Puntualización

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Como debe ser, he respetado los comentarios adversos que han llegado en relación al “post” de la peleílla con el mexicano emparejado con china, ambos fotógrafos afincados en París. Mi deseo es seguir aguantando los chaparrones que me lleguen pues con toda seguridad alguna parte de razón —poca, seguramente— llevarán.

Yo soy una persona que nunca se equivoca, soy clarividente. La soledad engrandece la facultad de pensar, y si se une un cerebro privilegiado —el mío— con una cultura académica muy asentada y amplia —la mía— los resultados son espectaculares: he ido a un espejo y me he besado. Es lo menos que podía hacer.

Tengo un amigo mexicano desde hace una  década; vive y trabaja en los Estados Unidos. Pero habla y escribe un Español precioso, rico y florido. Y, sobre todo, empapado de las tres características que, para mí, mejor definen el carácter de los mejicanos: buen humor, trato exquisito y cierto pesimismo. Siempre que hablo con él, aprendo. Y es mucho más joven que yo.

De chico me fascinaron las emisoras de radioaficionados; me extasiaba leyendo los boletines de estas gentes que no dormían indicando con banderitas los contactos que habían hecho con lugares más o menos lejanos. Internet superaba con creces todo eso, y hace unos diez años puse un anuncio en alguna asociación internacional de estudiantes de Español buscando correspondencia vía e-mail con alguien de China. Me contestó Pepe Ming, un muchacho católico, a punto de licenciarse en Español en la universidad de… ¡Hong Kong! Cuando aquí era un tema para iniciados comunicarse visualmente (nosotros los veíamos a ellos, pero en España no había webcams) a través de NetMeeting yo hablaba con Pepe Ming. Él trabajaba en la pequeña industria familiar de piel falsa (imitación del cuero) y estudiaba. Ante el ordenador, cuando le escribía yo una palabra que él no conocía levantaba la mano, cogía de una estantería un diccionario y lo consultaba y sonreía hasta salírsele los dientes cuando la encontraba y traducía. Hay que haber escuchado las canciones de la tuna (“Clavelitos”) o “Granada” —entre otras que le habían enseñado en clase— cantadas por un ser humano de cultura tan dispar a la nuestra y a miles de kilómetros para emocionarse ante su dedicación y esfuerzo. Pepe Ming a veces se levantaba bruscamente de la silla y enfocaba su cámara hacia un patio donde se veía el negocio. La modestia de aquella familia era ejemplar. Un día no encontré a Pepe Ming en el NetMeeting, pero sí un correo electrónico en el que se despedía de mí. Iniciaba un largo viaje, con parada en la India, que lo llevaba hasta Argentina vendiendo sus cueros falsos. Era un emprendedor y confiaba en su dominio del Español para convencer a los rioplatenses… Fue una lástima, pero así terminó aquella interesante amistad. Obviamente fue bautizado por jesuitas con el nombre de José, de ahí lo de “Pepe”. Después de irse los ingleses, aquello perdió todo interés.

He tenido un amigo en el Perú (hoy camino de hacerse franciscano) que me ha enseñado las grietas de su pobre casa tras el último terremoto. Tenía colgada de la pared la bandera de su país (igual que aquí). Tengo una deuda pendiente con él. Y me pincha en el corazón. Algún día la contaré. Su manera de hablar, su cortesía, me dejaban admirado. Es cierto que mezclaba muchas palabras del quechua, pero su acento era una pura canción. Igual que las preciosas voces de Manuel y Freddy y su madre Ivonne en Venezuela, con los que celebraba dos veces la Nochevieja y el Año Nuevo: primero el de aquí y luego del allá. Qué familia más agradable. Qué amabilidad innata…

Entonces, estos mandamientos se encierran en dos: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Perdón, la Alianza de Civilizaciones (¡el frasco de las sales, por favor!) me indica que eso no es políticamente correcto: pues bien, mi pelea con el mexicano amancebado con china se justifica por el mal tono que usó; ¿no pudo decir nada ante la foto de un naufragio, verdad? Solo que dónde era eso.

Me gustan poco los chinos. Muy poco, muy poco. Y estoy en mi pleno derecho de decirlo porque hay motivos graves que justifican esta actitud. Me gusta la gente de otro tipo. Y nunca voy a olvidar la foto que encabeza el texto.

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2 comentarios to “Puntualización”

  1. requerido Says:

    si no te gustan los chinos no salgas a la calle, que en la carretera hay muchos…

    por cierto, tu no tienes amigos

  2. el temido (por su bravura) Says:

    Lamento contradecir a Requerido (¿significa muy querido?). Tienes que conocer muy bien a una persona para afirmar de ella que no tiene amigos, y en este caso dudo mucho que lo conozcas, ya que entonces no tiene sentido tu afirmación.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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