Mañanas de Mayo

            Día de primeras comuniones. Dicen que es el sustituto para pobres del bal des débutantes que se celebra anualmente en el Hotel Crillon de París, posada bien conocida por los políticos españoles dicho sea de paso.

            Vivo muy cerca de una iglesia fea y afeada por sus sucesivos párrocos de cuya santidad nunca he dudado pero cuyo gusto estético ha sido, históricamente, detestable. Y como al lado del templo está el kiosco donde compro la prensa fascista (o de derecha extrema) me he topado con ese enjambre de niños vestidos de almirantes llenos de entorchados y niñas vaporosas que salían ya de la misa; rodeados de padres asfixiados por una corbata demasiado ancha y excesivamente colorista (el mal gusto de Rajoy y del Rey son proverbiales en este sentido) y madres con tacones de vértigo a punto del paro cardiaco por la excesiva presión de una ropa tres tallas menos de la oportuna el gentío ocupaba toda la acera. Las terrazas de las cafeterías estaban a rebosar y daba gusto verlos. Dentro de unas horas el Parque se llenará de familias y habrá millones de disparos inocuos con las cámaras digitales de carcasa multicolor o con aparatos negros excesivamente voluminosos y complejos para quien no es capaz de entender lo que es un prisma o la distancia focal. Lo mismo da, por estas tierras se usa lo de caballo grande, ande o no ande. Se aprieta el botón más gordo (que suele ser rojo) y algo saldrá. En este país la gente se atreve con todo. Y así como existe un Padre Google que nos es vital a los internautas, el Padre Auto Focus y la Madre Balance de Blancos, la Tita ISO y demás familia tampoco son mancos.

Comprando el pan me retraigo ante la proximidad de una muchacha china que huele mal: su perfume se comercializa en varios sitios del mundo razonablemente libre como Agua de Masacre y en otros como Flores Sangrientas de Tian’anmen y la miro con desprecio, quizás injustamente, pero es que no soporto a los chinos, tan queridos ahora por nuestros políticos agónicos. En esa cola del pan vuelvo a encontrarme con el hombre extraño que compra un bollo pequeño y pide siempre que esté muy caliente, quizás sea argentino y con pocos medios. Aunque para escasez de medios… el negro joven y deteriorado, escuálido y sonriente que algunas veces me encuentra y me dice con un gesto encantadoramente infantil “Daddy, dinero para comer” inclinando a un lado la cabeza y extendiendo el brazo a medias por temor a molestar. Hoy, cuando me ha visto, iba yo acompañado de una vecina que me argumentó después muy seria que ella no les daba dinero porque a saber en qué lo emplearían. Cuando oigo eso se me estremece el alma y me dan ganas de retorcer algún pescuezo: con el dinero suelto que yo llevaba para el periódico quizás el negro se ha comprado un puto kilo de cocaína.  No te jode…

            La calle Alagón, hasta vacía en una mañana de domingo, siempre presenta novedades en su miseria: ayer fue un grafiti contra Rajoy, hoy la propaganda de las bellas artes de Celeste Cruz. El día no ha sido en balde.

 Nota Bene.- No existe tal colonia, y seguramente la frase en inglés la he escrito mal. Pero la china olía a perro en adobo y a matanza de inocentes.

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