La terrible historia de Mary Turner

El mes de mayo de 1918 fue turbulento y terrible en el pueblo de Valdosta. Situado en la franja meridional del estado de Georgia y muy cerca ya de Florida, es conocido ahora como Azalea City y su original lema turístico es A City Without Limits, que como se verá más adelante por lo que ocurrió en el pasado resulta muy oportuno. El raro nombre de la villa proviene de pronunciar incorrectamente Valle d’ Aosta, región trilingüe de Italia que linda con Francia y Suiza y lugar de origen del más importante de sus próceres fundadores: paradojas de los países de aluvión hechos con emigrantes. No puede pasar desapercibido que hablamos del Sur, de la zona del algodón y del tabaco y por tanto de la segregación negra. Con mencionar que Georgia es vecina de Alabama ya está todo dicho.

     En aquella primavera sangrienta de 1918, cuando en Europa se avistaba la paz, fue asesinado el más poderoso propietario de las plantaciones de la zona, lo cual desencadenó una persecución a muerte de los hombres negros a los que se les achacó el crimen, como solía ocurrir siempre. Uno de los trece que cayeron abatidos a tiros fue Hayes Turner, casado con Mary; el matrimonio esperaba un hijo de manera inminente. A pesar de su embarazo de ocho meses, la esposa públicamente manifestó su horror por aquella venganza indiscriminada y activamente pidió justicia para los asesinos de su marido. La respuesta social fue gélida con ella, nadie movió un músculo para apoyarla y mucho menos para defenderla cuando una turba de varios cientos de hombres —blancos, por supuesto: unos valientes— la sacaron de su casa, le ataron los tobillos y la colgaron bocabajo de un árbol. La empaparon de gasolina y aceite de motor y le prendieron fuego.

     En un momento dado uno de los vengadores saco una navaja del bolsillo y allí mismo le practicó a la pobre Mary Turner una especie de terrible cesárea, rajándole el abdomen y arrojando al suelo el hijo que estaba milagrosamente vivo todavía. Con los pies, a pisotones, mataron a la criatura cuyos gemidos se pudieron oír. Y a tiros destrozaron lo que quedaba de su madre.

 

[La agencia de noticias Associated Press, cuando publicó la noticia, vino a decir que la víctima se lo había buscado por sus imprudentes declaraciones a raíz del asesinato de su marido: “… Mary Turner had made unwise remarks about the execution of her husband.” (sic).]

  • De la foto siguiente, documento gráfico espeluznante pero sin datos, he ampliado las caras de dos espectadores sonrientes, el niño encorbatado y el tío del sombrero. Hay más. Pero con esos bastan. Y el negro, colgando del árbol.

 

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