yotanjoven

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Hola. Acabo de ser rescatado de una montaña de papeles, fotografías antiguas, periódicos atrasados y nóminas de la Junta de Andalucía que el autor del blog, tan descuidado él, conservaba desde hace años pensando que le servirían alguna vez de algo. Pero mi pelo y mi cara ingenua no han sufrido daño. El verde de mis ojos no se puede apreciar porque la foto es en blanco y negro ya que en aquellos días el Kodak for color prints no se consideraba una cosa seria para los documentos sino más bien una excentricidad por no decir una mariconada, palabra tan franquista y despectiva que debería desaparecer, como la de putada: ¿acaso son las putas quienes más putadas hacen?

Pero el destello de inteligencia en mis pupilas sí que resalta ¿verdad? Es lo que más me preocupaba: menos mal que se ve que soy un niño guapo y preocupado por los males de la patria desde la más tierna adolescencia.

No tuve acné pero sí gafas que, seguramente, me quitaron para hacerme esta foto o quizás las había roto, cosa que ocurría con demasiada frecuencia; en esa coyuntura había que aguantar como mínimo hasta primeros de mes: en la casuística de las averías hogareñas siempre había roturas del puente o de las patillas de unas gafas que se apañaban con esparadrapo, pero si era el cristal… “había que pedirlo a Barcelona” y la cosa se teñía de drama. Las ferreterías pedían, junto a mil cosas más, gomas para la junta de la tapadera de la olla exprés cuya colocación era el timbre de honor del dependiente, su medalla, al resolver lo que era casi imposible para el resto de las personas: yo he visto adultos irritados presionando la dichosa gomita en la ranura sin conseguir que entrara y que se unieran los dos extremos del terrorífico anillo y para desesperación de ellos el dependiente —que ponía el cigarro apoyado sobre el mostrador y anotaba la cuenta con lápiz en el papel que luego iba a servir de envoltorio— lo hacía en un segundo mientras miraba hacia lo lejos el dulce andar de alguna mujer que se había parado ante el escaparate repleto de lecheras de aluminio y relucientes barreños de zinc.

En esta foto no se puede ver mi sufrimiento con el Latín y las oraciones yuxtapuestas o las de relativo; tampoco ni tan siquiera se adivina mi asco por la Química: a mí solo me interesaba la Música, el comunismo, escribir, la sensualidad que barnizaba hasta las escobas y el festival de Eurovisión.

Nunca fui cobarde ni comilón. Cuando nos cargamos el paraguas de un compañero —era de apertura automática, qué cachondeo— y el director se presentó con el agraviado dispuesto a quemar en la hoguera al delincuente yo fui el primero en ponerme de pie y admitir mi parte de culpa. Me costó ir varias tardes de sábado al estudio de los internos, pero no terminé la pena porque en una de aquellas plomizas tardes se presentó mi padre a rescatarme y, poniéndolos a parir a todos, abrió el aula repleta de adolescentes aburridos y sin más contemplaciones me agarró de un brazo y me llevó  con él. (El autor del blog se ha puesto a llorar, no sé qué le pasará).

Nunca fui cobarde, ni comilón, ni fascista ni meapilas —mozo sermonero, o no tiene novia o no tiene dinero— y por lo tanto tuve que luchar contra la presión agónica del Frente de Juventudes, sus deportes, sus delirios paramilitares y sus campamentos. Nunca pude evitar sentir un poco de asco y miedo del sacerdote que me confesara a causa del aliento tan próximo y el olor de las sotanas; sin embargo sí que noté la paz del perdón rezando aquellas avemarías que en penitencia nos ponían. “¿Verdad que te arrepientes por ser Dios tan bueno?” me decía don José Campos, probablemente sometido al dolor que le perforaba el estómago. Fue un cura trabajador, amable, sufrido… y Carranque le debe un monumento. No sé cómo le permitieron que la parroquia se llamara de San José Obrero. Ahora, desde la lejanía del tiempo, le agradezco profundamente que no dijera que me arrepintiera de mis pecados por ser yo tan malo.

El autor del blog está hablando solo. Una hermosa tormenta con granizo y truenos le provoca emociones muy fuertes y dice cosas sin sentido. Repite mucho el nombre del vicepresidente Al Gore y dos letras concatenadas y consecutivas, creo que “zeta pe”. Qué rara es la sociedad norteamericana. Al de Albert, Bill (Clinton) de William, Jimmy (Carter) de James… No me imagino citando al presidente del gobierno actual como Pepe Luis.

 

(Continuará)

 

 

 

 

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Una respuesta to “”

  1. El temido (por su bravura) Says:

    Son muy contadas las fotos en las que se refleja verdaderamente lo que sucede en el interior de una persona; sólo cuando uno, el protagonista de la misma, vuelve a verla (me ha interrumpido la actualización del antivirus), es capaz de recordar casi al milímetro, un trozo de su vida (o de la de alguien, que a veces es peor) que quedó atrapado en el interior de una cámara. Es un disparo a la intimidad, que en vez de quitarnos algo, lo deja aparcado para recuperarlo alguna vez. Aunque el verlo, con el paso del tiempo, duele casi como un tiro de verdad: por lo que fue, por lo que pudo haber sido, o lo que habría sido si… A mí me encantan las tormentas del estilo de “La balsa de Medusa” (Le Radeau de la Méduse, by Géricault). La historia de ese naufragio es digna de una película, pero claro, la harían los ingleses.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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