Tempus Fugit (demasiado)

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 Seguramente tendría yo quince años cuando me trajeron los Reyes Magos mi primer reloj. No lo elegí yo, ni mi padre ni mi madre. Me lo compró por encargo en algún lugar de África —¿Melilla, Ceuta?— un vecino legionario que venía de permiso navideño para estar con su mujer e hijos y fue una sorpresa maravillosa. Yo soñaba imaginando cómo sería mi reloj por las pequeñas confidencias que me hacían quienes ya lo habían visto. Con un compás, dibujaba círculos, recortaba el papel y lo ponía sobre la muñeca estudiando el impacto que produciría cuando el día seis de enero al fin fuera realmente mío. Vivir en una casa con pocos vecinos y ser casi un niño favorecía que las personas mayores bromearan sobre los regalos que recibiríamos. Unos me decían que era un reloj muy chico, y otros que parecía un relojazo. Hace cuarenta años la vida era muy diferente. En muchas aspectos, mejor: había menos cosas pero las esperábamos con más ilusión. Es perfectamente posible vivir sin televisión, desordenado y desconsolado; vaya… sin tele, sin ordenador y sin consolas de juegos. La gente sabía más, leía más, disfrutaba de la vida más y casi todo el mundo estudiaba Francés. Yo saqué en el examen de Preuniversitario en la Universidad de Granada ¡un siete! El catedrático se quedó encantado —enchanté— cuando me oyó leer. No lo olvidaré nunca, el muchacho anterior a mí confundió matelot con matelas —marinero con colchón— en el examen escrito, se lo afeó en el oral y el pobre adolescente rojo de vergüenza no supo defenderse. Probablemente aquel alumno sacó a la primera los problemas de Matemáticas del número e o los de Física, que eran de un prisma odioso…

No puedo recordar la caja pero sí veo con nitidez que mi reloj estaba envuelto en un papel blanco de seda. Todo el día de Reyes lo mantuve así, y de vez en cuando miraba el paquetito y lo volvía a envolver.

Arreglando estanterías, cajones de muebles, vitrinas con huecos llenos de cosas olvidadas y misteriosas he encontrado mi reloj, mi primer reloj. Todavía se notan las huellas que dejé en él por el roce, el sudor, la grasa de la piel, el agua… Al pararse y no tener arreglo dejé de limpiarlo cuidadosamente, como siempre, y se quedó empañado y oculto en un lugar oscuro del mueble que parece de caoba. Y en mi memoria.

 

·Lectori Salutem·

 

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2 comentarios to “Tempus Fugit (demasiado)”

  1. el temido por su bravura Says:

    Estoy un poco harto de tener que volver a escribir todos mis datos. Bueeeeno.
    En fin, mucho tardaste en tener reloj, y eso puede afectar a las nociones temporales que se adquieren en la infancia. El primer reloj lo tuve a los 6 años, edad a la que hice la comunión, y que me duró hasta que estuve haciendo magisterio. Al final de su vida, lo usaba sin correa, y al ponerlo encima de la mesa para ver la hora, un día salió volando por la ventana del 5º piso donde vivía. Retiré un tapete de la mesa camilla, y no me acordé de quitarlo antes. R.I.P mi fiel Cauny.
    Por cierto, ¿cómo tomarán los ingleses el té si se les estropea el reloj? ¿Lo toman a las 5 GM? ¿Y si están en otro país con distinto huso horario? ¿Existe el tea lag? No hagas caso de Los Panchos, y sigue marcando las horas, a ver si ella se va.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

  2. el temido por su bravura Says:

    ¿Un reloj para qué? ¿Para saber la hora? Todas hieren, la última mata.
    Delenda est Britannia. Lector salutatus.

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