Bien venida

R. es una mujer guapa. Y tiene unos ojos que algunas veces brillan con un poso de tristeza; este último comentario no es objetivo sino una simple apreciación personal y por lo tanto pude ser muy inexacta. R. es una mujer seria lo cual no impide que la haya visto reírse varias veces. R. es una compañera de trabajo que me trata últimamente con más  simpatía que antes a cuenta de su buen olfato. Muchas veces me acerco a ella, entrando a trabajar, y le digo “A ver si adivinas la colonia que me he echado hoy”. Me acerco a ella y… prácticamente siempre acierta. Y es fumadora (o lo ha sido hasta hace muy poco) lo cual confirma mi tesis de que los fumadores están más sanos y olfatean mejor que los podridos inquisidores prohibicionistas del tabaco. R. es una mujer con paciencia y algo de misterio.

¿Porqué hablo de ella hoy? En realidad no hay ningún motivo especial; ayer por la mañana me dijo que iba a entrar en el blog —le he recomendado una ensalada de gelocatil con iboprufeno y un toque de aspirina, pues yo sé lo duro que es leer esto— y ¿qué mejor manera existe de darle la bienvenida que dedicarle unas líneas?

Conforme voy envejeciendo aprecio cada vez más a las mujeres y menos a los hombres que, salvo excepciones, me resultan pesados, monocordes, ariscos, engreídos, limitados de mollera y muy pestosos cuando se avecina el verano. Los hombres son patéticos: juegan al paddle —ya pádel—, hacen la compra como si hicieran las américas (¡qué mérito!) y solo hablan de fútbol, de coches y de tías (va en cursiva, ojo) ellos que hasta puede que necesiten un empujoncito para cohabitar con sus santas esposas… pues todos son monógamos, por supuesto. ¡Qué aburridos y qué lineales son los hombres! Tienen una sola profesión o, todo lo más, dos (considerando la de taxista aficionado) mientras que las mujeres tienen tres. Gobiernan las naciones (Ich liebe dich Angela / I love you Hillary) como la Iglesia las conciencias: porque son hombres (vaya argumento de autoridad) aunque yo nunca he visto la relación que dicen que hay entre San Pedro, al que respeto mucho, y SuSan Bene al que no respeto nada… Y alguien dirá “Pues tú eres un hombre o sea que…”. Bueno, pero reconvertido, reciclado vaya.

R. se toma un café de una máquina a la que se le echan monedas (pero que no tiene cámara espía) y veloz se va para su trabajo. Esta tarde me he comprado dos botes de colonia tamaño dedal. Uno lo localizará enseguida porque a R. le gusta esa colonia. La otra… no lo sé. Es difícililla…

Aquí una sonrisa para R. Bienvenida y gracias por llegar hasta esta coma, eres una valiente. Y si me das permiso, cambio la letra R. por tu nombre, que es muy bonito.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: