La bruja inquietante y la puta sonriente

He sopesado el empleo de ambas palabras y al final creo que lo mejor es asignarle a cada cual lo que creemos más ajustado a la persona. Sin mistificaciones. Tanto la bruja inquietante como la puta sonriente ambas son reales, mayores y diametralmente opuestas. Ambas, también, hablan entre sí cuando se ven por la calle y tienen cierta complicidad cuyo origen desconozco, quizás sea mera solidaridad entre marginales.

La bruja inquietante parece comanche, casi enana, nacida fea y conservada horrorosa, es una mendiga a la puerta de un edificio de clase media y cerca de un mercado. Mira como miran las brujas de Goya, esquinada y silenciosa (hay miradas rectas y clamorosas). Pone una banasta de tablillas con un plato y espera los céntimos que le caen. Yo nunca le he echado dinero e intento no rozarla ni cruzar la trayectoria de mi vista con la de ella. Hay una cierta espesura en el aire que la rodea. Es como un animal dañino en guardia. No mueve los corazones a la generosidad con ella.

La puta sonriente es dos metros de mujer que debió ser guapísima y todavía guarda materiales apreciables. Es agradable y cortés. Habla y se comporta de una manera pausada, como el que posee una educación superior adquirida por impregnación, del trato con alguien de la llamada clase alta. Viste como una puta loca. Se peina como una puta loca. Y entra en el bar —donde se juega y casi siempre solo hay hombres— con la soltura significativa de una puta loca. Cuando me la cruzo noto que ella baja la cara después de mirarme. Sin duda rebusca en su memoria y me pone una etiqueta, intuyo que equivocada. La puta es un barco por el mar de las aceras y las calles, se balancea, sabe andar y debe ser una mujer que en el pasado fue muy amada. Es un personaje de copla. Amar y copular son cosas distintas y a menudo se complementan. Esta mujer que es casi una torre peinada con horquillas a los lados como una niña, una minifalda vaquera y una blusita rosa sin mangas (un tasador no daría ni cinco euros por el total del vestuario y preseas) tiene la carne floja y la grasa mal distribuida pero sigue siendo atractiva e interesante; no es Willendorf, pero algo tiene de esa venus; y ya digo, quizás no esté muy bien de la cabeza pero se nota que es técnica en hombres, una antropóloga de primera división.

Dada la pesadez de la mayoría de los hombres asociada a su lamentable y tradicional falta de ingenio y teniendo en cuenta la afición que le he tomado a hablar con gente desconocida de los temas más dispares… no descarto que antes o después hable con la puta. Y si ella cae en la trampa de hablar conmigo derramará su historia sobre mí.

En cambio no me apetece nada aproximarme a la mendiga. Severa, grave, como una esfinge malvada, desde el escalón de mármol ve pasar la vida y quizás nos vaya echando maldiciones a diestro y siniestro como en el lema de la Editorial Larousse: Je sème à tout vent. Contenida, como el muelle comprimido de una pistola; seca, y quizás más inquietante que esa mierda de cuadro que el tal Pablo Ruíz —el maltratador de mujeres, el comunista multimillonario, el malagueño que no quiso a Málaga, el timador del Arte— pintó con el título de La Celestina y que todo esnobista considera con delectación una genialidad avant la lettre por ser del viejo verde ese… Viejo verde y desagradable e hipócrita.

La puta estilita lo habría rechazado y no habría entrado en su meublé.

Addenda

¿Y si fuera la bruja comanche la autora de algún conjuro contra mí, teniendo en cuenta la mala uva que tengo?

El otro día alguien me recomendó que desde el mismo 4 de octubre, martes, día a día, quemara cinco velas verdes y tirara los restos al mar cuando finalizara el asunto.

¿Podría alguien recordármelo? Gracias.

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2 comentarios to “La bruja inquietante y la puta sonriente”

  1. landahlauts Says:

    Quizás la puta sonriete sea más práctica y tenga en cuenta aquello de que “pecunia non olet”….

    La addenda… ¿es que quiere usted dejarnos ciegos? he tenido que seleccionar con el ratón el texto para poder leerlo… Y, para colmo, leo no se qué patrochada sobre la magia negra a la que parece que se ha aficionado…. ¡¡qué cosas!!!

    Hable usted con la puta, hombre. Y cuéntenos… que estamos deseando de saber.

    Saludos.

  2. El temido (por su bravura) Says:

    Menos mal que ya no existe la Inquisición, porque entre putas y brujas le hubieran asignado al autor una bonita vestimenta con capirote, hasta el momento que fuera calentado para el resto de los invierno. Landahlauts tiene razón: vaya forma de escribir el addenda. Hable con quien quiera, que de las dos se podrán sacar cosas buenas (y malas).
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

    PD. Han arreglado lo de las ventanitas de Guest…. Ya no molestan al escribir. ¡Ah! Quizá por eso eligió tipo de letra y color para el addenda.

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