Gracias, Cristina

A partir de el discurso de nacionalización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (o algo así pero que al final se queda en YPF) la presidenta de Argentina me ha servido en bandeja un nuevo insulto —que supongo será muy suave— que no conocía, una palabra nueva. La señora Fernández dice que ella es Jefe del Estado y, por lo tanto, que no se va a desmelenar como una patotera.

Qué sonido tan hermoso tiene la palabreja: a-o-e-a, vocales fuertes, recias como la Pampa o el Chaco. Lo mismo da que signifique eso, esto o aquello, lo importante es que la hija enseñe a la madre. Y del buen corazón de Cristina, la que no es patotera sino Jefe del Estado, sé que me puedo fiar. Todo lo hace por su pueblo. Incluso creo que hasta lo hace por mí.

Llegado a este punto, por la afición que tiene uno a las palabras, me he ido al Diccionario de la Academia y resulta que patotero es el que forma parte de una patota o adopta sus comportamientos. Doy el paso final, y me dice el diccionario normativo de mayor prestigio que una patota es un grupo de gente joven abusona, desafiante, gamberra y desvergonzada. Podemos estar ya tranquilos.

A partir de ahora será mi insulto favorito, le decía a un amigo doliente esta mañana. Los demás pueden ir ensayando: “Tú eres un patotero, no te acerques; cierra la boca, que pareces una patotera; lo que aquí tenéis liado, cuadrilla de merdellones, es una auténtica patota…” y así sucesivamente.

Una vez, yendo en el autobús, unos patoteros adolescentes ofendían a otro que estaba de buen año, bien gordito vaya. Con esa riqueza verbal que caracteriza al andaluz de corta edad (y menor educación) le impedían participar pero el gordo insistía en dar su opinión.

De pronto, el patotero más repugnante de aquella patota le dijo al chaval (xaval en el léxico de ahora) obeso unas palabras que cerraron toda la discusión, reinando a partir de entonces un silencio sepulcral a partir de oírse aquello. El “¡Tú te callas, serda!” fue definitivo.

Hay una poesía (o lo que sea, porque esta gente surrealista todo lo enmarañaba) muy hermosa de Jacques Prévert (1900-1977) que se titula L’accent grave, y es una parodia del valor extraordinario que tiene una tilde en Francés: “ou” es la conjunción disyuntiva española o, pero si escribimos “où” se convierte en el adverbio dónde.

No es lo mismo cerdo que serdo. Ni serdo que serda. Pero callemos, no convirtamos este ilustrado blog en una patota (y ustedes en unos patoteros).

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Una respuesta to “Gracias, Cristina”

  1. el temido (por su bravura) Says:

    Ya les cantó a los patoteros el gran Gardel (Tango del patotero sentimental). Por completar que no quede, como no quedará en el olvido (no habrá tampoco más pena ), mis Buenos Aires queridos, lo que ha hecho Cristina. A mí, particularmente, ¿qué quieren que les diga?, me parece bien, ya que lo que hay en la actualidad es un neocolonialismo económico, y actos como los de la presidenta, recuerdan medidas adoptadas por sus vecinos chilenos o nicaragüenses en otros tiempos.
    Nada, lo siguiente Las Malvinas (suena mejor que Falklands).
    Delenda est Britannia et YPF. Lector salutatus.

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