Toda una tragedia

Ha cerrado una pastelería más en mi barrio. Eso es, siempre, una tragedia. Era la única que quedaba del ancien régime, la eterna segundona tras la emperadora, la segunda división, el pajecito llevándole el filo del manto a la sin par pastelería Cervantes donde todo el mundo hacía una parada para tomar un pastel y llenarse los bigotes de merengue, azúcar, nata o lo que fuera. Donde se compraban pasteles para los enfermos, o cuando se hacía una visita, o se la esperaba; en los cumpleaños y onomásticas sus tartas eran siempre privilegiadas con aplausos. Calló cayendo, porque la dueña rubicunda de almidonada bata blanca y pelo rubio fosilizado dispuso jubilarse. Y heredó  sin el honor de la victoria su clientela la envidiosa competidora llamada Vimana, que ahora también cierra.

No hay equivalencia en las otras pastelerías que quedan en el barrio. Ninguna vale un pimiento. Si quieres guiarte de un consejo de experto nunca pongas muchas esperanzas en los pasteles que compres si allí vendían pan. Ni te cuento si además de pan venden patatas fritas de bolsa. Lo peor, con ser todo lo anterior detestable, es que tengan una sección de charcutería. Lo que no es, no es. Una pastelería, siendo muy generoso, puede ser también heladería, salón de té y cafetería —incluso todo eso al mismo tiempo— en cuyo caso habrá veladores y sillas imitando a la dulce Francia o a la sin par Inglaterra rodeados de porcelanosas.

A propósito de esta marca de azulejos no creo descubrirte que le arrima billetitos a Carlos príncipe de Gales (en el siglo, El Orejón) a cambio de invitaciones y fotos con o sin la duquesa de Cornualles (en el siglo, Mi Tampax). Pero hay un par de detalles que me impiden odiar a este príncipe inglés: uno, por su mecenazgo con el Arte (él mismo es un excelente acuarelista). Y dos, porque es el patrón e inspirador de The Prince’s Trust, entidad dedicada a la mejora y capacitación de los jóvenes más desfavorecidos por la suerte, simplificando mucho; basta entrar en la web de Barclays Bank para echar en falta eso. Qué diferencia con el torpe, tartamudo, engreído, monógamo, militarote y déspota Príncipe de…

Uy, perdona, que se me baja el soufflé. Otro día sigo.

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2 comentarios to “Toda una tragedia”

  1. landahlauts Says:

    Me deja usted encantado. La capacidad para conectar temas y que quede una entrada estupenda.

    Tristísimo que se pierda una pastelería. Aquí perdimos la Bernina y “Flor y Nata” porque, aunque siguen abiertas con menos sucursales, se han especializado más en el “catering” (los canapieses para políticos y las bodas de gente pobre aparentando ser gente rica han dado mucho juego estos años atrás): Las pastelerías “moernas” son pastelerías como la moda: se prefiere lo novedoso a la calidad o los buenos ingredientes. Muchos colorines, mucha nata de plástico,… nada.
    Afortunadamente en las pastelerías donde compro no venden patatas fritas de bolsa, aunque en una (en Flor y Nata) si venden charcutería (eso sí, en plan “delicatessen”).
    París… allí sí hay pasteles ricos, oiga… en cualquier panadería de un distrito alejado había pasteles magníficos. ¡¡Ah, París!!

    Como estará sospechando, yo soy más afrancesado que enamorado de la vieja Inglaterra (¿no hay en castellano una palabra como “afrancesado” para Inglaterra?… no me extraña). Me pareció genial la solución que supieron dar a un problema que aquí, por ejemplo, tenemos enquistado: la monarquía.

    Nada como el silbido de una hoja afilada de guillotina y un cuello real al final, junto a una bella cesta de mimbre que espera su recompensa…

    Buenas noches.

  2. el temido (por su bravura) Says:

    La evolución de las pastelerías ha ido pareja a la de la estupidez de la especie humana. Sostengo siempre que esta especie no debería sobrevivir al cambio climático. El otro día pasé por La Cubana, en Puerta del Mar, y se me ocurrió entrar a ver si seguía una pila de agua que había con un grifo donde la gente se lavaba las manos después de comerse los pasteles, o simplemente bebía agua. Ná de ná. Colorines, dulces minimalistas, y ni siquiera el olor a pasteles que, aún siendo mucho más modesta, desprendía la pastelería Cervantes.
    Al Sr. Landahlaust, contstarle que sí hay una palabra similar a afrancesado: inglesteado. Da para mucho juego la interpretación, así que abran su mente e imaginen.
    Supongo que el silbido de la hoja, sirve para cualquier cuello real, exceptuando el de la garza y el águila.
    Delenda est Britannia et jubileus. Lector salutatus.

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