“Era el mejor de los tiempos y el peor”(Dickens)

beleneeeeeeeeeeeeeeee

It was the best of times,

it was the worst of times…

           —Es que como ahora hay tanto malo —dijo la mujer queriendo justificar sus agrios modos. Antes se la habría llamado fregona o verdulera o, más remotamente, se le habría dicho que era una tricoteuse. Hoy, al menos en mi entorno local, recibiría el calificativo de tía guarra.

            La cosa fue así, contada como una mala película: exterior, día; calle concurrida del barrio, plagada de tenderetes —perseguidos por la policía municipal a instancia del comercio legal asfixiado por los impuestos— erigidos efímeramente sobre una simple banasta, con los ajos o los chumbos o los espárragos o los altramuces o las ñoras encima. Una señora octogenaria con bastón, oliendo a polvos de talco y colonia de baño, limpia, bien arreglada dentro de su modestia, pasa al lado de una madre con un niño de unos dos años anidado en el cochecito. Le pasa la mano por la cabeza y le sonríe al chiquillo. Reacción materna: le da casi un manotazo a la anciana y le aparta el niño diciendo palabras repugnantes.

            Cada día me duele más ver a una mujer mayor sufriendo con dignidad su decadencia y volcada en seguir sirviendo a los demás. Mentiría si dijera, para redondear el relato, que había visto lágrimas en los ojos de la anciana. Yo iba andando y no me detuve pero me dolió el gesto agrio de semejante pelúa. No es una anécdota eso está ocurriendo ahora en una Andalucía que —dicen— está de lujo (pronúnciese, por favor, así: deluho, convirtiendo la jota en una hache cuanto más aspirada y castiza, mejor).

            Ante la guillotina, las tricoteuses siempre se pronunciaban a favor de que rodaran las cabezas de los reos. Así son estas mujeres andaluzas jóvenes, incultas, maleducadas, egoístas, sin oficio y sin escrúpulos. Y adoran a Bibiana.

            No voy a saber reconstruir el recuerdo, es muy difícil: un día escuché por la calle a dos mujeres de unos treinta años hablando de un hombre. Una de ellas reproducía lo que le dijo a él: “Y tú, que eres un tío demócrata de toa la vida…” Claramente usaba el adjetivo demócrata sin saber lo que significaba; ella lo había escuchado mucho por la tele como una autoalabanza, como una coletilla mágica que usaban los políticos (“tú, facha; yo demócrata”) para descalificar al enemigo —que no adversario— y lo usaba de manera lamentable.

            Mucho se ha bromeado con las alanteas (lentejas), medecinas (medicinas), analises (análisis), pretorlio (petróleo) y andalias (sandalias). Pero el malagueño escuchimizado y con el cigarro en la boca cuando pasaba ante una mujer hermosa y de buen ver  le decía “Esto es carne y no lo que le echa mi madre al puchero”: ¿Qué mujer razonable podía enfadarse por eso? O para indicar que se estaba perdiendo el tiempo el mandamás soltaba “Menos rollo y más manteca al bollo”. Había gracia, ingenio, rapidez y precisión verbal. Hoy, una manta espesa de telebasura cae sobre las mujeres jóvenes andaluzas (jóvenes, incultas, maleducadas, egoístas, sin oficio y sin escrúpulos) como las cenizas del volcán que dejaron Herculano y Pompeya hechas un asco para suerte nuestra…

            Por eso, veo con emoción el deambular de tantos cientos de mujeres mayores en estos días de vacaciones. Compran exactamente lo que van a necesitar de hortalizas para guisar tres días, vigilan que no las engañen ni en el peso ni en la calidad del producto ni en el dinero, siguen un protocolo eficaz en las colas de las tiendas: piden la vez, si hay mucha gente, y mientras llega su turno, cruzan a por el pan o a comprar el cupón (de los ciegos). Compran tintes del pelo para teñirse las canas en su casa y cuando van a la peluquería —porque algo importante se cruza en sus vidas— salen de allí con la cara arrebolada y una melena más sólida que el casco de un romano gracias a la laca. Los hombres de su misma edad arreglan el mundo desde los bancos de las plazas y jardines, de los cafés y de los asientos de las paradas de autobús. Pero luego, al mediodía, tienen las almóndigas (albóndigas) o las cocletas (croquetas) en su punto sobre la mesa. Y si están algo decaídos, una sopa pobre de pescado —en blanco le llaman aquí— intentará arreglar la cosa. Veo mientras almuerzo una película para no mirar ni de soslayo los telediarios. Hoy toca Amarcord de Federico Fellini. Endiosado por la crítica y la progresía, el cineasta evidencia unas carencias en su trabajo del tamaño de cráteres lunares. Pero hasta lo malo es bueno si lo comparamos con el cine español. Cuando en la película la familia come, en la mesa de la cocina la madre se sienta de mala manera en un lateral y el padre en la cabecera. Los disgustos los dan los hijos, el padre pierde los nervios y a voces persigue por el jardín al adolescente para abofetearlo, la madre persigue —obsérvese el matiz— a su vez al hijo pero con el plato de pollo para que, entre grito y grito, amenaza y amenaza, el muchacho se lo coma…

            Qué intuitivas son las mujeres mayores. Cómo se dan cuenta de que alguien sufre o tiene algún problema…

            Dicen que dijo —sería una lástima que se levantara de la tumba y, descabezada, lo desmintiera— María Antonieta oyendo los aullidos del pueblo de París ante las mismas verjas del palacio, hambriento por que no tenía pan: “Qu’ils mangent de la brioche!”

            Y llevaba razón: podían haber comido bizcochos. Pero los pobres, ya se sabe, escriben con su tozuda necedad su propio infortunio. Pan. Y solo pan. Siempre pan. Así no se sale de pobre.

           Pan. Con lo que engorda…

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3 comentarios to ““Era el mejor de los tiempos y el peor”(Dickens)”

  1. KI Says:

    “salen de allí con la cara arrebolada y una melena más sólida que el casco de un romano gracias a la laca.” jajaja que excelente descripcion :D

    Éxitos nuevavidavirtual

  2. Yo misma Says:

    Una mirada, un gesto, unas desafortunadas palabras, pueden romper el corazón, solo percibido por alguién de nobles sentimientos, estoy convencida que usted tramsmitió de alguna manera consuelo a la anciana, lo sé porque lo he leído aquí. Gracias en su nombre, aunque ella no llegue nunca a saberlo.

  3. el temido (por su bravura) Says:

    Esto se está convirtiendo en un programa de TELE 5. Primero Falete y luego Belén Esteban.
    No voy a comentar nada, ya que estoy muy contento: acabo de descubrir cómo funciona un enchufe britano; cómo una entrada de 3 polos se convierten en dos. ¡Hay que ser enrevesado! Newton debía de haber nacido en otro sitio.
    Delenda est Britannia et suas connectiones ad electricita. Lector salutatus.

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