VIVAN LOS NOVIOS

Si yo fuera menos pelmazo escribiendo, la anécdota serían dos líneas como pie de foto y basta. Pero no me resigno a inmortalizar a los novios que vi por la calle mientras esperaba aburrido el autobús y que me saludaron sonrientes desde ese coche tuneado —¿un MG? ¿un Morgan?— lleno de lazos de tul y cintas conducido por un chófer ocasional, de pacotilla, que parecía un miembro del parlamento británico.

Los vi subir la rampa de la Alameda a la altura de Correos, embocando ya la avenida de los templos —Hacienda, El Corte Inglés— y en un segundo ya estaba mi cámara dispuesta. Cuando el tráfico se detuvo al cambiar un semáforo el destello del flash rebotó en la preciosa carrocería, ellos me miraron y con un gesto inocente movieron la mano en un saludo que transmitía placidez. Vestidos como en tiempos antiguos, los dos juntos sentados en la parte trasera del coche vivían horas felices. Y tengo comprobado que la felicidad y la desgracia revisten a las personas de un halo especial, como de una envoltura magnética que atrae o rechaza. No hay novios feos. Quizás trasluzca a través de la piel ese factor humano con el que casi nadie cuenta: todo está en el cerebro y si este dice “Que la belleza te inunde” los ojos miran distinto, el sudor es como un rocío matutino y del pelo emergen cuentas de cristales de colores y rayos de luz. Somos lo que los demás quieren que seamos. Y la gente se casa y se viste de novios… por los demás.

Todo ser humano debería contar en su equipaje con una boda y sentir la otra mano en la propia mientras brillan, pulidos y nuevos, los anillos. Luego, el tiempo prolongará más o menos ese brillo pero no se conoce un matrimonio que dure menos de un segundo. Y eso suele durar el relámpago del flash de mi cámara.

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Una respuesta to “VIVAN LOS NOVIOS”

  1. el temido (por su bravura) Says:

    No puede durar un matrimonio menos de un segundo; sobre todo porque el convite lo tienen apalabrado, el viaje pagado, y no se pondrían de acuerdo en cómo devolver los regalos. Es una parafernalia clásica, que, como todo, se va aumentando y viviendo de la moda.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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