Agencia de Viajes

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 Un lector  no digo ya con dos dedos de luces ni siquiera, si me apuran, con medio meñique de entendimiento, un visitante de este blog simplemente atento se habrá dado cuenta de que mi viaje ha sido una operación quirúrgica. En cierta manera, una excursión es: a uno lo mandan con un jeringazo a esa especie de limbo neurológico que les posibilita el cortarnos a ruedas como a la pescada, cosernos y graparnos tal si fuéramos el trabajo manual de un mal alumno que todo lo arregla con pegamento y mucha pintura. Luego, nuestros ángeles particulares, santos y santas, Ánimas del Purgatorio y toda la Corte Celestial en pleno se encargan de soldar esas cicatrices que han abierto en nuestras queridas carnes y consiguen que el proceso se parezca a la escena cumbre de Los Diez Mandamientos, cuando Yahvé abre y cierra el Mar Rojo como una cremallera. Qué tiempos. Ahora Dios anda escondido —quizás porque Hollywood ya no es ni sombra de lo que fue— y no quiere hacer esos milagros tan espectaculares para que luego nadie haga una superproducción.

     Por cierto, nótese que antes un andaluz no decía merluza (y la prueba es que subsiste la palabra pescadilla y, en cambio, no existe el término merlucilla) sino pescada; ni judías debería escucharse tampoco, porque son habichuelas. Pero ya se sabe, el andaluz cree que por ahí arriba son más finos porque dicen cocinar, a casa, concierto, chico y baño. Han destronado el verbo guisar. Muchacho queda muy basto y váter (palabra que hasta Word® la reconoce) da una impresión malísima. Creen muy elegante decir “vamos a casa” o “en casa vas al baño cariño” al hijo déspota que se mea (o caga) por las patas abajo. Naturalmente estos ejemplos de catetería léxica son solo una muestra, no hay que olvidar la ofensa a la inteligencia que son el olvido permanente de los gentilicios —madres y padres, todos y todas, niños y niñas— y las terribles aportaciones socialistas a la lexicografía española: la veda se abrió con la risita de una estúpida que en el atril del Congreso de los Diputados dijo jóvenes y jóvenas. Esa idiota, además, era profesora de Lengua Española en un instituto y hablaba con ínfulas de sabihonda despectiva. Carmen Romero, insigne esposa del no menos insigne Felipe González, junto con la Bibiana —miembros y miembras— son el fiel reflejo de lo que es Expaña: meten la pata hasta la cintura, no piden disculpas y exigen que cambie el DRAE tras sus deposiciones. El adanismo integral, qué asco. Qué miserable es “como la realidad me molesta, eliminenla y pongan otra a mi gusto”. Nazismo puro.

     Odio especialmente la aplicación de la nobilísima palabra concierto para designar esos espectáculos patéticos de cantantes de hoy en día (patéticos y asquerosos sin son españoles), cuando es de cultura general que el concierto es una forma musical creada en el siglo diecisiete. Dentro de poco habrá sinfonías de La Oreja de Van Gogh (no han querido nombrarme Ministro de Cultura porque sabían que mi primer decreto en el Boletín Oficial del Estado habría sido declarar ilegal ese nombre artístico que se mofa del drama de un pintor al que todo en la vida le salió mal, menos sus obras). A los berridos de esos cuadros flamencos de fusión andalusí con intérpretes cuyo arte singular es dar porrazos en un cajón de madera y poner cara sublime pronto los llamarán sonatas. Falete es Expaña —y no por su travestismo, que es grotesco, sino porque es muy mal cantante (o muy mala cantanta)—. Esta mañana, sentado en el sillón giratorio de la peluquería de barrio donde me arreglo esta melena rebelde de pelo negro que tanto me molesta en los días de viento al darme en los ojos, he sentido lástima de tres jóvenes que estaban sentados con paciencia tibetana esperando su turno para que el peluquero joven —el padre, que es un maestro, le corta el pelo a los niños que van con sus madres y abuelas “in vigilando” y a los hombres de más de treinta años— les hiciera sus cortes y mechas de moda. En la radio comenzó a sonar una rumbita malísima, con un estribillo soso y mal hecho. Pues bien, el muchacho que estaba ya con el babi puesto y la cabeza medio pelada se echó a cantar con una voz preciosa, llena de facultades, la canción que escuchábamos y me dije: con qué poco se conforma la juventud de ahora. Esa voz sin cara que tarareó a mi derecha valía más que la reproducida por la radio.

Addenda

¿Qué le ha pasado en su “viaje”? Primero defiende el francés, y luego el griego. ¿Ha leído a D. Sigmund? Delenda est Britannia et Ikea. Lector Salutatus.

La primera vez que oriné sin sonda, aún en la clínica, tardé varios minutos en encontrar… lo que se supone imprescindible para ello. Hubo un largo momento de pánico. Entre las brumas del cóctel de antibióticos pensé que al señor cirujano, puestos a cortar, se la había ido la manita y me había desgraciado para toda la vida dejándome como a un castrato. Cuando entre tanta venda y esparadrapo apareció aquello que buscaba con ahínco… suspiré profundamente con agradecimiento. La mente tortuosa, pero ñoña (cual milady ante una taza de té y un sándwich de mantequilla y pepino:  traerá consecuencias el ejemplo, lo sé) de Lector Salutatus (Delenda…) pretende decirme guarro pero amaga y no da. Por eso se escuda en el padre de la Siquiatría y siembra la duda de si estuve (o no, como diría el genial, el incomparabale, el superman de la política, Rajoy) en vez de operaciones y quirófanos… en una larga estadía en el puticlub El Escándalo. ¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuando tendré que soportar estas insidias?

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2 comentarios to “Agencia de Viajes”

  1. Deprisa Says:

    Yo me sigo preguntando si Falete es hombre o mujer porque mis dudas me presenta. Creo que podrían hacerle un examen de sexo, tal como le han hecho a la ya famosa Semenaya en los mundiales de atletismo de Berlín.

    Cuando dicen que este es un país de pandereta…por algo será. Lo mejor de todo, y lo que más gracia me hace es que quieren reescribir el diccionario dándoselas de sabiondillos.

    Luego nos mirarán por encima del hombro o nos exigirán la retirada inmediata de nuestras “difamaciones”. Que viva el producto nacional.

    Un saludo.

  2. el temido (por su bravura) Says:

    Todavía estoy pensando en el ejemplo de la mantequilla (volvemos al francés del último tango), y del pepinillo (comida griega).
    No pretendo amagar; es que la ironía es la poca vergüenza con educación.
    ¿Alguien recuerda Mamy Blue a ritmo de rumbas? A lo que hoy se llama fusión, antes se le llamaba merdelloná.
    Ánimo, y a aguantar.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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