Come para vivir (viejo adagio)

No es costumbre de este blogmaster descender a dar contestación al pueblo llano… Pero esta vez se imponía aclarar las cosas. Lleva razón el comunicante Landahlauts, pero solo un poquito: ha podido sonar parcial mi crítica carnicera pero no hay cadencia tendenciosa alguna en que me haya revuelto el estómago lo del sistema halal del tajo en el cuello con/sin porrazo en la cabeza ya que siento el mismo pavor viendo o imaginando lo que él refiere de nuestros mataderos; y añado que, desde chico, no podía ver matar a un conejo (trastazo en la nuca, cortes adecuados, despellejamiento, evisceración, cuarteado, lavado y demás), aves de corral (y su goteo de sangre) y no digamos ese espectáculo dantesco que es matar en una casa un cerdo y actos colaterales (recuerdo los brazos de las mujeres moviendo la sangre en los lebrillos y se me ponen flojas las piernas). No tengo aguante para ese tipo de cosas, por lo tanto aclarado queda: todos esos sacrificios, todos, me ponen malo y los detesto aunque uno comprenda que forman parte de la vida diaria.

Me como lo que haya, pero es verdad que con el paso del tiempo he ido distanciándome de los carnívoros para aterrizar en una simpatía enorme por las frutas y verduras (no me costaría nada ser vegetariano), pescado, pasta y huevos. Soy una persona muy sencilla y rápida para las comidas; no disfruto comiendo fuera aunque me encanta ver comer, beber y fumar a los demás. Quizás, para mí, el almuerzo más rico que puede tomar un ser humano es el honorable plato de patatas fritas y un huevo, con buen pan. Nada se está hablando de lo dulce, que es la excepción que confirma la regla. Yo por una pastelería buena, mato.

El mismo dolor moral me produjeron los vídeos que vi sobre la fabricación del foie gras en Francia. En muchas zonas de los Estados Unidos está prohibido no solo fabricarlo sino venderlo, yo se lo voy a pedir a Rajoy cuando sea presidente de su corrala. Tanta degradación en el trato con los animales es aberrante. Y tendría un pasar si el martirio de las ocas fuera para conseguir una medicina. No hay perdón, pues, para el Périgord: casi 20.000 toneladas producidas a un precio medio de 10 € los 100 gramos es obsceno tratándose de un alimento absolutamente prescindible cuyo consumo está creciendo de manera alarmante sin afectarle al comprador el sufrimiento de estos animales; quizás la foquita blanca les dé más pena.

Fui de excursión científica, junto con doscientos compañeros más y todo el Seminario de Estructura Económica, a la refinería de Algeciras. El Dr. Tamames, mi catedrático a la sazón, encabezaba el convoy desde un hermoso VW Escarabajo de un alumno rico. Cuando regresamos, la comida era en un bar de carretera. A mí se me cayó el alma a los pies cuando, delante del plato de potaje de habichuelas pintas comprobé con los demás que la cuchara se quedaba de pie, hincada como un pino, en aquel engrudo gelatinoso. Apliqué lo no leído sobre el sentimiento trágico de la vida y me dispuse a pasar un día de ayuno. Entonces, cuando todo estaba negro, muy negro, apareció la cocinera (que parecía un dibujo de Gustave Doré) dando voces hacia el ventanuco por donde llegaban los platos al salón: —¡Las papas! Que a los señoritos no les ha gustado el primer plato.— dijo la pobre mujer.

La paz reinó en nuestras almas cuando empezaron a llegar fuentes y más fuentes de doradas, rubias, crujientes y fragantes patatas fritas cortadas a mano y fuentes y más fuentes llenas de huevos fritos festoneados de su encaje marroncillo. Así le tengo esa simpatía a la zona… que si uno pudiera, gibraltareño que me nacionalizaba.

Ofrezco MIL euros a quién me diga dónde está este cuadro de Moreno Carbonero. Maravilloso pintor, genio, aunque solo fuera por este lienzo de Sanco Panza en Barataria.

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Una respuesta to “Come para vivir (viejo adagio)”

  1. landahlauts Says:

    En primer lugar quisiera agradecerle, de corazón y con todos los respetos, que se haya dignado bajar al lodo a aclararme el malentendido. Dice mucho de usted y de su talante abierto y campechano (digno de reales ejemplos).

    Ciñéndonos al libro del Génesis, dijo Dios, al Principio: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el suelo.» Sepa usted que fue el mismísimo Dios quien nos dió la capacidad para decidir sobre los animaluchos de menor enjundia. Sobre su vida y su muerte, a nuestro antojo.

    !Cuánto daño han hecho las películas de Walt Disney mostrándonos unos animales humanizados que hablan y muestran sentimientos! Los animales no hablan, no tienen sentimientos, y carecen de alma: están en la Tierra para nuestro uso y disfrute.

    Esa vaca que se dirige narcotizada hacia su final, en forma de perno prisionero disparado a presión, no está sino cumpliendo la voluntad y el designio divino. Y, en el fondo, es feliz por ello.

    Sea práctico y piense también que, mientras que para un plato de boquerones fritos han tenido que morir treinta o cuarenta individuos, para un filete de jugosa ternera argentina ha muerto sólo uno que, además… alimentará a muchos como usted. Coma carne, pues… y pescado…. y beba vino.

    Con mesura, claro.

    Un abrazo.

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