Dios salve a la Reina (con permiso)

Reconozco que me emocioné cuando sin problema de ningún tipo crucé el umbral del número 32 de Smith Square en Londres.

La zona estaba en obras y por uno de los lados había andamios y tablones que llegaban hasta Victoria Street, pero el encanto de la plaza permanecía intacto y la iglesia barroca de San Juan —machacada durante los bombardeos de la SGM y luego reconstruida por una especie de club de amigos, qué envidia— lucía sus torres como en la leyenda urbana: como las patas de un taburete volcado; así se la conoce precisamente: “el taburete de la reina Ana”.

En alguna de las mil guías y libros que me había estudiado antes de ir por primera vez a Londres se contaba esta anécdota y varias más, por ejemplo que la iglesia de St John estaba dedicada a sala de conciertos y estudio de grabación (como St Martin-in-the-Fields en Trafalgar Square) dada su acústica privilegiada y esa admirable e inveterada costumbre protestante de la eficacia para rentabilizar las cosas.

Pero con Franco recién enterrado hubo otra razón más que, como un imán, me atrajo hasta esa plaza: allí estaba la sede del Partido Conservador británico ¡y yo nunca había visto un partido!

Entré… y nadie me detuvo ni me impidió el paso. Llegué hasta un mostrador donde una joven de trato exquisito en un inglés cremoso tan elegante como incomprensible para mí dijo varias cosas que no comprendí, ella no sabía español pero en un francés rudimentario concluyó indicándome que diera una vuelta por la planta baja, que viera la galería de retratos y que me llevara un folleto. Fascinado, lo hice. Y cuando andaba camino del headquarter del Partido Laborista, muy cerca de allí, reflexioné sobre cuánto tiempo pasaría hasta que en España hubiera partidos como aquellos.

Veo en la prensa a Nick Clegg, Gordon Brown y David Cameron juntos en una foto (con las amapolas, ya se sabe) honrando a los muertos que engrandecieron ese país en detrimento de otros. Y claro ahora dice uno, más de treinta años después: qué envidia, qué envidia. No debería haber sido así.

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Una respuesta to “Dios salve a la Reina (con permiso)”

  1. el temido (por su bravura) Says:

    Como las patas de un taburete al revés se quedaron los “conservadores” europeos, cuando los torys rompieron con el partido popular europeo, y pidieron el voto de los britanos en Hispania para Alternativa Española, que era como las aceitunas de la misma marca: en conserva conserva.
    Ellos mismos se delataron.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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