Hola ¿cómo estás? Sí, hablo contigo…

Veo la mesa hecha un caos. En su tiempo fue un mueble de diseño espectacular y adelantado a su época; los cajones tienen un cierre centralizado y por las patas más anchas se podría introducir el cableado de ofimática tan engorroso siempre. Sobre el rectángulo color crema del tablero hay tres zonas ocupadas por el ordenador que me une a ti y sus periféricos. Quien piense que es superficie muerta está equivocado. El monitor lo tengo subido sobre una caja forrada de tela para que quede a la altura de los ojos, pero en el borde libre que hay entre el pie y la superficie en la que se apoya voy dejando cosillas chicas tan útiles y necesarias como una pinza, trozos de plástico transparente cortados como etiquetas, un pendrive precioso de la editorial Santillana, la tarjeta de una tienda que se llama Momentos y que vende objetos minerales, la estampa del Niño Jesús de Praga y una foto de carné del libro de escolaridad siendo yo un muchachillo. Pero sobre el pie del monitor hay además una cajita con otros dos pendrives y un jarroncito de madera de olivo fabricado en Tierra Santa (Israel) de unos cuatro o cinco centímetros de alto. Esta caja que sirve de base al monitor está bordeada por: un libro —Palabra y Vida 2009—, la funda vacía de la cámara, un vaso para lápices argentino con la leyenda El que vive de la caza / a cualquier vicho (sic) se atreve / que pluma o cáscara lleve / pues cuando el hambre se siente / el hombre le clava el diente / a todo lo que se mueve.- Martín Fierro y la imagen de un gaucho a caballo. Dentro hay bolígrafos y un diapasón. Siguiendo el cerco del pedestal del monitor encontramos un vaporizador para limpiar superficies de cristal, al lado dos botes más para lápices.

A mano izquierda, sobre la mesa veo muchas notas manuscritas recordándome temas o personas. Cojamos una, dice: Étienne-Louis Boullée, 1784 = Monumento a Newton. Se refiere al sobrecogedor arquitecto francés en el que, según mi opinión, creo yo que se inspiró su colega nazi Speer. Nunca me he fiado de los nazis buenos como la directora de cine Leni Riefenstahl o este arquitecto favorito de Hitler; Albert Speer supo morir —qué casualidad—  en Londres muchos años después, intuyo que engañaría a los jueces de Núremberg fingiendo que desconocía el exterminio. Si estáis aburridos, meted estos nombres propios en el padre gúguel sección fotos: es alucinante. A ver si alguien me dice si ve parecido entre los proyectos de Boullée y de Speer. ¡Gracias!

Otra notita escrita con tinta roja: adams style, adamesque, palladian. Cuánto me ha gustado siempre una columnita, un templito… y si ya es pasado por el filtro renacentista o neoclásico, más aún. Hay una lápida muy famosa con unas palabras de mi adorado arquitecto Robert Adam (hermano de sus hermanos, de ahí el plural “adams”); siempre entorno los párpados y me pongo en guardia ante estos genios en su especialidad cuando otros los meten a consejeros morales. Verás qué estupidez lapidaria es adorada en una loseta de piedra:

Look what

can you see.

I see beauty

in the lochs.

I see majesty

in the mountains.

I see legend

in rocks.

… And it is ours.

Encuentro cierto parecido con las palabras del Demonio a Jesús cuando le dice —más o menos, yo no estaba allí, oye… que hablo de oídas— en sus tentaciones desde lo alto de un monte: “Todo esto te daré si postrado me adorares”. Todo esto te daré si, humildemente, admites que Mi Equipo ganará la Champions League. Parece ser que Jesucristo dijo: “Xaval, va a ser como que no. Puerta.”

Grapados, me encuentro otros papelitos con marcas y modelos de coches exhibidos en concursos de elegancia, nombres de locutores de radio impresentables para escribirles y ponerlos de vuelta y media. El teléfono móvil. La cartera. Pilas. Un calendario. Una caja aprovechada para guardar conexiones. Una codera que me aprieta demasiado. Unas tijeras Wilkinson… Todo eso, y quizá más cosas, hay encima de mi mesa. Esto es un caso claro de síndrome de Diógenes.

En Granada le dicen “altaricos” a esos conjuntos decorativos auténticas acumulaciones de cosas que formamos todos en la casa. Miro al frente y veo una figurita de Buda sobre el modem que parpadea alegremente, sus ojitos verdes dándole cariñosamente paso a ejércitos de virus, programas espías y correos spam variado son una compañía.

—•—

Edito el texto ya publicado solo para decir esto: Mis arquitectos favoritos son Andrea Palladio (1508), Robert Adam (1728),  Jhon Nash (1752), y Óscar Niemeyer (1907). Solo pongo la fecha de nacimiento porque no hay constancia de que haya muerto ninguno de ellos.

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Una respuesta to “Hola ¿cómo estás? Sí, hablo contigo…”

  1. José Andrés Says:

    Es verdad que siempre nos rodeamos de cosas, aparentemente inútiles, pero si están ahí es porque tienen algún sentido para nosotros. Me ha llenado de alegría el ver que tiene Vd. Palabra y Vida 2009 a mano.Si lo tiene a mano es porque de vez en cuando le echa un vistado. Es un buen vademecum, se lo digo por experiencia. Gracias por ser tan sincero y contarnos cómo es ese rinconcillo tan íntimo -altarico- y tan personal. Orator dixit.

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