Trial and error (or solution)

—¡Qué no, vaya, qué no! ¡Si es la única compañía que tengo! No me da la gana comer solo por seguir sentado en la silla —dijo irritado el viejo poniéndose en pie y saliendo de la habitación.

Al momento, regresó a aquel cuarto de estar que había sido dormitorio con un extraño artilugio de madera, parecido a un trípode, en el que se sostenía un cuadro grande con la efigie de Jesucristo. Lo puso al lado de la mesa tangente al filo, lo más cerca posible, modificó la posición porque al cristal le salián reflejos y continuó almorzando. De vez en cuando lo miraba escrutando la expresión del Rostro del segundo comensal, siempre inapetente y mudo.

Un mantel redondo doblado por la mitad partía en dos hemisferios la superficie de la mesa quedando el doblez aproximadamente por el diámetro. En la zona norte, sobre el cristal, los mandos a distancia de la televisión, el periódico y el teléfono que nunca sonaba se reflejaban y mezclando sus formas con la del paño de brocado que había debajo. En el hemisferio austral, sobre la tela de hermosos colores que tenía el mantel aparecía un tenedor, un cuchillo, un salero basto con el tapón de plástico y un plato de porcelana inglesa. Era uno de sus lujos: ver su triste comida sobre el blanco amarfilado y maravilloso que antes fue simple caolín. Tenía un cubierto de plata con las iniciales grabadas, pero no lo usaba nunca… aunque bebía el agua en copas que parecían cálices o cráteras o jarrones de la dinastía Borgia. Poco a poco aquel viejo excéntrico fue desarrollando una mala costumbre que seguramente habría de llevarlo a la destrucción final: era la de no verle sentido a comer y llorar amargamente sobre los alimentos que tenía delante. Un profundo desconsuelo le invadía ante su subsistencia y desataba el llanto. Lo peor era ahogar la pena sonora para que no lo oyeran los vecinos. Se ayudaba de la televisión, que aumentaba de volumen o cogía una toalla que apretaba fuertemente contra la cara.

—Quizás esto tenga solución —se dijo el viejo a sí mismo abriendo el periódico por el final. Se detuvo en algo. Cogió el teléfono y marcó el número de una prostituta que se anunciaba. Preguntó el precio y cuánto tardaría en llegar. Asintió. Colgó. Quitó el cuadro de Jesucristo y lo dejó en el cuarto de la plancha, cuya puerta cerró cuidadosamente. Quitó todo lo que estorbaba y extendió el mantel entero. Puso el cubierto de plata frente a él, una copa de vino y otra de agua. Colocó panecillos sobre una bandejita de plata. Llenó una jarra de agua y cuando la ponía sobre el mantel llegó su “invitada”. En menos de cinco minutos le explicó el servicio que quería de ella. Hubo un acuerdo inmediato. La acompañó hasta el cuarto de baño y se lavó las manos. Después se sentaron a comer.

Té y café. Ella encendió un cigarrillo que expandió su calidez por toda la casa. Apuró la copa de licor, se puso en pie y besó al viejo en el cuello diciendo, mientras lo abrazaba: “Qué bien hueles. Llámame otra vez, siempre que quieras. Gracias”.

Cuando cerró la puerta él pensó: “Probablemente lo haga”. Ha sido uno de los mayores aciertos de mi vida.

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4 comentarios to “Trial and error (or solution)”

  1. José Andrés Says:

    Demasiado real y creible. Habría que echarle más imaginación. Orator dixit.

  2. el temido (por su bravura) Says:

    Ya comenté una vez que es muy triste comer solo, quizá por estar criado en una familia numerosa y estar acostumbrado al bullicio de una mesa para 8. Antonio
    Antonio Gala también lo plasmó en este poema:

    ¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa
    costumbre de tus alas
    que refrescan el aire y renuevan la luz?
    Sin ti, ni el pan ni el vino,
    ni la vida, ni el hambre, ni el jugoso
    color de la mañana
    tienen ningún sentido ni para nada sirven.
    Allá fuera está el mar,
    allá fuera, en el mundo, estás tú.
    Comiendo tú sin mí:
    tu hambre, tu pan, tu vino y tu mañana.
    Yo aquí, ante los manteles opacos
    y la bebida amarga,
    ante platos sin sabor ni colores.
    Lo intento, sí, lo intento, pero cómo
    comer sin ti, ni para qué…
    Tú te has llevado tu olor a bosque
    y el gusto de la vida.
    Fuera están mar y aire.
    Dentro, yo solo frente a la mesa puesta
    que ha perdido su voz y su alegría.

    Por si es útil.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

  3. el temido (por su bravura) Says:

    ¿Por qué no aparece mi último comentario?

  4. nuevavidavirtual Says:

    Pues ya me han llegado otras críticas de esta última entrada. Yo insisto en que es de lo mejor que he escrito. No siempre puedo estar matando gente (a mí mismo por ejemplo). De todas maneras, gracias.

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