Callejero

Normalmente la acción municipal suele ser torpe y lenta pues juega con el dinero del contribuyente sin rebozo e impunemente. Un mequetrefe estúpido a veces recibe el encargo de ponerle nombre (o cambiarlo) a las calles. Málaga acierta en un barrio próximo a Teatinos en el que todas las vías recuerdan a personajes de la antigüedad clásica, desde Jenofonte a Tales pasando por Parménides y hasta Plutarco o Sófocles… La mayor parte de los vecinos no saben quienes fueron estos personajes, pero cabe siempre la posibilidad de que aumenten su cultura desvelando el misterio. No muy lejos de allí, las calles de un polígono comercial —hablar de industria en esta tierra, ni en sentido estricto ni lato, suena a escarnio— tienen nombres relacionados con la Ópera: Isolda, La Bohème, La Flauta Mágica, etcétera ¿Cabe mayor éxito y cordura? Y hay más ejemplos por otros barrios: calle de Pilar Lorengar, de Imperio Argentina, de Manuel Alvar, de Alicia de Larocha…

Si Knut fue para los españoles Canuto y Marlborough se convirtió en Mambrú no extraña escuchar siniestras barbaridades al decir el nombre de ciertas calles malagueñas: [álbert cámus] y [ándre de] dejan las reglas de pronunciación francesa mal paradas. Como el anuncio de un restaurante francés llamado, nada más y nada menos, Place Vendôme que en su publicidad radiofónica admite que se le llame [pléis vandón] sin poner el grito en el Cielo (no creo yo que sea muy galo lo que den de comer allí).

El malagueño, siempre acomplejado e imitativo de acentos y modos que cree superiores a los que le eran propios, le llama [ányelo] a un niño por no decirle Ángel como debiera. O Pau. Incluso he oído el repulsivo Yordi.

Por cierto: ¿Sabe alguien quién fue Diderot? Quizás en el número dos de esa calle —sede del club New Scandalo— puedan informarle a usted, caballero. Pero no se moleste en mostrar la reproducción del retrato que le hizo el gran Van Loo, allí no cuenta.

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Una respuesta to “Callejero”

  1. landahlauts Says:

    No sólo el malagueño, el andaluz en general, es un ser acomplejado con su forma de hablar. Han sido muchos lustros escuchando lo de que “hablamos mal”, que para castellano “fusha” el de Valladolid. Y ese discurso ha calado en las frentes estrechas de muchos conciudadanos. Muchos de los nuestros caen en una ridícula forma de hablar que acaba todo en “s”, venga o no a cuento. Incluso los hay que imitan laísmos y otras aberraciones de las bárbaras gentes del norte.

    Puntúe el New Scandalo siendo 0 “nada recomendable” y 10 “altamente recomendable”….

    Saludos.

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