la Mercè

facRepito casi literalmente el huevo que he dejado en otro nido bloguero de la competencia: Hoy es el día de la Mercè, escrito en catalán —ese idioma tan rico, tan extendido por el mundo y de fonética tan agradable aunque haya algún facha al que le recuerde ese agarrotamiento que se produce en lo zona bucofaríngea cuando se come sobrasada rancia— es decir: Nuestra Señora de la Merced.

Hace siglos me examiné de Derecho Mercantil tal día como hoy y no se me olvida el mal rato; por supuesto, me suspendieron. Y me suspendió el Dr. D. Antonio Pérez de la Cruz Blanco que ha fallecido de un ataque cardiaco en este mes de agosto pasado a los sesenta y seis años de edad. No seré yo quien ponga en duda la justicia de su calificación —sería muy merecida— porque a mí el único derecho que me ha gustado estudiar ha sido el Constitucional, el Político. Se me dio mal el Civil. Fatal el Fiscal (ahora se diría Tributario) y de pena el Mercantil: nunca es bueno emprender una tarea larga y trascendente que nos resulta odiosa, y yo nunca quise ser economista. De niño, soñaba con ser hornero para quemarle el pan y los dulces a la gente al mismo tiempo que músico y pianista. De adolescente, fantaseaba con ser siquiatra. Fui odiado y escarnecido por el Movimiento (ahora se diría Franquismo) y sus secuaces juveniles: no exagero al decir que padecí tortura con ellos. Más tarde me tiró los tejos el PSOE. Ahora solo quiero ser millonario. Adoro el dinero, las piedras preciosas y el oro.

Tal día como hoy, en un aula inmensa pintada de color verde suave, me senté con mis folios timbrados y mi paquete de tabaco, mi carné de identidad y mi bolígrafo bien entrada la tarde ya. Dictó las preguntas el catedrático, y comenzó el examen.

Al poco rato el Dr. Pérez de la Cruz se levantó del sillón y desde la imponente tarima se dirigió al pueblo (populacho más bien, dada la situación) sin elevar la voz, consciente de que estábamos acojonados y de que allí él era un rey —los tíos importantes que siempre van con traje y corbata se quedan en mangas de camisa cuando quieren ponerse peligrosamente joviales, ahora lo sé pero entonces no— : “¿Saben ustedes qué día es hoy?” dijo, y entre los bancos se oyeron todo tipo de comentarios susurrados en voz baja. Obviamente era una pregunta retórica y en un hombre tan vanidoso no había la menor intención ni interés por oírnos, por todo lo cual concatenó a la oración interrogativa la consiguiente respuesta y se rió (él se rió, aclaro): “Hoy es el día de la Merced, patrona de los presos, ya saben ustedes a quien tienen que encomendarse”.

Bajamos la cabeza y continuamos escribiendo. Unos, lo que sabían. Otros, como yo, inventándose las respuestas. Todos… notando como nos ardían las sienes, eran los cuernos de cabrones jóvenes cuyas volutas salomónicas crecían y crecían.

Incluyo más abajo tres enlaces. Uno, obviamente, es del despacho del extinto jurista y docente. Otro, del que fue compañero mío, ¡quién adivinara su excelso destino! Y una sorpresa final: una compañera de facultad muy muy conocida, que estaba algún curso por debajo del mío. Pero no muchos.

 http://www.perezdelacruz.com/es/socios.htm

 http://www.econlinks.uma.es/home.html

 http://www.estepartidosejuegaeneuropa.com/?page_id=79

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Una respuesta to “la Mercè”

  1. José Andrés Says:

    Cuéntenos algún cotilleo de nuestra querida Magdalena Alvarez, su compañera de carrera. ¿Pero tiene carrera? Ya decía yo que se expresa muy bien. Donde hay clase se nota. Orator dixit.

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