“Gira, il mondo gira nello spazio senza fine”

A mí no me gusta el cine ya. Hubo un tiempo en que sí. Ahora las películas españolas son propaganda política filmada repleta de un revanchismo estúpido de quienes creen poder darle a la manivela de la Historia al revés; por supuesto, a cada vuelta del manubrio le acompaña una blasfemia y una procacidad verbal, síntomas inequívocos de impotencia artística y criptorquidia profesional. Tampoco me gusta el cine norteamericano —¿acaso hay otro?— por sus excesos en efectos especiales conseguidos a golpe de ordenador y ese ruido insufrible que pretende opacar (es la primera vez que uso este verbo) la falta de calidad del guión y la mediocridad de los actores.

Llega a mi ordenador una foto* de la libretilla donde se anotaban las películas que se proyectaban en el teatro-cine Isabel La Católica de Granada siendo yo muy niño, y un año antes de venirme a Málaga más concretamente. Para hablar con propiedad, ese registro de proyecciones aviva una cruda polémica que mantengo conmigo mismo: yo no recuerdo haber ido a ese cine nunca, pero a los demás sí. Incluso llegué a pensar que había estado cerrado, sufriendo reformas o que había sido pasto de las llamas en algún incendio del celuloide, tan combustible él. De eso, nada. Quizás algún día recuerde algo al respecto. Con la ayuda del vecino mató mi padre un cochino (no es muy adecuado, pero resulta aleccionador).

Mirando el listado de las proyecciones llegué al final y me encontré esa joya de dato que hoy parece inverosímil, increíble: “Octubre — 9 — Cerrado (por) duelo Papa Pío XII”. Efectivamente, el día 9 de octubre de 1958 moría Eugenio Paccelli en Castel Gandolfo. Y recuerdo con claridad haber visto (sería al día siguiente) su foto oficial reproducida a gran tamaño en el periódico estando yo tomado en brazos o muy próximo a mi padre. Según la fuente, se suspendió el cine y me imagino que habría gorigori en las iglesias, se hablaría bajo por la calle, la radio emitiría solo música sacra y las criaturas de entonces estarían con el corazón encogido.

El Papa Pío XII es muy amigo mío. Realmente ahora mismo me está viendo escribir. Su postura recogida y orante no le impide mirarme de reojo: siempre está ahí, a mi lado. Pero hoy está un poco… como avergonzado. Les cuento. Guardo la Bendición Apostólica (un pergamino pequeño, precioso, muy corriente en las casas por aquel entonces) que alguien le encargó (¿compró?) a mis padres en Roma con unas Indulgencias y lo que todos creímos siempre que era la firma autógrafa, auténtica e indiscutible, del papa. Qué va. La terrible cantidad de información de la que disponemos gracias a Internet me desengaña pues, como es fácil de comprobar, la rúbrica al pie del pergamino se parece a la firma del papa tanto como un huevo a una castaña, es decir: nada. Pero yo perdono ese engaño al Papa que veía en el NO-DO, escuálido, serio, majestuoso en su silla gestatoria desde la que daba la bendición con un arte que, seguramente, imitó la hereje Isabel II Windsor (que Dios te guarde, siempre serás mi reina). A este papa le pilló la II Guerra Mundial —accedió al pontificado en 1939— y hubo polémica, para variar, sobre su comportamiento al respecto. Hay dos hechos incontestables: que escribió un documento renunciando al trono de San Pedro si era hecho prisionero por Hitler y que fue el inspirador de la encíclica Mit brennender Sorge** (1937) de su antecesor, texto prohibido por los nazis en Alemania y que hubo de ser leída clandestinamente. Siento un enorme respeto por Pio XII y me hace mucha compañía. Con cierta frecuencia leo el pergamino (¡venga dejemos ya lo de la firma!) y me emociona el texto.

Este papa murió, como hemos dicho, el día 9 de octubre de 1958. No hubo cine. Mi pergamino está fechado en el Vaticano el 25 de septiembre de 1958: quizás fue de los últimos que se realizaron en ese pontificado.

→ Notas y una notita

(*) Me la envía el señor Landahlauts, siempre tan amable a pesar de su origen germánico o austro húngaro porque con ese apellido… Me lo imagino como al káiser Guillermo, con bigote y casco.

(**) “Nos, estamos con un moskeo ke te kagas”, traducción libre del blogmaster.

(*************) No hagan polémica con la jarra de la JMJ y la patriótica. Y menos con la foca inflable.

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Una respuesta to ““Gira, il mondo gira nello spazio senza fine””

  1. landahlauts Says:

    No se preocupe porque la firma no fuera la del Santo Padre. Estamos, sin duda, ante un claro caso de delegación de firma, esto es… la traslación por órgano superior a otro de inferior del ejercicio de una potestad o competencia, manteniendo siempre el delegante la titularidad de la misma.

    La efectividad y validez de esa firma es idéntica ya sea firmada por el delegante o por el delegado. No obstante, guarde bien el documento, por su tuviera que adoptar alguna medida (llegado el momento de su ejecución) por algún tipo de incumplimento.

    El Teatro Isabel la Católica llevaba por aquel entonces 6 años abierto, desde su inauguración en 1952 permaneciendo abierto ininterrumpidamente hasta el 20 de Julio de 1992 en que, habiendo pasado a propiedad municipal, fue clausurado para su reforma.

    Revise bien sus recuerdos… seguro que alguna vez estuvo allí. A no ser que fuera un niño travieso al que siempre castigaban sin ir al cine…

    Un saludo

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