Hace mucho tiempo leí a Dale Carnegie. Y recomiendo sus libros optimistas y bien intencionados, un poco ingenuos pero siempre llenos de ideas aprovechables para las personas que tenemos que hablar en público y tratar con energúmenos. Naturalmente me he ido al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua para ver la etimología y dice: energúmeno, na. (Del lat. energumĕnus, y este del gr. νεργομενος, poseído). 1. m. y f. Persona poseída del demonio. | 2. m. y f. Persona furiosa, alborotada.

     Como casi siempre, la alta institución mete la pata: da por hecho que los métodos del demonio son —solamente— una algarabía, un follón… cuando todo el mundo sabe que el Maligno usa más del bisturí de hielo, cuyo corte fino apaga la ilusión: ese es el verdadero Infierno. Lucifer sabe que adelanta más siguiendo técnicas sutiles de manipulación que dando palos escandalosos (aunque no descarte usar esto último de vez en cuando).

     Energúmeno es quien da consejos al sabio. Energúmeno es quien no tiene generosidad para arriesgarse en defender a un compañero. Energúmeno es quien no ha leído un libro desde que lo destetaron. Energúmeno es, también y sin ánimo de ser exhaustivo, el que hace ostentación de dinero en un biotopo lleno de estrechuras económicas.

     A mí me sonaba Dale Carnegie de algo que oía como cárneyi jol cuando se hablaba de grandes conciertos en Nueva York. También había visto en los periódicos de Madrid anuncios convocando cursos de mejora en la comunicación humana y tal. Cursos Dale Carnegie que solo podían pagar los altos ejecutivos, precisamente los que menos necesitaban de esas muletas.

     Y en una feria de libros usados y viejos, de esas que ponen en el parque cuando el verano muestra su cara más hermosa, me encontré dos o tres libros de este norteamericano optimista. Y ayer, que no fue un buen día, al pasar la hoja del calendario también di con él. En la hojita se decía: “El único medio de salir ganando de una discusión es evitarla”.

     ¿Llevará razón?

     Comiendo locas y tuétanos no pude descubrir la respuesta a esa pregunta, pero me quedé más tranquilo.

·Lectori Salutem·

dscn9065

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Una respuesta to “”

  1. El temido (por su bravura) Says:

    Por fin. El papel de las locas y los tuétanos (nosotros le llamábamos cucurucho, siendo los tuétanos unos cilindros rellenos de chocolate, los mejores de los cuales se vendían en La Española), me ha llevado a mi más breve infancia (la mía fue tierna y dura a la vez por cosas de la vida). En la misma pastelería compraba yo (con el dinero de mis padres), los dulces; y los huevos. Empezó el negocio en calle Rafaela, pero con el mismo papel. ¡Increíble! Como escribió D. Miguel “dichosa edad y siglos dichosos aquéllos…”.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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