Lang-Lang y la Reina (alguien lo habría escrito en orden inverso)

Admito que la foto me emociona. La colgó en Twitter el propio Lang-Lang, el súper pianista chino que hablaba con orgullo de su participación en la ceremonia de inauguración de la Olimpiada y por el saludo de la reina Isabel II de Inglaterra.

El protocolo español, que proviene de la Casa de Austria, se dice que es el más estricto de todas las cortes europeas; yo tenía entendido que el monarca debía quitarse el guante de la mano estrechante, pero quizás por la humedad y la artritis la Reina faltó a ese principio. A Lang-Lang parece no importarle.

Observa, querido lector o lectora, cómo los ojos reales se alzan buscando la mirada del extraordinario artista y parecen decirle “Te reconozco y te admiro”.

Tengo varios discos de Lang-Lang. Es un técnico exagerado, un volcán de posibilidades. Su sacrificio ha debido ser inmenso, por muchas cualidades innatas que tuviera, hasta llegar a esa depuración absoluta que le permite a un oriental interpretar a Mozart, Beethoven o Chopin —por ejemplo— de manera magistral e inolvidable. Tan joven y tan sonriente; tan productivo; tan artista…

Nunca sabrán ninguno de los dos que he escrito estas palabras, pero vaya para ambos y por razones distintas mi admiración y respeto.

[El rey de España concedió el Toisón de Oro a Javier Solana Madariaga, el apacible guerrero atlantista como lo llaman, muy querido por la población civil serbia].

[El rey de España concedió el marquesado al… seleccionador nacional de fútbol].

Para algunos, la edad los engrandece y mejora. A otros, cumplir años los abotarga y entontece (en el misericordioso caso de que les concedamos que no eran tontos desde el mismo día en el que nacieron).

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Una respuesta to “Lang-Lang y la Reina (alguien lo habría escrito en orden inverso)”

  1. landahlauts Says:

    El Protocolo francés (que yo sigo de modo estricto) arregló, hace muchos años, este problema de cómo darle o no la mano al monarca, y muchos similares. Y lo hizo del mejor modo posible.
    Creo que en Europa deberíamos de seguir su ejemplo.

    El Campechano no es bobo sobrevenido. Con él se cumple el refrán de “Quien tonto fue a la guerra, tonto volvió de ella”.

    Saludos.

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