“¡¡Grecia, Grecia, Grecia!!” (grito sindical)

Desánimo, apatía, derrota… esa era la sensación que daban los manifestantes malagueños contra la reforma laboral del Gobierno. A mí me escama mucho esa regularidad maciza de banderas y la ausencia (o marginación) de las pancartas de manufactura propia, cutres y llenas de manchurrones pero sinceras y —sobre todo— gratuitas. Las banderas de CCOO y de UGT de esta mañana eran first class, con asta de plástico. Y la pancarta emblemática, de la que se agarran los cargos para salir en la tele y en los periódicos… era industrial, y eso vale un huevo y la mitad de otro. Hablamos de huevos de dinosaurio, claro está.

Poca gente, y muy ordenada. Eso canta la naturaleza de los asistentes: eran los liberados luchando por su liberación de trabajar. Resultaba grotesco ver a los turistas y transeúntes de la soleada mañana aproximarse a las aceras para ver aquella comitiva encabezada por una furgoneta de la Policía y un cortejo de motoristas uniformados mientras sonaba un arreglo de la maravillosa canción Resistiré del Dúo Dinámico que rimaba con reformadelpepé. Si no hubiera sido patético habría resultado cómico: aquello era como la procesión del domingo. Esta ciudad del paraíso (?) siempre tiene algo que procesionar.

La mayor parte de los autobuses urbanos pasan por la Alameda, justamente el sitio elegido para desarrollarse la manifestación, con lo cual ha habido un apagón en la movilidad de las personas más desfavorecidas casi total. Han cambiado los trayectos y los retrasos en las paradas se contaban no por minutos sino por medias horas. El tráfico de coches y taxis continuaba normal desviado por el Muelle de Heredia. No había irritación en las dieciocho personas que nos hemos juntado a las trece horas en una parada del Parque. Solo una estaba indignada (yo) y otra desesperada, un muchacho que he analizado con detalle. El joven ya esperaba cuando he llegado yo. Estaba malísimo. Tenía una gripe terrible: se destrozaba la nariz sonándose, tosía, se alejaba para ocultar los esputos que echaba al suelo, volvía, se cubría la cabeza con la capucha, se la quitaba a los dos minutos, cruzábamos la mirada al echarle un vistazo a la pantalla que avisa de la llegada del autobús. Casi una hora ha estado indicándonos que en cinco minutos estaba allí. El muchacho griposo tiraba sus pañuelos usados en una papelera, llevaba calzoncillos celestes —visibles cuando se ponía las manos en la cabeza— y la fiebre le hundía los ojos y le agrietaba los labios. En la mitad del periodo de espera la fila se ha llenado de parejas de ancianos y de mujeres que guardaban entre sí alguna relación, amistad o consanguinidad, bien calzadas de botas, risueñas y habladoras. El muchacho enfermo quería mirarlas, pero no podía. Y bajaba la cabeza humillado por los virus que no le dejaban disfrutar de nada de lo que le ofrecía la espléndida mañana.

A su lado, un manifestante que no volvería a cumplir setenta años, rubicundo, portaba su bandera bien liada sobre el asta de tal manera que parecía un picador escapado de la cercana Plaza de Toros.

Cuando por fin ha llegado el autobús he perdido la pista del griposo y me he centrado en el enjambre de mujeres que me han rodeado. Una de ellas no podía subirse al asiento y al ayudarle yo —“Qué vergüenza, qué vergüenza” decía ella porque era bastante joven— se ha generado una especie de simpatía que hemos terminado de tertulia. Los que íbamos mirando en el sentido de la marcha le ofrecíamos a los que iban a contrapelo cambiarse, suben dos viejos en avanzado estado de cansancio, y nos levantamos todos para que se sentaran. Las jóvenes, pues quedaba hueco, me dijeron que me sentara yo y les respondí que “Yo soy muy joven para que me cedan el asiento”, risa generalizada. A uno de los viejos le suena el móvil, lo detectan las mujeres y el pobre hombre ni se había enterado…

En resumen: hay gente profundamente buena y sencilla. Qué mala suerte tienen vivir en un país que no los protege ni los cuida.

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2 comentarios to ““¡¡Grecia, Grecia, Grecia!!” (grito sindical)”

  1. Landahaluts Says:

    Esos sindicatos sólo se representan a sí mismos y a los suyos, no representan a nadie más. No los ha echado a la calle los cinco millones de parados, de los que sólo se han “quejado” con la boca chica. En cambio ahora, les ha llegado la consigna de meter ruido y han elegido una soleada mañana de domingo para “sondear a sus bases”. Pues muy bien, a disfrutar del paseo.

    Españistán es “asín”.

  2. El temido (por su bravura). Says:

    Algo ha quedado claro. El uso del lenguaje masculino y femenino (miembros y miembras…), no ha sido idea de un político/a. Se le ha ocurrido a algún avispado fabricante de pancartas y banderas, ya que no es el mismo trozo “compañeros y compañeras trabajadores y trabajadoras”, que el ponerlo en masculino plural=neutro. A más trozo de tela, plástico o papel, más pintura, más colores y MÁS PRECIO.
    Son pequeñas reflexiones mías.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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