La muerte, tan cerca…

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Hoy, aproximadamente a la misma hora, han muerto dos personas cerca de mí. Uno, el monstruoso asesino de Toulouse porque el que siento, al mismo tiempo, repugnancia y lástima. El asco no hace falta justificarlo con argumentos; la lástima, sí: en mi larga carrera de observador sé que Francia hace veinticuatro horas condenó a muerte a este hombre y que esta mañana ha ejecutado la sentencia. Habría mil modos de solucionar la cosa sin tirarle un tiro a la cabeza añadiendo muerte a más muerte, venganza en definitiva. Obviamente la douce France —así se la cita ya en la Chanson de Roland— es una nación fuerte. Por si alguien lo duda, Sarkozy ya ha ganado las elecciones próximas. He seguido el evento de mil maneras por Internet, esa es la razón de que me haya sentido tan cerca.
El segundo muerto ha sido en la misma acera de mi casa. Mientras bullía de gente el mercadillo de los jueves un hombre ha debido de sufrir un ataque fulminante que no han podido resolver los sanitarios. Cuando he oído la tercera ambulancia me he asomado a la terraza y solo veía una cinta atada desde la pared de la iglesia hasta los árboles y una masa de gente quieta. Dadas las fechas en las que estamos pensé que era algo de tipo electoral, después ya me di cuenta del asunto.
Cuando, al rato, me he asomado otra vez ya estaba el trapo blanco sobre el cadáver del hombre del que solo os puedo contar que llevaba un cinturón hermoso, brillante a lo lejos, y que no era viejo. Ver a la policía sacarle las cosas que llevaba en el bolsillo y echarlas en una bolsa de plástico transparente ha sido un bofetón en mi cara. Ver a la forense darle vueltas en el suelo al muerto, recibir un esputo en los ojos. Observar cómo todos, al terminar, echaban sobre el cadáver tapado los guantes azules… ha sido ponerme a llorar.
El hombre muerto tenía los pies en la tierra del alcorque de un árbol y el resto del cuerpo en la acera. ¿No hay una manera más delicada de tratar a un ser humano que ha perdido la vida? ¿Qué coño miraba la forense en la espalda del muerto, señalándole Dios sabe qué a las chupatintas que la acompañaban?
Ese gesto de pedir ayuda a los de la funeraria para rodarlo y mirarle la espalda y luego incorporarse para soltarlo como una piltrafa, dejándolo boca abajo de medio lado con todo el peso sobre las manos de trapo, de marioneta destrozada, pilladas con el cuerpo… ha sido repugnante.
A las siete y media me he ido a misa. Era la única manera que tenía de decirle al hombre muerto… algo.
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3 comentarios to “La muerte, tan cerca…”

  1. Landahaluts Says:

    En esta sociedad no queremos ver nada que pueda perturbar nuestro ánimo. Y la muerte es una de esos elemontos que lo perturba. Así que procuramos tratarla de un modo aséptico, lejano… como si no existiera. Evitando asimilar algo tan natural como la vida… la muerte. A partir de ahí comenzamos a pensar que una persona muerta es sólo un cadáver, una especie de “resíduo orgánico” (dicho sea con todo el respeto) del que sólo se deben de ocupar aquellos que están encargados de eso. Y acabamos haciendo estupideces del tipo de las que usted cuenta.
    Triste, muy triste. Un semejante, aunque esté muerto, merece un respeto.
    Descanse en paz.
    Saludos.

  2. Carlos Says:

    Triste… :(

  3. el temido (por su bravura) Says:

    Asepsia profesional, lo llaman. Aunque a veces, dependiendo del funcionario de turno, se confunde con asepsia humana.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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