Vivat Academia, vivant professores.

Tirar o no tirar, esa es la cuestión. Lo malo es cuando deciden los demás. Soy conservador (conservacionista) de todo lo que sea cajas, recuerdos, y en general de las cosas más inútiles que puedan pensarse. Es cierto que hay marcas comerciales (Apple, Issey Miyake, Tiffany’s & Co. por ejemplo) cuyos envoltorios y envases son auténticas obras de arte, pero guardar durante años la caja de cartón del ventilador o de los náuticos pijos creo que es enfermizo.

Del único abuelo que pude conocer conservamos en la casa unos diccionarios ilustrados con láminas intercaladas que eran un primor. Yo pasaba horas mirándolos. Muchas aficiones del hoy me vienen de ese ayer. Buscando, mirando, me he topado con dos cuadros que representan a Richelieu: el de Philippe de Champaigne y el de Henri-Paul Motte. Ambos me fascinaban, el primero por el contundente y hermoso joyel de perlas que le cuelga en el pecho y también por la original disposición del modelo en triple retrato, idea que debió causar furor en su momento. Impone el pelo y la indumentaria del cardenal, y ese contraste de masas de color tan dramático, frío y espléndido en su academicismo. Hace días un articulista de ese periodicucho que fue mi periódico durante veinte años —El Mundo— criticaba el hiperrealismo de Antonio López y alababa ¿adivinan a quién? Claro, a un tal Pablo Ruíz. Esos comentarios más parecen consecuencia de un atracón de absenta o de psoestramonio. Parodiando la fonética del repulsivo Hugo Chávez diría: ¡Amortícese! Cuando la zorra no pudo conseguir las uvas dijo que estaban verdes (Esopo). Qué cansado debe ser escribir siempre al dictado.

El segundo cuadro sitúa al personaje en la recreación del sitio de La Rochelle. Esa empalizada, ese océano verdoso, ese manto, esas botas, esos religiosos comentando los acontecimientos, esas llamas, esos barcos terribles… Se non è vero, è ben trovato. Como en los cuadros de Francisco Pradilla (1848-1921), es imposible que la realidad contradijera sus trazos.

Una duda: Con esa ventolera y ese follón de balas y de espumarajos de las olas ¿Cómo conseguiría Richelieu sujetarse el solideo?

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2 comentarios to “Vivat Academia, vivant professores.”

  1. landahlauts Says:

    Cuentan las crónicas que, una vez muerto Richelieu, corrió por París este epitafio que, por supuesto, nadie fue capaz de colocar en su tumba:
    «Aquí yace un famoso cardenal que hizo mucho bien y mucho mal; pero el bien lo hizo siempre mal y el mal lo hizo siempre bien.»

    Así que, probablemente, al Cardenal le sujetaba el solideo el mismísimo diablo.

    “Se no è vero…”

    Saludos.

  2. el temido (por su bravura) Says:

    Él mismo era el diablo, aunque hay que reconocerle el empaque político y el figurín que le han pintado en el segundo cuadro, que ya quisieran algunos. Por supuesto, el solideo se lo sujetaba con los cuernos (sin ánimo de ofender). Por lo enemigo que fue de la Pérfida Albión, mis respetos.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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