¿Qué es peor un neonazi o un facha?

Desde siempre me ha irritado el fútbol por su contexto de sectarismo y prepotencia física basado en algo tan estúpido como es darle patadas a una pelota. Estoy dispuesto a admitir todos los efectos beneficiosos de los deportes, que son muchos, para casi todas las edades y situaciones, especialmente le sienta bien a los más jóvenes que se parten los huesos en los patios de las escuelas y en los llanos de un derribo. Lo que me parece repugnante, asqueroso, es que haya gente que vea perfectamente normal que un futbolista profesional gane fortunas desproporcionadas. Eso es ser cabrón y poner la cama con sábanas de seda. La sociedad española está podrida y huele que apesta.

Una vez oí a algún famoso del balompié decir “¡Si hasta le regalamos una camiseta sudada!”. Ese fetichismo equivalía a decir “¿Qué podía pedir más en la vida?”. Es una ofensa a la inteligencia esa adoración y ese gregarismo que solo puede ser calificado de neonazi. Estoy convencido de que la maligna semilla hitleriana antes que morir quemada en el Führerbunker sobrevivió al cianuro, a la Walther PPK, al conflicto bélico y al Juicio de Núremberg. Y se reencarnó, reinando en los estadios. No miento: le oí decir en el recreo, rodeado de muchachos quinceañeros como él mismo y yo, en los primeros años de la década de los 60 —es muy importante el matiz de la época— esto: “A mí no me importaría que me diera por culo Amancio”. Entiéndaseme… en aquel tiempo, como diría el redactor bíblico, no había homosexualidad pues había desaparecido por decreto.

Que un muchacho de pueblo (tenía un diente partido y era de los mejores del colegio, masculino, delgado, con unas notas excelentes, interno, disfrutaría de una beca seguramente, quería estudiar Medicina) comiéndose un bocadillo y dos quesitos de El Caserío (a mí me daba mucha envidia porque en mi casa no se usaba) dijera eso ante aquellas fieras de compañeros (en muchos aspectos calcados de La ciudad y los perros de Vargas Llosa) era un signo inequívoco de fanatismo. Pero entonces estaba Franco, flos florum de todos los bienes y todos los males según quién y cómo, el cual utilizó hasta la náusea el recurso del partido estelar de fútbol en fechas clave, digamos que el Primero de Mayo, por ejemplo; si bien lo usó menos de lo que dicen sus enemigos y más de lo que reconocen sus fieles; más o menos como lo de los salmones o las catástrofes que auguraba Radio España Independiente. Pero llegó la Democracia, que se suponía iba a ser una renovación. Y llegó el Mundial… y aquí siguen cobrando un potosí los estomagantes futbolistas que quizás financien las patéticas mentiras de la Excelentísima Señora doña Elena Salgado (poseedora de buena finca en la Côte d’Azur, que es lo más adecuado para un gobernante socialista): filadelfia, amor fraterno. Lo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa en Il Gattopardo: «Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi. »

Victoria Beckham ha pagado cinco mil dólares por cincuenta botes de Rodial’s Stretch MX, una crema para eliminar las cicatrices de su reciente cesárea. ¿De dónde proviene ese caudal? Del fútbol.

Todavía me duele el corazón de dos —si fueran solo esas, qué afortunado sería— recientes decisiones del monarca español: una, darle el Toisón a Javier Solana, que hasta lloré de rabia. Y la otra concederle título al tal que sigue:

Boletín Oficial del Estado: 4 de febrero de 2011, Núm. 30.- III. Otras disposiciones.- Jefatura del Estado.- Real Decreto 135/2011, de 3 de febrero, por el que se concede el título de Marqués de Del Bosque a don Vicente del Bosque González. Real Decreto: “La gran dedicación al deporte español y la contribución de don Vicente del Bosque González al fomento de los valores deportivos, merece ser reconocida de manera especial, por lo que, queriendo demostrarle mi Real aprecio, Vengo en otorgarle el título de Marqués de Del Bosque, para sí y sus sucesores, de acuerdo con la legislación nobiliaria española. Dado en Madrid, el 3 de febrero de 2011. JUAN CARLOS R. El Ministro de Justicia, FRANCISCO CAAMAÑO DOMÍNGUEZ.”

¿Qué hay de lo mío, Majestad?

[Próxima parada: Grandes mujeres de la Historia. Capítulo I: Maritere Campos]

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2 comentarios to “¿Qué es peor un neonazi o un facha?”

  1. el temido (por su bravura) Says:

    Pídeselo a sus primos los magos de Oriente. Igual que todos.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

  2. Ramón Says:

    Sabedor, de que a todo escritor le gusta que le lean y comenten sobre tu texto, para engordar su ego. Aquí, me dispongo a dejar constancia con mi pluma a punto, y afilada, cual gladiador en el foso, espera ser convocado para librar una batalla y salvar su vida. Aunque en nuestra pugna, la sangre no correrá, salvo que me corte con mi propia estilográfica. La dialéctica debe ser razonable.
    El balompié o fútbol como se conoce popularmente, mueve masas porque no hay nada tan difícil de realizar que un manejo tan artístico con los pies, como un escultor modela con sus manos el barro, y crea una figura que la hace única.
    En lo que no estoy de acuerdo. ¿Por qué cobran esas cantidades tan astronómicas? Cuando desempeñan un trabajo como otro cualquiera, la única diferencia es que en vez de utilizar el intelecto y sus manos, como un oficinista en su despacho, usan los pies, lo que todos usamos para andar, ellos lo usan para correr y chutar a una pelota. Deberían ser mileuristas, como en muchos trabajos, en su currículo no se le exige estudios, -hablo de exigir, no personalizo- y en virtud de sus resultados, recibir una prima, según criterio del presidente de su entidad.
    Este fanatismo que genera, es capaz de hacer que mueran personas inocentes por el simple hecho de ser del equipo contrario. También es utilizado, por unos estadísticas para que el populacho no piense en lo mal que lo hacen los políticos, que descarguen su violencia contra un señor de negro, que lo único que pretende es que no se maten en el campo, y que los propios “hooligan” vapulean sin miramiento, por algo que consideran error, se acuerdan de sus progenitores, de los vivos y de los muertos. Y en muchas ocasiones lo corren, lo acosan y lo esperan a la salida.
    Yo, como el autor del artículo, no soy partidario de fútbol, para que pelearse veintidós personas por un solo balón, que les den uno a cada uno y que jueguen con él.

    Un asiduo lector.

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