De culos (y sin embargo, todo muy fino)

Quizás vaya a Madrid pues me he enterado que traen el Discóbolo por vez primera a España. Siempre me ha gustado mucho volver del revés las cosas, mirarlas por detrás, girarlas, desmontarlas y hacer un drama cuando me sobran piezas. La verdad, me ilusiona contemplar el trasero de blanco mármol de ese atleta que, ignorante, ganó hace miles de años una prueba deportiva tan tonta como todas las demás pero gracias a la cual es ya como de la familia: universalmente bello, conocemos sus pies, sus genitales, sus manos, su cabeza… pero ¿y su culo? Me explico. Hay culos y culos, y en clase de culos masculinos puede decirse que solo dos son canónicos, el que comento de Mirón y la magnificencia ignota del trasero de ese David hecho por un Miguel Ángel recién descubierto: avaro, aristocrático y cateto sin menoscabo de su genio. Para quien necesite un modelo a imitar, ahí tiene dos culos bastante perfectos. Hablando en serio. Los que estudiamos Historia del Arte en un libro de la Editorial SM que alegraba la aridez de sus texto con unas páginas centrales en blanco y negro llenas de fotos tamaño sello de correos; esa miserable colección tenía que servir para generar admiración desde Altamira hasta Dalí, pues para el régimen franquista —en uno de sus pocos aciertos— el tal Pablo Ruíz no merecía consideración alguna. Para los que tuvimos una profesora que al proyectar en la pared algún desnudo se ponía irritada… ver el Discóbolo en tres dimensiones ahora, de verdad, sería precioso.

Hoy me he traído del recuerdo uno de los cuadros que más me gustaban de niño, el retrato de Madame Récamier pintado por J. L. David (no confundir con el de Gérard). Siempre he pensado (y en una persona intelectualmente tan preparada —tan culta— como yo mi opinión es ley) que el retrato es la pintura más difícil pues va más allá del reflejo físico del modelo. Desde la infancia el Moisés de Alma Tadema, los últimos momentos del Emperador Maximiliano de Méjico de Jean-Paul Laurens (¡nunca lo de Manet!) y varios cuadros de Ramón Casas me marcaron para siempre como un voyeur.

Hay mañanas en que me levanto con muchas ganas de ser Carmen Thyssen, puñeta. Lo de los pelos rubios sería el menor problema ¿verdad? Ay.

mct

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Una respuesta to “De culos (y sin embargo, todo muy fino)”

  1. El temido (por su bravura) Says:

    Siempre se te ocurre fijarte en lo más difícil; si en vez de en los traseros te fijaras en los delanteros, hay muchos ejemplos. Cuando estudiaba Historia del Arte en un libro de dos tomos, firmado por un tal Martín González, y nos ponía las diapositivas Encarnita (profesora no numeraria, famosos PNN), siempre salía a colación la frondosa delantera del Caballero Rampín. Ejemplos de pirulos famosos en la escultura griega hay muchos, como el de Los Tiranicidas. Y si no quieres dar vueltas para ver un trasero, siempre puedes ver El Toro Farnesio. Por delante y por detrás.
    Sin querer ofender a nadie, por supuesto.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.
    P.D. Se me olvidó citar el otro día la Heladería Cremades, también levantina.

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