Haendel, J. S. Bach y Doménico Scarlatti nacieron en el mismo año

y

      El otro día estuve en Cambridge.

     No es mal sitio para rellenar una aburrida tarde de Domingo de Ramos.

     La capilla gótica del King’s College acogía bajo sus bóvedas de abanico (fan vault) la interpretación de El Mesías, ese oratorio de Haendel tan lleno de belleza que ha trascendido socialmente hasta convertirse —junto con Las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi, el cura pelirrojo— en algo que todo el mundo conoce e identifica, al menos por algún fragmento que suele ser el Aleluya. Es, si se quiere, como la Victoria de Samotracia y el Louvre. Obra y autor forman ya una íntima unidad léxica.

     Cientos de cines en todo el mundo pusieron en sus carteleras la retransmisión en directo desde Cambridge cuya universidad conmemora su 800 aniversario.

     Fue un espectáculo maravilloso, la magia digitalizada y vertida por un sinfín de chorros (ríos) de sonido Surround 5.1 se complementaba mutuamente con unas imágenes sobrecogedoras en alta definición: Nadie ha sabido explicar el misterio de las catedrales y obras de arte parecidas. Ken Follet (“Los pilares de la Tierra”) lo intenta pero enseguida su inteligencia le avisa de que es imposible y, literalmente, despeña su obra magna por derroteros absurdos para ocultar con buena literatura lo que es un fracaso total. No consigue explicarnos porqué se levantaron esas tartas góticas —mi pasión es el Renacimiento— pero lega una novela preciosa a la Humanidad.  No tiene parangón con el caso de ese librito… esa novelilla indigesta… ese panfletillo pringosamente nacionalista con pretensiones de épico: solo le falta al prota Arnaldo —oh, perdón: Arnau— poner en la clave de la bóveda el letrero de Freedom For Catalonia… Ay ¿cómo demonios se llamará? ¿Naveira do Mar? Creo que no, en esa canción gallega hay demasiada belleza y gracia como para ser… Ya: “La Catedral del Mar” de Ildefonso Falcones. Un engrudo de novela escrita por un mal aficionado. Voy a copiar unas líneas de la crítica hecha por alguien —que no revelaré— revestido de la autoridad que yo no tengo:

 

‘Si libros como este son éxitos en ventas, se deben principalmente a que en nuestro país se lee poco. Mucha gente lee un par de libros al año, la mayoría de las veces en verano, y un libro de esta clase, de los denominados como “novela histórica” que generan en el lector la ilusión de que aprenden historia, al tiempo que leen y se entretienen, junto con una lectura fácil y donde las acciones en las que se mezcla la aventura con amores y desamores, venganzas, celos, injusticias, etc. son bastante previsibles, hacen de estos libros un pasatiempo estupendo, sino que le pregunten a Dan Brown [El código Da Vinci y demás bodrios anteriores y subsiguientes]. Leer pocos libros lleva a pensar que éste que tenemos entre manos “es la bomba”, cuando es otra fotocopia más de miles de libros anteriores similares, pero mucho mejores como, Los pilares de la tierra, (aunque con éste la única relación que guarda es que como telón de fondo hay una catedral en construcción. Ahí acaban los parecidos) (…).

En lo que respecta al libro como he dicho antes me ha dejado muy frío. En momentos puntuales, como el porteo de la piedra, por el joven Arnau, al cual Falcones quiere dotar de una aureola de heroicidad resulta descafeinada, parecido a lo que ocurre en su pasaje final. Parece que el autor ha metido el fuego de metralla al comienzo y fin de la obra, y el tramo intermedio resulta deslabazado y anodino, con unos personajes apocados, y episodios folletinescos de revolcones y amores no correspondidos. Las páginas en las que el autor se explaya explicando los pormenores comerciales de las transacciones marítimas son un coñazo.’ Y se queda corto.

     Volviendo a Cambridge, que me interesa mucho más que Barcelona, y su performance del Messiah me queda por decir que la orquesta (Academy of Ancient Music) era un prodigio de técnica, coordinación y musicalidad. El coro… un espectáculo en sí mismo: cuarenta voces masculinas (desde las blancas hasta los falsetes/castrati que imitaban la voz femenina) con una preparación exquisita y unos rostros (ojos, pelo, boca, gestos) inevitablemente británicos. El tenor y el bajo, discretos y con poco fuelle. Las dos sopranos, magníficas; especialmente la mezzo Alice Coote que alcanzó la genialidad en muchos momentos; sin caer en los grotescos aspavientos de las divas continentales, expuso su voz pura y densa en el seno de una dramatización perfecta a pesar de su soledad escénica: no había telón ni tramoya, ni comparsas, ni recitativos, ni luces espectaculares como en la ópera. Solo bóvedas de abanico (ya sabes: fan vault) y vidrieras. Piedra, plomo y cristal. Y la Biblia. Y la Música.

El público y director casi pasaron desapercibidos, como debe ser.

·Lectori Salutem·

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Una respuesta to “Haendel, J. S. Bach y Doménico Scarlatti nacieron en el mismo año”

  1. El temido (por su bravura) Says:

    Por el mismo año más o menos, Sir Isaac Newton (el único britano que merece mis respetos), formularía las leyes de gravitación universal. Bueno, tienes razón en cuanto a los libros: no es lo mismo un best seller, que un best writer, y ejemplos hay muchos; incluso un mismo autor (Ken Follet por ejemplo), es capaz de escribir Los Pilares de la Tierra, y luego largarte la patatá de En el blanco. Hay un autor muy curioso llamado Valerio Massimo Manfredi, que alterna (uno bueno, uno malo, otro pésimo). El último ha sido El ejército perdido (pesado hasta más no poder, y nada que ver con El Tirano o la trilogía de Alexandros).
    Pero para bueno bueno, no os perdais a nuestro paisano Miguel Ruíz Montañez y su oda al asesinato de la literatura llamada El Papa Mago (peor que La Tumba de Colón, que ya es decir). Bueno, yo leo de todo, pero la novela histórica es mi preferida, y quiero recomendaros tres libros que a mí me parecieron increíbles: Azteca de Gary Jennings (la continuación no vale nada), Las hogueras del rey (Pedro Casal), y El hombre que tenía miedo al mar (exministro Abel Caballero).
    Me come una duda: ¿Dónde metemos “El Embrujo” de D. Nuevavidavirtual?
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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