to say

            Cuando yo era un adolescente —evito etiquetarme como estudiante— nadie estudiaba Inglés, así se entiende que yo confunda el Pasado Simple del verbo to say con un apellido. Mi versión era más bonita, más a lo Lawrence de Arabia, pero falsa. Al aguafiestas de turno le ha faltado tiempo para reconvenirme que Carlos Said no es ni más ni menos que Carlos Dijo. Es verdad, pero suena fatal… Los coches pierden su belleza cuando se levanta el capó.

            Bueno, cuando yo era un adolescente —nunca me llamaría a mí mismo estudiante— todo el mundo daba como idioma extranjero el Francés. Recuerdo que de una clase con más de treinta tíos sentados la Señorita Fanny —piensa en la vieja de pelos blancos de Marie Brizard et Roger (Bordeaux) y así tienes una réplica perfecta— se llevaba a un alumno. Y creo que este muchacho quería ser militar, o sea, que no estaba bien del coco.

            Tuve tres profesores de Francés: una catedrática, la Señorita Leonor, absolutamente… excéntrica (murió prematuramente y era una mujer educada y buena, por eso no merece que le asigne ni en broma el calificativo de chalá perdía estado penoso que parecía inevitablemente asociado a los profesores de esta materia), después fui discípulo muchos años de don Rogelio M* nacido en las caldas aguas de Niza y absolutamente idiota y finalmente, antes del paso a la universidad, me dio clase Maricruz T*, madrileña, joven, recién casada —muchos compañeros míos hacían chistes sobre sus andares al llegar por la mañana— mujer ingenua y un poco de “quiero y no puedo” o parvenue; tenía frenillo al hablar y abusaba de la coletilla del nespá? [n’est-ce-pas?]. A fieras corrupias de entre quince y dieciocho años nos puso a dar un recital de poesía francesa para compadres de la misma edad de otros colegios en el que a mí me tocó en desgracia el cargante poema de Paul Verlaine Chanson d’automne. Observa la rancia cadencia, el añejo ametrallamiento rítmico de la primera estrofa…

 

ta ta ta

ta ta

ta ta

ta ta

ta ta ta

 

Les sanglots longs

Des violons

De l’automne

Blessent mon cœur

D’une langueur monotone.

             Osú, por dióh!

            No saber Inglés más que problemas lo que siempre me trajo fueron situaciones cómicas. Si ave, caesar, morituri te salutant fue las aves del César murieron por falta de salud, para mí en los almacenes Harrod’s la sección Carpets debía estar llena de maravillosas carpetas (todas las habían retirado, los muy mamones, sin aviso previo cambiándolas por alfombras). Yo era en las calles de Londres un pedestrian sin saberlo. Y, evidentemente, diecisiete libras esterlinas no eran setenta a pesar de lo que se parecen ambos números al pronunciarlos. Alguien me hizo sonreir por última vez contándome como en Irlanda responden  de manera automática con un It’s lovely hasta las cajeras al recibir el dinero.

            He llegado a una fase de mi vida en que me asquean los idiomas extranjeros. Cada día que pasa me gusta más mi propia lengua. Achaques de la edad.

           Que tengas un buen día, lector o lectora. Y gracias por hacer esta visita.

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2 comentarios to “to say”

  1. Carlos 'el arabe' Says:

    Pero que bien cuentas las cosas leñe!!!

    Chapeau!!!

  2. el temido (por su bravura) Says:

    Lo del coche y el capó no me convence. En la Bella y la Bestia dicen que la belleza está en el interior.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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