“Un soneto me manda hacer Violante…”

Y Violante, como es natural, soy yo mismo, que me fuerzo a no dejar de escribir aunque sea más por placer mío que por eco. Me distrae la música, disculpa un segundo, voy a pulsar la tecla que es como un cuadrado blanco sobre un fondo negro. Ya está: silencio, solo roto por el zumbido de los ventiladores del ordenador y algún acelerón de moto. El reproductor de los discos se apaga solo, no hay que preocuparse. Cuando lo enciendes dice “Hello” (¿qué será eso?) y cuando se apaga dice “Wait. Goodbye”, bendito sea Dios, qué confusión, qué lío. Como dijo Lope de Vega hace cuatro siglos: —Habla cristiano, perro conjurando con humor, como si estuviera poseído, a un mozo preñado de culteranismo, ese lenguaje retorcido y a cosa hecha incomprensible para una persona normal que no sabe Latín o Griego y que su conocimiento de la Mitología se reduce a tres o cuatro dioses y algún que otro héroe. Cuánto lamento haber leído tan poco.

Siento una admiración infinita por la tecnología. Esta máquina que me une a ti, lector-lectora, en segundos ha disimulado mi incultura y mala memoria facilitándome el ingenioso poema que alude a la dificultad de versificar siguiendo las reglas pero que el poeta consagrado supera con facilidad. Y al desplazar la página por el monitor me he encontrado algo que le hace a uno inclinar la cabeza con pudor y admiración ante la obra de arte. Fíjate, verás como me das la razón:

 Por qué la boca de Juana es rosa.

Tiraba rosas el Amor un día

desde una peña a un líquido arroyuelo,

que de un espino trasladó a su velo

en la sazón que Abril las producía.

Las rosas mansamente conducía

de risco en risco el agua al verde suelo

cuando Juana llegó y al puro hielo

puso los labios de la fuente fría.

Las rosas, entre perlas y cristales,

pegáronse a los labios, tan hermosas,

que afrentaban claveles y corales.

¡Oh pinturas del cielo milagrosas!

¿Quién vio jamás transformaciones tales:

beber cristales y volverse rosas?

Tengo que escribir un cuento y no tengo historia. Atado a lo primero que se me vino a la cabeza… doy palos de ciego. Me angustio. No veo más que un barco pesquero naufragado, un adolescente que se sube a él para ojearlo cuando las grúas los sacan del mar, momento en el que encuentra un Diario. Qué voy a poner, Dios mío, en ese libro de pastas enteladas. Ahora mismo debería estar imaginando algo, que el tiempo apremia. ¿El capitán del barco estuvo en Madrás? ¿Y si hubiera pocas páginas pero en una línea diera la clave de un tesoro escondido en la nave derrotada y tumbada en la arena?

¿Porqué Madrás? Yo qué sé, suena tan bien… el océano Índico siempre ha tenido tan buena cobertura de novelistas… Imagina recorrer el Mediterráneo hasta el fondo, llegar a esa ciudad que debe ser hermosa por cojones —disculpa pero no voy a borrar nada—: ¡Alejandría! Y pasar el Canal de Suez navegando entre dunas marrones mientras un camarero negro vestido con una chilaba blanca pone en una mesita baja el té caliente y las pastas dulces con almendras tostadas y dátiles de ámbar [la crítica más dura siempre viene de quien no es capaz de juntar dos palabras: alguien me dijo una vez que notaba mi torpeza de novel por la cantidad de adjetivos que usaba; qué estupidez, como si fueran bienes escasos; todavía podía haber puesto alguno más ¿verdad?]. Y recorrer el mar Rojo. Mmmmmm. (Eso era una onomatopeya de placer).

Pues, como en el soneto de Lope de Vega “contad si son catorce, y está hecho”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: