado de parejas de ancianos y de mujeres que guardaban entre sí alguna relación, amistad o consanguinidad, bien calzadas de botas, risueñas y habladoras. El muchacho enfermo quería mirarlas, pero no podía. Y bajaba la cabeza humillado por los virus que no le dejaban disfrutar de nada de lo que le ofrecía la espléndida mañana.

A su lado, un manifestante que no volvería a cumplir setenta años, rubicundo, portaba su bandera bien liada sobre el asta de tal manera que parecía un picador escapado de la cercana Plaza de Toros.

Cuando por fin ha llegado el autobús he perdido la pista del griposo y me he centrado en el enjambre de mujeres que me han rodeado. Una de ellas no podía subirse al asiento y al ayudarle yo —“Qué vergüenza, qué vergüenza” decía ella porque era bastante joven— se ha generado una especie de simpatía que hemos terminado de tertulia. Los que íbamos mirando en el sentido de la marcha le ofrecíamos a los que iban a contrapelo cambiarse, suben dos viejos en avanzado estado de cansancio, y nos levantamos todos para que se sentaran. Las jóvenes, pues quedaba hueco, me dijeron que me sentara yo y les respondí que “Yo soy muy joven para que me cedan el asiento”, risa generalizada. A uno de los viejos le suena el móvil, lo detectan las mujeres y el pobre hombre ni se había enterado…

En resumen: hay gente profundamente buena y sencilla. Qué mala suerte tienen vivir en un país que no los protege ni los cuida.

Intrahistoria

17/02/2012

Yo podía haber sido un buen músico: tengo un excelente oído, canto bien y posiblemente mi discoteca actual supere los trescientos compact-discs (sin contar vinilos y cassettes de antaño) lo que da idea de una vasta cultura musical. Pertenezco a una generación que se ha admirado de las personas que han leído mucho, haber oído mucha Música es también un mérito además de un placer. A título anecdótico, estos son los primeros discos que compré: la Sinfonía del Nuevo Mundo, una selección de El Mesías y Música para Cuerda, Percusión y Celesta de Bartók en la Cara A, y en la B El Pájaro de Fuego de Stravinski.

Esta tarde he estado oyendo en el Conservatorio a un antiguo alumno que dejé como un niño y ahora ya es un hombre con traje y corbata. Es pianista.

Cuando lo he visto sentado en la banqueta, quieto, contando seguramente los segundos antes de empezar a tocar parecía que el inmenso piano de cola Yamaha —¿porqué no un Steinway & Sons?— se lo iba tragar.

Este hombre-pianista es delgado, alto, espiritual y da una sensación (quizás él mismo fomente ese look como se dice ahora) de fragilidad que yo temí asistir a la ejecución de una meliflua partitura más propia de una tarde de sándwiches de pepino y jasmine tea en la más pura tradición británica.

Qué va.

El antiguo alumno es capaz de sacar música enérgica, dura, casi cortante, del piano negro, gigantesco y amedrentador.

Y en cuestión de segundos… también puede arrancarle unas notas tan suaves y dulces que parecen líquidas. ¿Cómo se llamará ese efecto? Es, en palabras de analfabeto, una caída radical de la presión de los dedos en la tecla, apenas la mínima necesaria para que el macillo golpee la cuerda. Uf. Qué cosa tan preciosa. Tenemos las orejas hechas a la música en lata, y sentirla en vivo es como algo especial.

Siempre se dijo que para hablar bien Francés il faut faire de grimaces —es necesario hacer muecas— pues bien, este pianista se queda traspuesto. Hipnotizado y casi sorprendido de lo que él mismo ha generado. Termina, y parece decir con la cara: “¿Será verdad esto?”. Puedo preguntarle (y se lo preguntaré) qué se siente al pasar del piano doméstico, que imagino vertical y modesto como el de Chopin en Valldemossa,  a esa ballena negra del Yamaha —¿y porqué no un Érard, un Pleyel o un Gaveau?— imponente bajo los focos. El guitarrista, el violinista o el flautista viaja con su instrumento. ¿No siente el pianista un desarraigo al tener que tocar siempre en un teclado que no le es propio?

En la última parte de su programa de hoy el alumno-hombre-pianista formaba trío con una cellista menuda de cuerpo, excelente instrumentista, y un flautista tan alto que ha tenido que superponer dos sillas para poder tocar cómodamente. La Sala Falla era gélida, y los asistentes estúpidos —yo— que se habían quitado abrigos y chaquetas han tenido que reconsiderar su indumentaria y volver a ponérselas.

La mezcla sonora de la flauta, la cuerda y el piano es un hermanamiento maravilloso. Lo más curioso del caso es que el piano no se imponía sojuzgando lo demás sino que  los tres músicos se compenetraban lo suficientemente bien como para que una mirada, un gesto con el entrecejo o la barbilla sustituyeran perfectamente la varilla de ballena (¿habrá batutas de barba de ballena todavía?).

Sé que me gano la censura de todos los entendidos en la materia, pero ya es que me da igual y lo digo: cada día que pasa me resulta más grotesco e inútil el boato adulador con el que se rodean la mayor parte de los directores de orquesta. La cara de von Karajan es universalmente conocida, pero nadie es capaz de citar el nombre del concertino de la Filarmónica de Berlín (por ejemplo).  Estoy convencido de que el 80% de las orquestas podrían prescindir del director, tal es la disciplina y competencia de la mayoría de los músicos.

Quien me conoce sabe de mis simpatías artísticas: les niego el pan y la sal a un pintamonas llamado Pablo Ruíz, al bonaerense sin corazón (bolsillo sí) Barenboim y a Claude Debussy al que los dos filósofos —extraña coincidencia— Ortega y Gasset le asignan la, para mí, triste categoría de deshumanizador del arte. Yo admiro cada vez más lo académico. Y tocar dos horas el piano debe ser un esfuerzo titánico. Por cierto, no le vi partitura en la primera parte. Alguien dirá que con mi buena vista… cómo me atrevo, pero el gesto de pasar la página no lo hizo, ergo se sabía aquello de memoria. Uf.

Poco a poco, escuchándolo, se iba viendo retroceder la soberbia del instrumento y su progresiva y generosa entrega al músico. Qué notas graves tan maravillosas salen de un piano…

Finalizado el capítulo de las felicitaciones y saludos —todavía está en edad de que sus padres lo consideren su niño— me fui andando por esa plaza horrible del Lejío (Egido for the connoisseurs) reconociendo casas y cosas: mi vieja facultad, la academia donde daban clase de Análisis Matemático y Econometría, las escaleras desastrosas que llevan al barrio de Capuchinos (hoy kpuxinos) y de pronto me vino la inspiración: recordé que la casa matriz de las pastelerías Aparicio estaba por allí. La localicé. Compré tres hermosos pasteles y seguí andando hasta el cauce siniestro del río. Allí, un cañón de aire húmedo y frío procedente ya del mar me recordó que había olvidado el visón en el armario y no era cosa de coger una pulmonía. Paré los pies en aquella callejuela por donde yo daba la vuelta para ir al instituto, esperé, y cuando empezaba a maldecir aquella puñetera brisa marina… la lucecita verde y acogedora de un taxi me saludó desde lo lejos. El chofer era más mayor que yo, de la Axarquía, con una hermosa cabeza de pelo gris descuidado y una voz ronca y gutural que usaba abundantemente de las síncopas: verdausté era su estrambote favorito. Nos dio tiempo a hablar de la nieve y de lo floja que es la gente joven de ahora (las excepciones confirman la regla).

Fue una tarde bien aprovechada y hermosa.

Enhorabuena al pianista, de todo corazón.

 ♦

Franz Liszt: Canción napolitana.- La danza.

Franz Schubert: Sonata en la mayor D. 664

Max Reger: Siete piezas de fantasía, op. 26

Félix Fourdrain: Romanza sin palabras.- Poema romántico.

Jean-Michel Damase: Sonata en concierto.

Feliz día de San Valentín

13/02/2012

El Clavel Seco, José Angel Buesa (1919-1982)

 Como el clavel del patio estaba seco,

yo, entristecido por sus tristes males,

baje al jardín para cavar un hueco,

en buena sombra entre dos rosales.

Y eran rosales cerca, gajo a gajo

en una cercanía indiferente

pero al cavar un poco, vi allá abajo

sus raíces trenzadas locamente.

Así, esta tarde, descubrí el secreto

de un cariño verdadero, hondo y discreto,

transplantando un clavel que se secó.

Y, en nuestra indiferente cercanía,

que loco ensueño se descubriría

si alguien cavara un hueco entre tu y yo.

Unidad Didáctica

08/02/2012

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“Una de las cosas que más duelen al jubilarse —me dice Ingrid, maestra y vieja amiga— es la imposibilidad de volver a enseñar, que es transmitir conocimientos. Pero, y sobre todo, también es desvelar la belleza de unas vidas ignoradas por los niños: enseñar es como abrir las puertas chirriantes y llenas de telarañas del almacén y quitar de un tirón la colcha vieja que ha cubierto durante años el cuadro maravilloso que heredamos de la abuela y que nunca habíamos visto a la luz del Sol”. Qué razón lleva.

Un niño malagueño podría saber quién fue el Marqués de Salamanca pues su biografía reúne todos los condimentos para ser un personaje fascinante y admirable. Mujeriego, culto, patriota, viajero, promotor de empresas tan innovadoras que dejaban con la boca abierta a sus coetáneos y que van desde casas de baños hasta el Teatro del Circo, donde dio un fabuloso concierto Franz Liszt —al que Beethoven besó en la frente tras oírle tocar el piano— pasando por el tren que unía en hora y pico Madrid con Aranjuez. Téngase en cuenta que ese mismo recorrido hecho en diligencia, en la que cabían unos pocos viajeros, suponía multiplicar la duración del viaje por cuatro mientras que el tren, además de veloz, trasegaba varios cientos de personas… Don José de Salamanca visitó en Pésaro a Rossini y levantó una estatua en honor suyo. Fue amigo de Mariana Pineda. Y se hizo rico, y se casó con una extranjera de apellido Livermore, familia que emparentó también con Manuel Agustín Heredia (sí, ese hombre de bronce que está sentado al lado del puerto). Todo eso, y más, podría ser contado, escrito y explicado

Isabel II no podía ser cien por cien un bicho. Cantaba bastante bien, tocaba el piano aceptablemente… Parece ser que es verdadera la anécdota: el tren citado llegaba hasta la misma puerta del Palacio, y sus últimos raíles eran… de plata.

Carmen: La flor que me echaste a la cara, aunque seca, todavía conserva su perfume…

26/01/2012

—Y eso es el Parlamento, el Parlamento.

No es que pida uno un catedrático para llevar el coche de caballos mugriento y maloliente que pasea por las calles de Málaga a los incautos turistas que, borrachos de nostalgia y queriendo emular a los grandes conquistadores que aceptaban cocos caldosos como cráteras de vino griego los romanos… pero decir que el Ayuntamiento es el Parlamento ya es demasiado. Máxime pasando por delante de una placa plurilingüe en la que bien claramente se indica que aquel edificio hermoso es el City Hall.

Pongamos que llevo más de cuarenta años en esta tierra y nunca me he subido a esos carromatos en los que, sobre la capota, sentaban con el vestido extendido como una banderola a las niñas de primera comunión y en los que se paseaban llenos de orgullo unos recién casados que ahora alquilan, en el colmo de la necedad del quiero y no puedo, coches de lujo o limusinas para una hora más o menos.

Lo más dramático es la Feria de Agosto, esa eclosión desvirtuada de la diversión para convertirse —por el sentro— en una mugrienta borrachera universal. Entonces, bajo el Sol inclemente, es posible ver a fantasmas vestidos con un traje ridículo y trasnochado arreando cuadrigas y chariots por el asfalto que se derrite de vergüenza al verlos.

Estoy leyendo Carmen de Próspero Merimée. Sin tener en cuenta las consultas de palabras sueltas provenientes de vocabularios muy arcaicos y específicos —no en vano intervienen militares, gitanos, mujeres ligeras de cascos, bandoleros, arqueólogos, etcétera—, su prosa es sumamente fluida y ágil consecuencia de su vasta cultura que incluía el conocimiento de varias lenguas clásicas, el árabe y el ruso. Últimamente hablo mucho solo y utilizo contra mis adversarios un arma que creo infalible: la congruencia. Es más congruente esta obra que se escribió hace ciento sesenta años, luego llevada a la ópera, que los carromatos y caballos hendiendo los pavimentos malagueños.

Voy a copiar la definición de amor más bonita que he leído últimamente:

“Et puis, malgré moi, je sentais la fleur de cassie qu’elle m’avais jetée, et qui, sèche, gardait toujours sa bonne odeur…”.

Así habla don José, el bandolero de pelo rubio y ojos azules, que se ve prisionero y condenado a garrote vil por dejar libre a Carmen la cigarrera a la escoltaba tras hacerle una equis con la navaja a una compañera de trabajo. Todo es congruente, lógico y coherente ¡porque es don José de Lizarrabengoa, nacido a pocos kilómetros de Irún! Para Merimée el vasco además de tener pelo pajizo, ojos celestes, buena piel y mejores piernas siempre era valiente y noble.

Qué de sorpresas guarda lo clásico.

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Los pequeños universos que conviven conmigo (y una reflexión indirecta sobre el estomagante timo catalán)

20/01/2012

Leo —¡uno sabe tan poco!— que tonsor era el barbero romano y tonstrina… la barbería. Y que en aquellos tiempos memorables este era un lugar de charla e intercambio de chismorreos. Vamos, como ahora.

Llevo años yendo a una peluquería de barrio, modestísima, que ha logrado reunir al mismo tiempo dos sensaciones negativas —el mal gusto con la frialdad— que se contraponen a lo económico y educado del servicio. No es que importe mucho una pared amarillo canario con cenefa de hiedra de factura cien por cien casera, de esas que se hacen con una plantilla; tampoco ofenden mucho las sillas de metal negro tapizadas en azul bleu roy que parecen robadas en un ambulatorio de Siberia ni los tubos fluorescentes de luz hiriente. Lo que realmente resulta espectacular es la multitud de cuadritos con equipos de fútbol juveniles de barrio —yo creo que ese deporte se hizo rey gracias a las peluquerías de caballeros— y una serie de láminas de cristos y vírgenes de gran tamaño cuyos marcos son enjambres de conchas marinas y que un día estuvieron en venta, desconozco si el autor le hizo un precio especial al peluquero (aunque me temo que no) al ver que nadie los compraba o quizás el artista pasó a mejor vida (todas las opciones abiertas, sentido estricto y extenso). Es congruente pero aterrador integrar todo eso con los dos viejos sillones de la marca Henry Colomer Limitada —marca que tanto anunciaba en la radio franquista la sin par Maritere Campos—, el televisor apagado y la radio permanentemente sintonizada en Canal Sur. Sobre el mostrador de trabajo, ahora dudo si es mármol negro veteado o plástico imitándolo, el juego de peines, tijeras y navajas se ve acompañado por ampollas mágicas de crecepelo, participaciones de lotería y un secador de mano desvencijado. Perpendicularmente a esa superficie que podría ser lo más noble del local y hacia arriba, aparece el protagonista espejo donde el cliente joven exige idas y venidas, retoques y modificaciones constantes del corte de pelo (no hay nada más intransigente que un joven español, especialmente si no trabaja ni estudia y vive a costa de su familia y del Estado) o del tinte realizado. Espejo enorme donde los más mayores discretamente van constatando el estrago del paso de los tiempos. Ocho euros pagan los que más tienen (trabajo, familia, profesión, convicciones, piso, coche, etcétera), veinte o treinta euros pagan los que no teniendo nada  ganado por sí mismos (especialmente Ética, llamada en Andalucía “vergüenza”) dedican su tiempo a lustrarse con mechas rubias y peinados cherokees. Por encima de todo lo descrito sobrevuela la pericia admirable del peluquero, su maravillosa profesionalidad que ordena, despeja y da esplendor a las cabezas más feas y descuidadas… por fuera. Lo de dentro está fuera de su competencia.

La historia de la empresa Henry —que era José Colomer su fundador pero decide poner ese nombre inglés sin acordarse de que deberían haberse registrado como Enric a ver qué tal les iba por el mundo— Colomer Limitada está tan torpe como brevemente expuesta en ca.Wikipedia.org pero no en es.Wikipedia.org. Estoy seguro de que vas a entender perfectamente lo que a continuación te copio, pues el català no es más que un alicorto y rancio estropicio de grandes lenguas del pasado y del presente:

Josep Colomer Ametller (Vidreres, 1905-Barcelona, 1998), es va iniciar com a perruquer i després va fundar una empresa de cosmètica i de bellesa que amb el temps es convertiria The Colomer Group. Josep Colomer de molt jove es va fer aprenent de perruquer amb Joan Casellas, de Vendrell. Els divuit anys va anar a París (1923), on va fer una perruqueria de luxe a la Rue Scriba. Després va tornar a Catalunya per casar-se amb Anna Casellas, la filla del seu mestre, i va inaugurar una nova perruqueria a les rambles de Barcelona. El 1943, quan, acabada la Guerra Civil espanyola, va tornar a Barcelona, va decidir crear i desenvolupar els seus propis productes, així doncs, crea l’empresa Colomer Ltda. –posteriorment Henry Colomer- i posa en marxa la seva primera fàbrica. Els anys 50, l’activitat és frenètica: crea nous productes, marques de distribució i avenços tecnològics (sacsadors, líquids per a la permanent, rentacaps…). Als anys 60 continua la seva expansió amb dues noves fàbriques i una trentena de sucursals a tot Espanya. Així es converteix amb la primera empresa perruquera estatal, i a més fa el salt a l’estranger amb la adquisició de la Maison Henry de París. Carles Colomer, fill del fundador, passa a ser-ne el director general. Al 1978, la companyia nord-americana Revlon compra Henry Colomer. D’aquesta manera Henry Colomer aconseguí presència a tot el món. L’any 2000, la família Colomer, juntament amb la societat d’inversions CVC, compra a nivell mundial el negoci de productes professionals de Revlon i neix The Colomer Group. Josep Colomer no va ser testimoni de l’empresa que havia creat, va morir el 12 de novembre de 1998. [© ca.Wikipedia.org].

El consuegro de este empresario, Juan Bautista Cendrós, había fundado en los años cuarenta la empresa Haugrón Cientifical SA fabricante del pestoso (y quizás efectivo) masaje facial Floïd, con su perfecto tapón estriado, realmente famoso en el mundo entero desde uno al otro confín. La empresa hasta se inventa verbos nuevos como haugrolizar o haugroquinar, que vete tú a saber lo que querrían decir. Este producto, junto con Varón Dandy, Lucky, Aqua Velva y Mennen eran la cosmética que un hombre-hombre debía, si podía, usar en la década de los sesenta del siglo veinte.

La peluquería a la que voy no tiene ya tertulia y los clientes escasean. Las obras eternas del Metro han sumido a los negocios afectados en una lasitud tristísima. Aceras de un ancho inusual aparecen descarnadas y feas, con bancos tan mal situados que parecen buscar la umbría y las ventoleras. Languidece la corsetería, cierra la tienda de azulejos y cuartos de baño, el joyero fuma en la puerta y la frutera que quiso ponerse a la moda haciéndose una página web de promoción ha convertido su tienda en una caverna iluminada por una sola bombilla que casi siempre está apagada porque no entra la gente. Nadie gana dinero en el barrio, solo las panaderías.

Y, por supuesto, los bares.

¿Asquerosa?

12/01/2012

Alguien dijo que la capacidad para sorprenderse es el filtro —en el sentido de bebedizo o pócima— que mantiene a las personas jóvenes. Revisando el correo esta mañana, y esa frase ya no significa que el mayordomo me haya traído un montoncito de sobres en una bandeja de plata, primero porque no tengo valet de chambre y después porque solo recibo recibos (¡qué arte, qué dominio del idioma!) bancarios, material innoble y humillante que no merecería ese trato distinguido y ceremonial de la brillante salvilla, pues como decía… revisando el correo electrónico me ha llegado el nombre de un pueblo de Granada asociado a una foto maravillosamente triste que oprime el corazón. La imagen es de una simplicidad terrible: una cama antigua de hierro con el cabecero y el pie de la misma altura ocupando un rincón. Sobre la colcha, flores. Y en el diedro blanco de las paredes con zócalo de almagra, porque no se ve el techo, dos cuadros con sendos grabados religiosos. Casualmente uno de ellos vigila también mi escaso sueño.

El autor de la foto quiere que mi cerebro no se enrobine y a mis preguntas —¿dónde está esa cama, de quién es?— responde con “La casa está en Asquerosa”. Respuesta misteriosa y críptica.

Mucho he criticado a Güiquipedia y me gané hace años grave castigo de uno de sus gerifaltes (españoles) por osar editar el artículo dedicado a ese bicho zafio, obtuso, cegato y sectario llamado Manuel Hidalgo, entrada que solo era (y será) un monumento a la mentira y al nepotismo. Una mujer me salvó, porque la peor mujer es siempre mejor que el mejor hombre, y el bloqueo se levantó a cambio de mi promesa de no tocar otra vez la biografía de ese perro pulgoso. Pero intrahistorias vergonzosas aparte, Güikipedia siempre da una solución que a veces es hasta muy buena, y al consultarle la palabra “Asquerosa” me contó esto: pueblo segregado de Pinos Puente, en la provincia de Granada, que ahora se llama Valderrubio, cuyo nombre proviene del inmenso honor de haber sido el primer sitio donde se sembrara tabaco rubio americano. Hasta aquí, como verás, nada me aclaraba sobre la sencilla cama literalmente pegada al diedro encalado de un rincón.

Yo siempre he visto con admiración a quien era capaz de explicar algo difícil con palabras sencillas. Si el Español —no existe el Castellano, ese concepto es una maniobra miserable de lo más cutre de esta nación llamada España— limó el seco y duro Knut hasta ser Canuto o el enrevesado Malborough paso a ser el dulce Mambrú… es una bella historia. Pero resulta que Güikipedia, al escribir yo “Asquerosa” me ha presentado Valderrubio. Qué raro.

Realmente la villa —y no se dice el porqué— en tiempos romanos se llamó Aquae Rosae, agua de rosas, que ya es nombre bonito. Y de ahí —acuerrose, acuerrose, acuerrose…— se convirtió, con grave pérdida, en Asquerosa.

Solo a una comunidad estrictamente estúpida se le ocurre aceptar Valderrubio para sustituir a Asquerosa estando Aquae Rosae de por medio y tan a mano.

En Asquerosa vivió Federico García Lorca, más conocido como Federico, hombre penosamente maltratado por sus congéneres y por los amiguitos de Manuel Hidalgo, que excavan y excavan tratando de colgarse a modo de medalla triunfal los restos del cordial y maravilloso escritor que fue asesinado, como tantos otros, por gente muy mala… Todo el que mata es malo.

Esa cama de la foto intuyo que fue de él.

A ambos el mismo Cristo ha vigilado nuestro sueño.

Informe anual

01/01/2012

Si has entrado en este blog alguna vez, además de hoy, debes pinchar o copiar este enlace (link) que no ha sido posible vincular como es debido por algún problema técnico. No obstante lee ese informe porque eres su protagonista.

http://nuevavidavirtual.wordpress.com/2011/annual-report

La compañía WordPress anualmente hace un informe privado de la evolución de cada uno de sus blogs pero con la opción de hacer públicos dichos datos. Yo cada día veo la letra más chica, pero “a caballo regalado no le mires el diente”.

Ya es público, por tanto, en atención a ti.

Gracias, y espero seguir los consejos que me dan.


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