Feliz Cumpleaños

No fue difícil para el viejo artificiero de la Armada fabricar un explosivo y colocarlo dentro de la tarta de cumpleaños. Su habilidad y sangre fría eran más que suficientes para meter la bomba bajo las densas capas de nata y bizcocho sin que se notara la manipulación. Quería matarlos a todos. No dejar ni uno y, como Sansón contra los filisteos, morir él también.

Llenó el salón de globos. Puso una pancarta con grandes letras. Compró un sombrerito cónico de cartón plateado para darle mayor verismo a la comedia. Y se sentó a esperar el aluvión de visitas, cada una de ellas con un ridículo regalo: el bizcocho hecho aprisa y corriendo, cuajado de grumos; las croquetas —aprovechando el pollo que el niño había rechazado después de chupetearlo— o la botella de vino, ya agrio, que les había tocado en una tómbola de la feria. Así eran sus amigos y vecinos, ahorradores hasta en lo que se supone gratuito: el cariño. Cuando estuvieran mirando con ojos glotones la espectacular tarta pensando en el festín que se iban a dar como todos los años, estallaría. Y las paredes, suelo y techo de la habitación quedarían tapizados de sesos, sangre, nata y merengue como en un cuadro de Jackson Pollock.

El viejo artificiero de la Armada sonrió pensando que no hay alegría completa pues le habría gustado quedar vivo para ver, como el hombre del cuadro de Norman Rockwell, dónde se incrustaban las velitas y a dónde iban a parar las pestañas postizas de la sin par Betty, su vecina de enfrente: casi dos metros de esqueleto cubierto de jirones de pieles que declaraba como visón y que solo era rata almizclera entremezclada con conejo.

En el reloj de cuco sonaron las siete. Y nadie llamó a la puerta. Quince minutos después, tampoco sonó el timbre. Ni a las siete y media, ni a las ocho…

A las diez, el viejo artificiero de la Armada suspiró. Pensó en la guerra, en cualquiera de las que había conocido aunque todas eran para él la misma —olor a muerto, humo, ruido, vítores si vencías— y pensó que era el momento de apretar la tecla señalada con un punto de bolígrafo en el mando a distancia de la televisión para que explotara la maldita tarta y, así, acabara todo.

Pulsó.

Y no pasó nada.

Volvió a pulsar… y la tarta seguía intacta.

Apretó todas las teclas del mando con rabia y entonces surgió del centro de la nata y del merengue una pequeña llamarada que se apagó al segundo dejando en la habitación un agradable olor a quemado como cuando se hace caramelo líquido para los flanes.

El viejo artificiero de la Armada, perplejo, se quedó muy quieto en la silla. No se movió en toda la noche. Y cuando amaneció, una hilera de hormigas negras, muy pequeñas, regresaron a sus escondrijos transportando trocitos de la tarta abrasada. Pasaban indiferentes por encima del hombre cruel y vengativo que había muerto víctima de un súbito ataque de desilusión.

Anuncios

3 comentarios to “Feliz Cumpleaños”

  1. el temido (por su bravura) Says:

    Es de lo mejor que he leído (no quiero decir que lo otro sea malo), pero me he imaginado la escena y no he podido evitar reirme, y evocar la escena. Bueno, como sé que no has sido artificiero de la armada, si me invitas a tu cumple, iré a la hora en punto. (Aunque lo de la explosión de la tarta tiene su puntito.
    Muchas felicidades.
    Delenda est Britannia. (La tarta no). Lector salutatus.

  2. Carlos Says:

    El cuento estupendo, como siempre, el regalo nos lo has hecho tu. Y las fotos vienen que ni pintadas.

    Muchas felicidades, y que cumplas ciento y cientos más. Con mucho cariño de parte de los tres.

  3. Rafael Says:

    Siempre crei que un cumpleaños podría ser cruel para aquello que entienden la muerte como un final. Como diría Socrates: la muerte no se le conoce, por qué temerla entonces y si exitiera habría dos posibilidades de formas de ese mundo despues de la muerte. Uno simplemente que no exista y que sea un descanso eterno y sobrecogedor de este mundo tan superficial, La otra que exista y dentro de esta esté los seres queridos. Buno cae la posibilidad que el purgatorio sea parte de ese segunda muerte. El personaje que escribes es un especimen humano que está temiendo a la muerte por, posiblemente, estar subyugado a las bajesas superficiales que el mundo nos propone como felicidad; por eso creo que es un personaje facinante y complicado, un ser triste pero que celebra su cumpleaños con torta y gorra conica. laborioso, peculiarmente atractivo por ser ;al parecer, un tanto caprichoso y exigente con los demás, pero no con sigo mismo.
    creo que se merece una historia más larga Y veraz que Kafka se enternecerá.
    Tu amigo
    Fray Rafael Tito Zarate Ofm
    Franciscano de la provincia de los 12 apóstoles
    Lima Perú

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: