Y yo qué sé, pues lo que se me ha ocurrido…

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Llevan todo el verano arreglando la casa —para los malagueños, bloque— y se está quedando todo bastante bien. Han agrandado la verja de entrada, por fin pudieron arreglar el portero automático y la cerradura, han echado gotelet y pintado las escaleras, han cambiado las ventanas y las lámparas y se nota un cierto aire de novedad. Resulta muy interesante abrir la puerta del piso y creer que hemos tenido algún problema de retina o que hay niebla en el pasillo —la otra posibilidad vamos a dejarla, que dan escalofríos nada más que de pensarlo—: los pintores, para no manchar las puertas, han colocado unos telones de plástico con los que te das en los hocicos nada más salir del ascensor o, como digo, asomar la nariz fuera de la vivienda que me acoge.

     La vida está hecha de pequeños detalles aunque los pequeños detalles de los ricos y poderosos son mucho más grandes que los grandes detalles nuestros. Uno de los pintores coloca en el alfeizar (o poyete de la ventana) una radio sintonizada en alguna emisora de música no stop de esas que enganchan un disco con otro a cada cual más feo y obsesivo. Mientras yo hacía no sé qué cosa en la cocina —debería recordarla por lo poco que hago allí, pero no caigo— cuya ventana es contigua a la del pasillo que da a la escalera he oído la voz del locutor que anunciaba en un descanso (quizás para echarle agua al radiador y refrescarlo, vaya chiste más malo) que oíamos Radio Chanquete 95.2 FM abundando en la información con una página web. Me voy a ella y encuentro un collage con la estatua de El Cenachero que lleva al hombro un loro (radiocacés), a su lado un enlace en forma de torito negro con sombrero de verdiales te lleva a una sección que se llama, oh, Los 20 Frikipales.

     Como lo del tal Pablo Ruiz, este es uno más de los muchos sapos que ya no estoy dispuesto a comerme: Los verdiales son unas agrupaciones —pandas, que en su remoto origen fueron de origen campesino y hoy un producto de merchandising— de cantes y bailes de los pueblos cercanos a Málaga, en la zona de Los Montes y Axarquía, acompañados por una orquestina en la que hay violines hirientes incapaces de desarrollar una mínima melodía, almireces y crótalos que perforan el oído, panderos irritantes y cintas de colores, muchas cintas; cintas colgando del borde de los sombreros que llevan los hombres (la orquestina es machista), cintas en las manos, cintas en los instrumentos… La tradición es maravillarse ante ese fósil cansino (hay quien lo llama sagrada reliquia), asistir con una devoción más que religiosa y la boca abierta, quedar en éxtasis y, al terminar, aplaudir con lágrimas en los ojos mientras que los artistas miran a su alrededor con una arrogancia impresionante. Como no bebo alcohol soporto los folclores solo durante algunos minutos. Al cabo de media hora tan pringoso me resulta un gaitero escocés como uno gallego. Tan aburrida y empalagosa me resulta una antiquísima cobla catalana (del siglo XIX viene, o sea) como una antiquísima cobla catalana: sonríe, porque no es un error, ¡no hay nada en este mundo más indigesto que estas orquestillas de barretina y butifarra! ¡Ah! Ya entiendo la expresión de tu cara: que no sabes lo que es una cobla. Mira, casualmente tengo a mano su definición pero está en catalán, y no la vas a entender. Hagamos una cosa, yo te la traduzco después con mucho gusto. Venga, lo primero escribir la cita en ese rico idioma que debes aprender, aunque te cueste mucho esfuerzo:

La cobla és el conjunt instrumental que interpreta les sardanes i que està integrat per onze músics i vuit instruments diferents, quatre dels quals estan doblats per tal d’augmentar i equilibrar la potència del so. La distribució dels instruments manté un doble semblant al de l’orquestra simfònica: els instruments es disposen segons la seva freqüència, potència de so i material de construcció. Així d’esquerra a dreta es situen des dels més aguts als més greus, al primer esglaó els aeròfons de fusta (flabiol, tible i tenora) i el segon els aeròfons de metall (trompeta, trombó i fiscorn). El contrabaix se situa a l’extrem dret i el tamborí a l’esquerre.

La cobla es el conjunto instrumental que interpreta las sardanas y que está integrado por once músicos y ocho (vuit en catalán, huit en francés, o sea) instrumentos diferentes, cuatro de los cuales están duplicados con tal de aumentar y equilibrar la potencia del sonido. La distribución de los instrumentos mantiene un doble parecido con la orquesta sinfónica (glup, wow, qué modestia): los instrumentos se disponen según la frecuencia, potencia de sonido y material del que están construidos. Así de izquierda a derecha están situados desde los más agudos a los más graves…

     Prefiero no seguir.

     La artesanía es para los pobres, y el Arte para los ricos. Por eso, en las escaleras de mi casa, los techos han sido pintados en blanco y en un cremita las paredes (en Málaga, la gradación del color se hace a base de diminutivos: rosa – rosita, y así sucesivamente: amarillito, celestito, naranjita, rojito, etcétera).

     Vale. No pretendo yo resucitar a Corrado Giaquinto o a Tiepolo o a Mengs para que me decoren esas estancias, me conformaré con el buen oficio del muchacho que oye Radio Chanquete.

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