friday 13th: really this is not lovely!

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Va a ser verdad al final. Me está dando mala espina esto de los viernes y trece. Habrá que echar mano de los amuletos, buscar la higa de azabache y poner en remojo la rosa de Jericó.

Ya hemos echado fuera el invierno, y las tardes son mucho más largas comenzando a ser posible andar con luz natural por las calles agobiadas de coches. Paso tras paso observo que a negocio cerrado, tienda china que lo sustituye. Estos chinos… Qué gente más decepcionante y más peligrosa: son pobres pero con una altivez sin límites; carecen de educación, no son higiénicos y hablan a ladridos. Desconfiados y tristes… no conocen la democracia ni les interesa; la tortura y los juicios sumarísimos que desembocan en la pena de muerte es lo habitual en China. Comercian hasta con los órganos de los ejecutados, en fin, un paraíso. Y además, les encanta el caniche al ajillo.

Iba yo haciéndome estas reflexiones por mi habitual y querido Paseo de los Tilos que no es la Unter den Linden ni la Kurfürstendamm —pues Málaga no es Berlín precisamente— y mientras constataba lo fea que es la calle iba sorteando las embestidas de las conductoras de cochecitos de niño chico que constituyen un peligro tanto para sus hijos, pues sin duda quieren matarlos usándolos de ariete, como para el resto de los peatones. Un historiador francés —disculpa que no cite la fuente, pero tengo poca gana de rebuscar ahora— documentó que en la Francia del s.XVIII el parricidio disfrazado de asfixia accidental bien con las ropas de cama o por echar los padres el cuerpo sobre el bebé en el lecho matrimonial fue frecuentísimo. Nada nuevo bajo el sol, como decían nuestros parientes lejanos. No puedo evitar contarte algo precioso que he descubierto buscando en el diccionario un sinónimo de ariete (que no lo había). La etimología es latina y viene de aries = carnero porque en la punta de los arietes romanos —no le des a leer nunca a un niño las porquerías de Astérix y Obélix— se ponía una cabeza de carnero de hierro o bronce. Quizás, lector/lectora, hasta puede que seas de este signo del Zodíaco y serás testarudo… ¿testa? Uy, mejor dejamos la gramática parda.

Avanzo esquivando muchas cosas más y me sorprende la debilidad humana (que algunos llaman Fe). En el hueco entre dos bloques de pisos han cerrado los vecinos la hendidura con una verja pintada de verde y en la pared principal de esa capilla callejera entre macetas, velas y flores los albañiles colocaron un azulejo grande, de artesanía, con la santa faz de Cristo. Voy terminando mi recorrido cuando todas las alarmas se disparan. Falta una pieza en el tablero y no consigo saber cuál es.  Tras unos segundos de vacilación descubro con pena un cartel rotulado en azul marino y rojo ocupando el ventanal de la confitería Cervantes. Ya nunca más habrá locas, ni roscos, ni huesos de santo, ni borrachuelos, ni torrijas en ese escaparate ni se verá la rubicunda cara de la dueña eternamente rubia como el oro —ese oro capilar de peluquería que parece más que una melena un casco— y ataviada con su bata blanca almidonada. “Cerrado por jubilación. Gracias por todo” es el recado que hay expuesto y que marca un antes y un después del barrio. Esa esquina ya no será la misma. Al dispersarse por ella el dulzón olor de los pasteles durante treinta años era como un faro para el caminante y el destino de los clientes entendidos; quedan dos pastelerías más, y siempre hubo público para las tres. Los amantes del caballo grande, ande o no ande —aquellos a los que no les importa (y hasta puede que les guste) que les atienda con delantales llenos de manchas y cara de vinagre una vieja enjuta como la del logotipo de Marie Brizard— seguirán encaminando sus pasos hacia donde un pastel adquiere dimensiones megalíticas. La última opción era (y es) entrar en la pastelería de la mujer gorda y baja, todavía joven, que sienta al hermano loco en una mesa junto a uno de los ventanales para que meriende tranquilamente. Podía ser una opción —y más ahora que se ha ido su competidora— pero casi siempre está vacía por una serie de datos sin importancia: la luz de los tubos fluorescentes es excesivamente alta y resulta hiriente, tanto es así que allí parece hacer frío siempre… como en un quirófano o un sitio más lúgubre aún. Hay demasiado acero y mármol artificial, y no huele a nada. Alguien podría decir que esos detalles son secundarios. Pero es que me falta por decir el detalle más importante: que casi todo lo que vende está duro o falto de azúcar…

En mi paseo he pasado de largo por la puerta de la iglesia protestante, sin verla siquiera pues llevaba los ojos anegados por la belleza de los cacharros Apple que unos metros antes lucen blancos y delgados en un concesionario de esta marca. Estando alejado de mi casa y con mono —necesidad— de comprar pasteles, la opción indudable era caer en la droga de los milhojas con nata.

2

Viernes y trece. A través del escaparate de una tienda de informática me sorprenden unos altavoces luminosos que despiden rayos de colores cambiantes al ritmo de la música y decido entrar a verlos de cerca.

Mi vista me juega una mala pasada —viernes y trece— y en vez de usar la puerta, toda mi torpe humanidad se equivoca y entra en la tienda a través del cristal del enorme escaparate.

El porrazo fue tremendo, se me cayeron las gafas al suelo, tengo en la cabeza un chichón doloroso que me ocupa media frente… pero afortunadamente no se rompió la luna de cristal. Me levanté del suelo doliéndome más la soledad que el golpe. Me palpaba con la mano la cara para ver si me había hecho sangre. Levanté los ojos hacia delante y decidí seguir disimulando el dolor hasta que llegara a mi casa.

Las calles estaban desiertas. Unos dentistas cerraban la clínica y criticaban al político de turno. Cuando apreté la tecla del ascensor, me equivoqué en dos plantas. Luego, el Voltaren lo arregló casi todo. Por cierto ¿hablamos de los laboratorios Novartis y de los conejitos y ratitas? —¡¡No!! Te pondrían una querella inmediatamente ¿Con qué ibas a pagar la multa? (me dicen mis abogados). Pues nada, aquí lo dejo.

De verdad, amigo/amiga: Adoro los días que no son viernes y trece. Esos días sí que son lovelys. Uf.

·Lectori Salutem·

 

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3 comentarios to “friday 13th: really this is not lovely!”

  1. José Andrés Says:

    Cada día tiene su afán.No vayas a caer a estas alturas en las supersticiones, pero sí que es verdad que tenemos un recuerdo triste del viernes y trece muy cercano. Este no es tan triste. Hay otras pastelerías, pero nunca será esa con esa historia tan del barrio.
    Y otra cosa ¿por qué identificas fe con debilidad humana? Nada más lejos de la verdad. Precisamente creo que, en estos tiempos que corren, hay que ser muy valiente para mantener la fe. Orator dixi.

  2. Yo misma Says:

    En la plaza vacía
    nada vendía
    el vendedor.
    y aunque nadie compraba
    no se apagaba
    nunca su voz,
    no se apagaba nunca su voz.
    Voy a poner un mercado
    entre tantos mercaderes
    para vender esperanzas
    y comprar amaneceres.
    Para vender un día
    la melodía
    que hace al andar
    el agua de ese río
    que es como un grito
    de libertad.
    ¿quién quiere vender conmigo
    la paz de un niño durmiendo,
    la tarde sobre mi madre
    y el tiempo en que estoy queriendo?
    Tú eres el que ha pasado,
    el que ha llegado,
    y el que vendrá.
    vende el árbol que queda
    en la arboleda
    de la verdad,
    en la arboleda de la verdad.
    Voy a ofrecer por el aire
    las alas que no han volado,
    y los labios que recuerdan
    la boca que no han besado.
    Alza cada mañana
    esa campana
    de tu canción,
    pregonero que llevas
    mil cosas nuevas
    en tu pregón
    mil cosas nuevas en tu pregón.
    Vendo en una cesta el agua
    y la nieve en una hoguera
    y la sombra de tu pelo
    cuando inclinas la cabeza.
    Gracias pregonero, tus escritos son cantos de vida

  3. El temido (por su bravura) Says:

    Viernes 13, sábado 14, domingo 15. Es igual de difícil. (Estoy harto de escribir mis datos again). Me ha dado pena lo de la confitería Cervantes; quizá haya sido Pepi (por la descripción), la que se ha jubilado, o quizá su marido. Yo los conocí, de jóvenes ellos y yo (unos 12 años tendría, yo, que no ellos), y en la lista de dulces, se te olvidan los yiyi, famosos hojaldres con coco por encima, inconfundibles por el olor.
    ¿Nunca leiste Astérix comiendo yiyis? Yo sí. Si lo hubieras hecho, a lo mejor no te habrías pegado el porrazo con el cristal. Por cierto, inolvidable la descripción de los Britanos en “Astérix en Bretaña”, incapaces de soportar el asedio romano sin pedir ayuda, el grupo de bardos caracterizados de Beatles…. Hablando de bardos ¿Mocedades?
    P.D. Orator, cuidemos el latín (o la mecanografía). Uy perdón.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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