22 de mayo de 2011

Esto de Google Imágenes tiene sus incongruencias, pero son aparentes; conozco a una maestra que buscando un analizador de carbono-14 para mostrárselo a sus alumnos a los que les explicaba las fuentes de la Historia le salió en toda la pantalla un mosaico de fotos en el que predominaban las de una señora en bragas para gran regocijo de sus atentos aprendices. A pesar de las apariencias, tenía sentido el fiasco: era Yogurinha Borova y su nueva producción musical Carbono Catorce, homónima como se ve de la búsqueda que había hecho la profesora.

Esta especie de ruleta de la fortuna a mí me ha deparado sorpresas muy emotivas; gracias a Internet he recuperado de manera fortuita peldaños de esa escalera de caracol que es la memoria, el pasado.

De chico, echaba las horas muertas viendo dos cuadros que me hacían soñar con la Antigüedad Clásica bajo el adorable punto de vista de mi Walt Disney decimonónico, maravilloso pintor, llamado Sir Lawrence Alma-Tadema. El cuadro de las termas romanas y el de Moisés me mantenían quieto y callado con el libro de Arte apoyado sobre la cama o el suelo (a la casa de mis padres llegó muy tarde el sofá y, lógicamente, era para las visitas; en ausencia de ellas, se convertía en algo así como un jarrón de la dinastía Ming: intocable).

Ayer o antes de ayer vino a mis ojos el cuadro Santa Eulalia de John William Waterhouse .

Qué emoción más grande fue el volver a analizar esas palomas sobre la nieve clemente que cubre el cuerpo martirizado. Hacía décadas que ese escenario neoclásico más que romano o griego tenía su hueco en mis recuerdos. Qué hermosa es la historia de Eulalia (la bien hablada) y que yo no conocía. Desde ahora formará parte del elenco de mis mitos, entre los cuales siempre ocupó un lugar preferente Santa Rosa de Lima, cuya parroquia en Málaga es un ejemplo de originalidad y buen arte desde la cancela de entrada hasta el techo; como ya he dicho muchas veces Eugenio Chicano pintó el fresco —muy meritorio— que finalizó, en colaboración con Manolo Morales, el día 23 de septiembre de 1968. Poco me importa la realidad de estos casos, que la mayor parte de las veces son puras entelequias montadas ad hoc para corazones débiles, pero las hay peores y más dañinas: yo sigo prefiriendo a Santa Rosa en el momento de abrir su mandilillo lleno de pan para los presos y —¡oh!— ver cómo se convertían en flores… Y a Santa Eulalia.

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Una respuesta to “22 de mayo de 2011”

  1. Landahaluts Says:

    ¿Santa Rosa?
    No! Rotundamente…..

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