Maquinismo

Reconozco que desde hace mucho tiempo estaba ilusionado con tener una grabadora de voz (que en lengua inglesa es Note Corder, hay que ver las cosas que tienen esas gentes hiperbóreas). Y los Reyes Magos de Oriente —que no son tontos— por un módico desembolso me la trajeron. Al ser barata, aunque digital, su funcionamiento es burdo y resulta un poco anticuada de aspecto, pero le he tomado aprecio ya que me va apartando de las acostumbradas notas escritas en un papel. Naturalmente, como siempre, no me leí antes el librillo de instrucciones y a base de cometer errores la maquinita ya no tiene secretos para mí; entre otras cosas porque la pobre es tan rústica que carece de ellos.

Hasta hoy la tal Note Corder tiene las siguientes anotaciones que transcribo con un poquito de amplitud para que resulten comprensibles: Empezar a escribir la carta de felicitación anticipada a un amigo que se casa y que vive en un país remoto.— Imprimir las chuletas que me he agenciado para intentar comprender eso que ahora mismo solo veo como una estupidez llamada Twitter.— Muchacho de los brazos cortados: Fue demoledor el verlo. Iba yo de paseo navideño en una mañana fría; de pronto me adelantó por la acera un muchacho alto y delgado con pantalones azules de chándal y una camiseta de tirantes; del cuello le colgaba una bolsa grande deportiva. Mi primer pensamiento fue el de una crítica feroz del tipo “Ahí va otro capullo chuleando de juventud, verás la pulmonía que va a coger”. Andaba rápido y llevaba los brazos extendidos hacia delante en ese movimiento gimnástico de estiramiento que tiene su continuación en ponerlos en cruz y luego hacia atrás. Mientras pasaban los segundos mi pequeño cerebro empezó a detectar alguna irregularidad en la situación. Aquel tío no volvía los brazos hacia los lados ni hacia atrás y yo solo le veía los hombros y los omóplatos. Al llegar a la altura de un bar de mala fama, y por lo tanto muy frecuentado, se paró y tomó asiento en una silla de aluminio de las que estaban en la acera junto a las mesitas tristes que con un servilletero encima pedían a gritos un cliente. Con la boca mordió el asa de la bolsa, la puso encima, con la boca abrió la cremallera y sacó un cubilete de plástico transparente con unas pocas monedas… El muchacho no tenía brazos, ni muñones siquiera. Prácticamente las axilas y sus costillas formaban un plano continuo y perpendicular a las clavículas. Me sentí abofeteado. Tan duro fue el golpe que ni le presté atención al escaparate de las pelucas y peluquines que siempre me atrae como un imán.— Arreglar mueble: en mi vida hay una serie de constantes que odio, una de ellas es que siempre tengo masas de papeles por tirar, y legiones de estanterías y muebles por ordenar ya que acumulo demasiadas cosas.— 53.026 km marca el cuentakilómetros de mi coche, muy pocos teniendo en cuenta que en la primavera alcanzará la mayoría de edad con un aspecto detestable y luego dicen que a los 18 años se está en la flor de la vida.— Agua fría en las muñecas: de chico, la gente nos decía a los niños que cuando estábamos sudando, acalorados, convenía meter las muñecas en un chorro de agua fría para que cayera sobre las venas y así aclimatara el resto de la sangre del cuerpo. También tenía la propiedad de que quitaba el sueño y permitía conjurar los temidos cortes de digestión playeros, amenaza dantesca que me sigue persiguiendo hasta hoy (yo no me mojo hasta pasadas tres horas después de haber comido).— Melodía de alarma: Mi teléfono móvil es sofisticado aunque no llegue a ser un smartphone. La mentalidad japonesa es tan lineal que todas las melodías de los timbres son cutres, frikis y escandalosas (incluye una con algunos compases de Erik Satie, feísimos como toda su obra, y otra con notas de algo irreconocible que dice ser de Bach) por lo que he pensado copiar del iPod algo decente mediante un subterfugio técnico muy sencillo.— Puzle: Los Reyes Magos del Extremo Oriente (una tienda de chinos, vaya) me trajeron también un puzle de mil quinientas piezas; no he abierto la caja porque se me avecina un problema de intendencia terrible: ¿Habrá alguna mesa en mi casa que admita eso? Miro con temor, soy un cobarde, la foto de la caja y se parece a las estampas con las que ilustran siempre la ópera Turandot (sí, es el momento de tararear el aria que todo el mundo conoce). Qué trance. — Fui vecino ocasional del que luego llegó a ser Director de la Real Academia Española. Mi pueblo, al pie mismo de La Sagra, ha sido un caudal continuo de barbaridades verbales, tanto más ricas cuanto más ordinarias. Grabé, porque se me vino a la cabeza, aquello que se le decía a las mujeres poco femeninas (entiéndase: fumar y beber era de putas, pero montar en moto o llevar pantalones o trabajar fuera… era ser “poco femenina”) y que gramaticalmente es una hecatombe: tía machuno. Ahí es nada. Cuánta carga emocional en dos palabras. Hay un juego, una panoplia, de locuciones dañinas que me espeluznan. “No es trigo limpio” y “Es de la cáscara amarga” encierran en su aparente esencia vegetal un despiadado crimen valorativo…

Y nada más, amable lectora—o. Esas son las anotaciones que, por el momento, tiene mi grabadora digital.

Anuncios

Una respuesta to “Maquinismo”

  1. landahlauts Says:

    Yo compré una de esas grabadoras, con la misma intención. Sólo que la compré hace años y era analógica, no digital: de esas que llevaba unas cintas idénticas a las de casete pero más pequeñas. Y no llegué a agotar las primeras baterías que le puse. Era un latazo anotar lo que deseaba recordar y luego tener que escuchar la cinta entera para pasarlo a un dietario o a un pósit. Así que acabé arrumbándola en un cajón. Y por ahí debe de estar… Espero que la suya corra mejor final y le saque partido. Al menos para esta entrada se lo ha sacado…
    Mi generación fue también vilmente atemorizada con los cortes de digestión: hacíamos un recorrido de 70 kms. en un seat 850 detrás de un humeante Barreiros para tirarnos tres horas esperando a que acabara la digestión después de comer. Hoy utilizo el sentido común, en lugar del cronómetro y me baño después de comer… pero con precaución, sin cambios bruscos de temperatura. Y soy un hombre feliz. Debería de intentarlo… deshágase de esos fantasmas del pasado…

    Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: