No te vayas, espérame…

La vida me impone una pausa y un cambio con la llegada del mes de Octubre. Tengo que ceder ante quien manda: esta vez no he conseguido engañar al Destino. Estoy decepcionado y triste porque voy perdiendo facultades. Antes el “ya pasará” tenía más éxito, ahora… va destapando deterioros significativos. Para resumir: salvo catástrofe o milagro, a las ocho y media me iré a un hospital para que me arreglen y curen una avería. Como el cordero al matadero (riman las dos palabras, qué gracia). Bien lo sabe Dios que para mí, salir de la rutina es un “palo” muy grande. Pero bueno. Hay que callar en esta ocasión. Termino el post con el sabor amargo que me llega desde IRLANDA. Nunca pude suponer que el corazón de las personas fuera tan duro (después de tener ese corazón entre las manos y creer que era maravillosamente dulce y tierno). No te vayas, espérame… Tengo que decirte (deciros) muchas veces más Lectori Salutem.

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