Dedicado a Miguel, que me lee pero no me critica. Enhorabuena por la ITV del corazón.

No sé utilizar bien ninguna herramienta por simple que sea. Me desesperan los trabajos manuales a los que me veo obligado porque sé que, aunque me rodee de buenos materiales, todo lo hago mal y chapuceramente. Un destornillador en mis manos o una llave inglesa es una frustración, un asco.

Pero eso siento un interés, una afición extraordinaria hacia las máquinas y los oficios clásicos: desde albañil a pintor, pasando por electricista o mecánico de coches. Y un larguísimo etcétera.

Cuando era chico, me encantaba ver a mi madre coser en esta máquina que tienes ante los ojos. Aquel cacharro coronado por la misteriosa palabra SINGER, lleno de dispositivos peligrosos, tornillos y piezas divertidas —como el pedal— se desarrollaba y engrandecía por dos caminos; uno, ver la habilidad de mi madre manejando aquellos pedazos de tela que poco a poco se iban convirtiendo en cosas útiles: ya un vestido, ya una funda de almohada, que sé yo… Y por otro lado la admiración hacia el carpintero que basándose en un dibujo que le hizo ella (ahora dirían diseño) le fabricó un mueble de excelente madera, con bisagras y pestillos dorados y tal cantidad de detalles interesantes que constituía un mundo fabuloso para mí.

A veces me quedaba hipnotizado con la esfinge que decoraba la máquina de coser hecha en Inglaterra; le miraba las uñitas de las pezuñas, las alas, la cola bellamente medio enroscada para que luciera más, todo… Pero aquella contemplación me sumía en un mar de dudas, porque aquel bicho fabuloso, dorado y negro, tenía cara de tío ¡pero también tenía tetitas de mujer! Qué conflicto. Ahora, con el paso del tiempo, estoy seguro de que algún observador de aquellas escenas familiares de madre-cosiendo-e-hijo-mirando-fijamente no eran interpretadas de un modo correcto: jamás quise ser ni Dolce, ni Gabbana, ni Luchino ni Vitorio. Yo realmente por quién me interesaba era por Thomas Alba Edison. Y por esa aguja temible que bajaba y subía a una velocidad de vértigo, siempre temiendo que pudiera pincharle las manos a la única persona que manejaba a la perfección aquella terrible máquina. Era una expectación responsable de un hijo con su madre en peligro y la satisfacción de ver que nunca pasaba ni pasaría nada malo.

En los cajones del lado izquierdo había mil y una maravillas, botones para jugar —pasándolos por un hilo y al hacerlos girar parecían las generatrices de los cuerpos de revolución—, carretes de madera (que luego, si era bueno, me daban al acabarse el hilo) con una misteriosa etiqueta de papel que se perforaba al insertarlos en la barrita de la máquina suministradora de hilo, etiqueta en la que ponía HILATURAS FABRA & COATS, palabras que me dejaban sobrecogido entonces y ahora cabreado al leer esto: “La Compañía Anónima Hilaturas de Fabra y Coats fou fundada el 1903, fruit de la fusió de la Sociedad Anónima Sucesora de Fabra y Portabella amb el grup britànic J&P Coats Ltd, convertint-se en la primera inversió estrangera en l’economia industrial catalana” [Fuente: Viquipèdia, L’enciclopèdia lliure].Obsérvese el detalle: salvo error u omisión en 1903 ni Franco ni el PP habían comenzado su terrible represión contra esa gran Nación —Catalunya— y ese gran Idioma —català—, entonces ¿porqué puñeta constituyeron tan importante sociedad mercantil con nombre español? Quizás porque entonces, hace más de un siglo, no eran ni miserables ni aldeanos como lo son ahora.

A la derecha del mueble había un armarito con un armazón de tablillas que formaban huecos cúbicos para poner las cosas propias de coser; pocas cosas me han entretenido más que esa cuadrícula que se parece a un Sistema de Ejes Coordenados Cartesianos en tres dimensiones. Todo, al cerrarlo, se quedaba como una estructura sólida, similar a un aparador, que sigue siendo hermosa y práctica a mis ojos. Sobre la máquina de coser, en el lado izquierdo, pusimos el primer teléfono que tuvimos (objeto de veneración) y encima estaba la foto de mi abuela en un portarretratos de bronce que hoy, maravillosamente lustroso, tiene la foto de mi madre.

Anuncios

Una respuesta to “Dedicado a Miguel, que me lee pero no me critica. Enhorabuena por la ITV del corazón.”

  1. landahlauts Says:

    Impresionante realmente. Tanto la máquina… con esos detalles impensables hoy en día como el mueble.

    E impresionante también el giro protagonizado por usted para repartir gratuítamente “pa amb tomaca” al pueblo Català…
    Algún día le mandaré una foto que le hará clavarse las uñas en las palmas de las manos….

    Enhorabuena a Miguel, de corazón. Y para usted: que tingui molt bona nit, amic meu. Bona nit.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: