Al final de la Feria…

LO MIO

—Bueno, pues ya hasta el sábado —dijo la cajera del supermercado el jueves por la mañana a la clienta, dándole las moneditas miserables que constituían el cambio (qué sorprendente palabra).

—Oye, pero ¿Qué fiesta es mañana?

La empleada balbució dos o tres hitos del Santoral, los primeros que se le vinieron a la boca, sin mucho convencimiento y por responderle con agrado mientras miraba de reojo cómo crecía mientras tanto la cola llena de multicolores compras que alegrarían los bolsillos del patrono vasco (o valenciano, pero de aquí… no).

El malagueño es así. Dedica un callejón infecto al gran Jorge Juan donde la talla de las ratas que se refocilan en la mierda sobrepasa lo imaginable… pone una calle a Ortega y Gasset (aburridos hermanos que todo el mundo celebra pero que nadie ha leído ni sabe exactamente a qué se dedicaron fueraparte de flotar como los corchos y girar como las veletas) o a Albert Camus (¿quién carajo sería el tío este?) o al eximio Antonio Banderas (qué asco me produce este hombre) pero no existe una vía pública que se llame Reyes Católicos (o Isabel y Fernando para contentar a los que siguen anclados en una versión romántica de la Historia, tan estanca como la de Pemán).

Málaga deja que decapiten la memoria de muchos pintores fabulosos que se acogieron casi a sagrado aquí —José Moreno Carbonero, por ejemplo— y encumbran por el contrario a un tal Pablo Ruiz, pintamonas rencoroso que amó la vertiente comunista del dinero —todo un descubrimiento ético—, el maltrato brutal a las mujeres y todo lo que no le recordara a Málaga (España). Un dije, vaya.

El malagueño no sabe quién fue Martín Carpena y cómo murió (no existe un porqué) el 15 de julio de 2000. A los pocos días de su asesinato —el once de agosto creo— el balcón del Ayuntamiento recibía al pregonero, pregonera, madre del pregonero, tata del pregonero, descendencia del pregonero et alia para iniciar la feria, insensibles a lo que había pasado. Abajo, como ovejas, los y las tricoteuses estabulados por vallas metálicas aguantaban los empujones de la policía para ver con arrobo la llegada de la tribu Griffith. Todo aplauso, todo focos, todo tremendo. Tengo el vídeo y me avergüenzo del género humano cada vez que lo reviso.

Juzgue el lector y la lectora la pringue repugnante que destila el léxico semanasantero a la hora de juzgar los acontecimientos. Yo, qué quieren que les diga, jamás he sentido que Málaga oliera globalmente a incienso y azahar. Hombre (o mujer) si mete usted la cabeza en un naranjo florido del patio de la Catedral mientras entronizan algún paso (ceremonia tan patética como postiza, solo equiparable a las primeras comuniones y a las bodas con coro rociero) pues quizás que huelan ambas cosas ¿no?

El malagueño es así. No sabe porqué un día es festivo en su tierra. Pero si se lo quieres explicar, bosteza. O te insulta. O te agrede. O te escupe. O te pide dinero para comer (sic) con dos medias barras de viena con chorizo en la mano, como me ha pasado esta mañana a mí en la calle Granada, a las mismas puertas de la iglesia del Señor Santiago…

No me resisto a ofrecerles un texto de belleza inigualable: el pregón vexilológico (¡uy, lo admite Word, qué listo soy!). Vaya, el pregón citado del pluscuamperfecto personaje, Antonio Banderas. El marcado en rojo es mío. Está sin documentar que la ortografía sea la original del omnipresente caballero al que seguramente le costeamos varias veces al año los vuelos Los Ángeles-Nueva York-Madrid (quizás coja el tren hasta Málaga). Termino ya, observen que tanto tiempo después los norteamericanos no han modificado los topónimos españoles, los pronuncien como los pronuncien; qué gran lección de Memoria Histórica. Incluyo a continuación un descubrimiento: ¡Málaga ya era franquista desde el siglo diecinueve! (si no se lo creen, miren los escudos).

LO DEL EXIMIO

Malagueños!!! Malagueñas!!!! El Ayuntamiento de Málaga en la persona de su Alcalde, el señor D. Francisco de la Torre, me hizo hace tan sólo un par de semanas una proposición que yo no podía, ni quería rechazar. “Se trata” me dijo “de que te dirijas a tus paisanos a través del pregón de la feria y les hables del significado de estas fiestas, y muy importante”, recalcó, “quiero que lo hagas desde tu corazón”. Bien señor Alcalde, como acordamos, aquí estamos, dispuesto, como también se que usted lo está, a comunicarnos con nuestra gente, a fundirnos en un abrazo con todo el pueblo de Málaga, que una vez más se reúne esta noche mágica alrededor de su Ayuntamiento. Y no le quepa a usted la menor duda de que hablaré desde mi corazón, no podía ser de otra manera, no lo sé hacer de otra manera. Por lo tanto, que nadie espere alardes literarios, ni ripios floreados, ni retorcidas retóricas. Yo soy hijo del pueblo y como tal me expresaré. Así que ya con el corazón en las manos, les diré que me he subido a este balcón para hablar de mi tema favorito, ésto es, de mi tierra, de la Málaga de mi alma. Y como pregonero, pregonar a los cuatro vientos lo que estoy seguro es sentimiento común de todos los malagueños, el amor y el cariño por nuestra feria de agosto. En la papelera de mi casa han terminado muchos pregones fracasados por tratar de ordenar mis sentimientos. Se enfrenta uno con un problema parecido al enamorado que no encuentra palabras para expresar todo lo que siente a la persona amada. Si me liberara de ese problema, mi pregón entonces sería muy corto y muy fácil, bastarían tres palabras, dichas en alta y clara voz. ¡¡¡ Málaga te quiero!!!. Así de simple. Como una declaración de amor. Pero como a un servidor de ustedes le gusta complicarse la vida, les diré más cosas, algunas de ellas obligadas. Por ejemplo, lo que celebramos hoy es el comienzo de la última feria del siglo XX. Cien años y casi cien ferias, que han ido abriéndose paso a través de la historia de nuestro país y de nuestra tierra. Este camino de celebraciones, ha estado insertado entre páginas brillantes y oscuras de nuestro deambular como pueblo. Nuestra feria, como otras ha pasado etapas de lucha por sacar la cabeza de entre dificultades y ofrecerle a su gente el respiro que da la diversión colectiva. La feria ha sido, a veces, un bálsamo durante este siglo XX, duro y maravilloso, que ya se nos está muriendo. Y aunque no sea esta función terapéutica su principal virtud, hay que reconocérsela. La feria sobrepone la risa al llanto, y a veces ha sido pañuelo en el que todos nos hemos secado las lágrimas. Hay también que recordar a una serie de paisanos nuestros que probablemente en algún momento de sus vidas se pasearon o intervinieron directa o indirectamente durante este siglo, en las celebraciones de nuestra ciudad. Nos podríamos imaginar a Rafael Flores Nieto, para todos “el Piyayo” cortando el aire con sus cantes, de la misma manera que lo hacía Antonio Ortega Escalona, conocido como Juan Breva o Antonio Molina o a Miguel de Molina o a Pepa Flores. O a hombres de las letras como Alfonso Canales, Souvirón, Llovet, Pérez Estrada, o al, también pregonero y gran periodista Manuel Alcántara, o más recientemente a Antonio Soler, todos ellos caminando por una Málaga en fiestas y seguramente encontrando inspiración en esa explosión de colores, sabores, olores y emociones indescifrables; o a toreros que añadían estampas antiguas a las cada vez más modernas ferias, como Antonio Ordóñez, Miguel Márquez o Javier Conde. O a malagueños que trabajaron por la cultura de nuestra ciudad como Juan Temboury, a pintores como Moreno Carbonero, Brickman, Montiel, Chicano, o a deportistas como Juan Gómez “Juanito”, o a Fernando Hierro. Tantos y tantos paisanos que seguro que guardaron un pedazo de feria en sus memorias. Hay que decir también que hubiera sido precioso ver pasear por la feria de Málaga a el según muchos, mejor y más grande artista del siglo XX. ¡¡¡Sí!!! Hubiera sido muy bonito verte en la Málaga que te vió nacer con el nombre de Pablo Ruíz Picasso. A veces me gusta soñar con que Picasso nos echaba de menos de vez en cuando, y que pensaba con cariño en una feria de Málaga de la que quizás oyó hablar o que recordaba de sus años de infancia. ¡¡¡Que lástima no haber tenido tiempo para que Málaga y Picasso se reconociesen de nuevo en un abrazo de hermano!!!. Por eso el cartel de feria de este año hace justicia a muchos años de separación. Sería muy difícil poder nombrar a todos los que de una manera u otra han formado parte de la historia de nuestra ciudad en este siglo XX, éstos y muchos otros han representado o han reflejado el carácter singular de nuestra Málaga. ¿Y cómo somos los malagueños? Cabría preguntarse. Bien, los malagueños somos un pueblo hecho de retazos de culturas milenarias, a nuestras playas llegaron: fenicios, cartagineses, griegos, romanos, árabes; y todos dejaron detrás huellas no sólo marcadas en las ruinas que poco a poco han ido saliendo a la luz, sus huellas también están en nuestros genes, en nuestra sangre y seguro que en todas esas piezas que van determinando nuestro carácter como pueblo, como un pueblo que ha sabido mezclarse sin complejos, y que sigue haciendo sin ningún miedo, sin temores a que se produzca una pérdida de identidad; todo lo contrario; ese abanico de colores culturales, de sentires diferentes, esa mezcla fraguada durante siglos ha determinado las fronteras de nuestro pueblo. Después los malagueños, hemos ido descubriendo poco a poco que nuestras fronteras no tienen fin, allí donde esté un malagueño es donde comienza y termina nuestra tierra. También quiero decir algo para áquellos que visitan nuestra ciudad en estos días. Aquí a Málaga todos los que vengan de buena fe serán siempre bien recibidos. No importa si vienen de Galicia, de Madrid, del País Vasco, de Marruecos, de Francia, o de la China. Si sienten la tierra y la quieren bien, ya está, ya son malagueños, sin firmar papeles, y sin protocolos administrativos. Málaga es una ciudad abierta para todos, siempre lo fue y siempre lo será. Esa es nuestra grandeza. Éso es lo que hace de esta nuestra Andalucía y de nuestra Málaga un sitio especial, distinto y siempre amigo. La feria de Málaga no es sólo para los malagueños, no es excluyente vamos, es para todos. Éso es lo que ofrecemos. Málaga en sus fiestas se ofrece a sí misma. Porque… paisanos, no son los monumentos, o las grandes avenidas, ni siquiera los tópicos del sol y la playa, no, no, no… nuestra torre Eifel, nuestra Estatua de la Libertad, son ustedes, el pueblo que vive y trabaja cada día. Un pueblo en pie, en defensa de la alegría. Ésa es la clave. La alegría. Alegría de existir, de ser, de representar y de compartir lo que tenemos. Éso es lo que le da sentido a nuestras vidas, a las vidas de un pueblo que ya se dispone a divertirse. Lo que le da una razón de ser al pueblo al que me siento más que orgulloso de pertenecer. Paisanos, en estos días, en estas horas, ya, que se avecinan. Nuestros sentidos se verán asaltados. Colores de trajes típicos, mezclados con las luces del Real, flores en el pelo, ojos rajados de mujeres malagueñas. Oiremos nuestras músicas, y degustaremos nuestros platos a base de “pescaíto” o, “el ajo blanco” y los compartiremos, y nos veremos por las mañanas en las calles de Málaga, y entre Cartojal y Cartojal, la gente reirá, y se oirán comentarios agudos mezclados con chistes verdes y con piropos, y nos miraremos los unos a los otros, y nos reconoceremos, y nos daremos una sobredosis de identidad, y nos volveremos a mirar y descubriremos en nuestras caras y en nuestros ojos más sonrisas de lo habitual, sí paisanos, estaremos viviendo la feria. Pero también malagueños, buscaremos con los ojos del corazón y nos daremos cuenta de que nos falta alguien. José María Martín Carpena no vendrá a la feria. A José María lo echaremos de menos este año y siempre, y a José María esta noche le decimos que la voz de la tolerancia y de la paz, principios que él siempre defendió, se han insertado más aún en nuestra conciencia colectiva. Le diremos también, que Málaga es el nido desde donde surge el ave fénix de nuestras esperanzas, que superaremos el trauma dejado por su desaparición prematura, que dentro de un momento, cuando los fuegos artificiales surquen el cielo nos acordaremos de él, y soñaremos con la ciudad en paz y alegre por la que él vivió y por la que trabajó, y su sueño será común a todos los que aquí nos reunimos, y nos iremos a la feria y seguiremos viviendo, y su recuerdo nos dará fuerza para reafirmarnos aún más en lo que somos. ¡¡¡¡ No!!!!, José María, no fue inútil. En esta feria seremos más malagueños que nunca. Y lo haremos por tí paisano. ¡¡¡¡¡ Malagueños!!!!! Yo os pido disculpas porque ésto no es probablemente un pregón sino que es más bien un borbotón atropellado de emociones concentradas dicho por un hijo de Málaga que nació en un día de feria hace ahora cuarenta años; cuando Pinito del Oro nos enseñaba desde un trapecio que la vida es una pirueta sin red. Éstas son las palabras de un hombre que siente con fuerza la llamada de la tierra y que busca desesperadamente reencontrarse con su gente. Un hombre que echa de menos la hospitalidad, el calor, la vida, y la generosidad de este ciudad; y que ha aprendido con los años que un hombre sin raíces no es nada, y yo esta noche siento mis raíces. Esta noche sé que Málaga es la primera en el peligro de la libertad. ¡¡¡Paisanos!!! La gran fiesta, la magia, el sueño, la noche y el día, la luz, la vida; siempre la vida y la alegría ya están aquí, ya rozan la bahía y la estatua del Cenachero, ya besan la Alcazaba y se convierten en brisa desde Gibralfaro. ¡¡¡¡La feria del 2000 va a comenzar!!!!. Señor Alcalde, se lo prometí, lo hice desde el corazón. Señor Alcalde, gracias por traerme aquí y ponerme frente por frente con mi pueblo, gracias por darme la oportunidad de verme reflejado en ellos. ¡¡¡¡ Malagueños griten conmigo!!!!. ¡¡¡ Viva la feria de Málaga!!! ¡¡¡¡ Viva Málaga !!!! ¡¡¡ Viva la vida !!! ¡¡¡ Que la malagueña Virgen de la Victoria les bendiga a todos !!! He dicho.

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