Memoria que no perdona

 

 

 

El 24 de abril de 1967 la Hoja del Lunes de Málaga publicaba en su concurso para noveles El Cuento Semanal mi cuento “Una gota de agua”. El certamen estaba patrocinado por un grupo inmobiliario de la capital de nombre kilométrico y que se anunciaba mucho por la radio: FIMASA-INIMASA-HOGARSOL-FAXSA. El premio se lo llevó un caballero legionario que narraba su gesta particular por los cerros y dunas del Magreb virtual, porque estoy convencido tras cuarenta años de rumiar mi derrota que aquel tío no se había movido de la mesa de camilla nunca. Fue mi segundo gran revés —permítaseme la palabra— literario, teniendo yo dieciocho años. El primer batacazo, con efusión de lágrimas esta vez, me lo llevé estudiando cuarto de bachiller a cuenta del afamado Concurso de Redacción de Coca-Cola. Según me dijeron de manera extraoficial yo había ganado el representar a mi colegio (que era del Frente de Juventudes) con mi redacción pero —y ahora lo comprendo— había que darle los oropeles de la gloria a un muchacho hijo del señor don Eugenio L*** y L*** que había sido gobernador civil de Cuenca y a la sazón ostentaba el megacargo de Delegado Nacional de Juventudes en el que duró seis años, nada más y nada menos. Victoria pírrica, para mi consuelo, la de aquel niño universalmente odiado, envidiado y temido porque no ganó la fase local que fue a manos de un alumno del colegio San Estanislao (El Palo) de los jesuitas, donde estudiaba la crème de la crème del mundo mundial. Al pasar por mi lado, henchido como un pavo cuando hicieron pública su designación a dedo el hijo del cacique me dijo “¡Es que los que estamos en la cazuela!” dejando en suspenso el corolario. Todo el mundo supuso que la redacción del paniaguado la había escrito y pulimentado no un negro sino todo un coro de esos que cantan —en ambos sentidos, musical y odorífico— maravillosas canciones espirituales emocionando al personal, tal como

Joshua fit the battle of Jericho

Jericho, Jericho,

Joshua fit the battle of Jericho

And the walls come tumbling down

            Y luego dicen que el pescado es caro. Perdón: y luego dicen que el tiempo todo lo cura… Yo nunca he olvidado —y menos perdonado— esas dos afrentas.

            Llevo rompiendo papeles inútiles desde Navidades en un proceso de desintoxicación del síndrome de Diógenes que me aquejaba. He tenido cuarenta y tres años guardado el periódico entero con mi cuento a toda plana y, sin dolor ni nostalgia, lo he escaneado y después ha ido directamente a la basura. Antes había guardado un anuncio de los frigoríficos Westinghouse, de la Sombrerería Casa Pedro Mira, de la gaseosa (familiar) La Alcazaba y demás antiguallas de la prensa coetánea pero ni se me ha ocurrido desprenderme de dos tesoros, casualmente dos certificados, que acreditan mi posición en muchas cosas de la vida: uno, el papel con las firmas —rúbricas de trazos firmes y complicados por soportes y volutas, ascendentes por supuesto— de un teniente coronel  y un capitán de la Junta de Clasificación y Revisión de la Caja de Recluta declarándome inútil total para la vida militar. Y el otro ese certificado de haber votado en el Referéndum para la Reforma Política de 15 de diciembre de 1976 en el que con acierto dije “No” preveyendo (esta es la nueva gramática bibianesca) lo que se nos vino encima: siempre fui un gran conocedor del ser humano y tengo un probado gran poder de adivinación.

            He intentado transcribir el cuento de la Hoja del Lunes pero no puedo. Cómo se cambia en la vida. Toda la narración, que es malísima porque hice un mosaico de varias cosas que tenía escritas para poder llegar al mínimo exigido, está plagada de micropárrafos, la profusión de puntos y aparte es tremenda y el relato rezuma adolescencia por los cuatro costados. Hay un cuento dentro del cuento, eso es quizás lo único válido del texto: la pretendida técnica de las muñecas rusas matriushka. ¿Hago el esfuerzo y lo copio? Lo intento.

[El autor le cuenta un cuento a un niño]

Piensa que estamos en un pueblecito marinero. Donde el humo y el ruido se han hecho paz. Piensa que estás en la playa —el mar muy tranquilo— y que el agua tan clara te quiere besar. Pero mira ¿ves aquello? ¡es un barco! Un pequeño barco que boga en la mar. Ya traen la pesca a la arena, tras una noche de espera. Pobres pescadores…

            —Pero… yo… quisiera ser uno de ellos; para salir por la noche (con la luna llena) a coger peces dorados…

            Ya no hay sol ni luz: ya no hay niños jugando. Solo queda uno, apoyado en el flanco gastado de la madre barca ¿Sabes porqué son tan anchas y hondas? Mira, ella es como una mamá cuidando de sus hijos marineros. Ella es el pan y la suerte. Solo su cuerpo les puede salvar. Por eso la pintan de vivos colores, y le ponen ojos. Y un letrero que dice ‘MA-540’ que quiere decir que es la Mamá quinientos cuarenta. Sus ojos no miran ya tristes, están animados, sonrientes. Pero ¡ah! Ya está aquí el patrón con sus hombres. Le hablaré, quizá acepte llevarnos.

            Es un hombre mayor, pero no viejo. No es alto ni bajo; su cuerpo es un remo. Sus ojos, cristales gastados; su manos, dos grúas cuando saca la red de la mar. Le digo que quieres salir esta noche con ellos. Me mira muy fijo, sin hablar. Con la cara me explica el peligro: que podemos no volver… Pero al final accede.

            El mar ha callado a la tierra, solo suena su voz.

            Y la Luna nos mira tranquila, trazando una raya redonda —de plata— en el agua. ¡Qué bello camino!”

            Etcétera, etcétera.

            Imposible seguir. Me avergüenzo de lo que escribí hace tanto tiempo. Y si hay algún malpensado que dice “Este lo que quiere es que le supliquemos: ¡Cópialo, cópialo!” se equivoca. ¿Cómo no sentir espasmos y náuseas ante este comienzo:

            “Fria tarde de invierno; la lluvia, incansable, cae desde el cielo gris sembrando de gotas los pulidos cielos de las ventanas; regando las calles tristes, sin gente.”

            (Es mucho mejor lo que escribo ahora. Pero no tengo dieciocho años.)

 

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3 comentarios to “Memoria que no perdona”

  1. José Andrés Says:

    Es vedad. Ahora escribe mejor. Pero tiene su valor.Además se demuestra que lo suyo con la literatura es una afición de toda la vida, no como muchos “blogeros advenedizos”. Orator dixit.

  2. el temido (por su bravura) Says:

    Mientras no sea que Ildefonso Falcones o Dan Brown, al cabo de no se cuantos años nos vuelvan a copiar La mano de Fátima o El Código Newton (perdón, El símbolo perdido), todo lo demás se da por bienleído.
    De todas maneras, puede copiar, que seguro que, aunque lo pillen, no le pasará nada.
    Delenda est Britannia et Dan Brown. Lector salutatus et a veces arrepentitus de lo que lee.

  3. ray - calendar Says:

    Esta reflexion me encanta, solo decir eso. no te imaginas la de documentos de word que he escrito y despues tirado a ala papelera, para conseguir un incipiente texto, que espero en un futuro se traduzca a un libro, y dentro del cuento me encanta la descripción de viejo. Ojala yo pudiera escribir la mitad de bien que el autor de estos parrafos huerfanos, que nunca consiguieron lo que se merecia.
    un saludo sigue así

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