Sabiendo los peligros que corría, pues los tontos españoles son muy agresivos, jamás he ocultado mi justificada antipatía hacia la persona de Pablo Ruiz y el escaso reconocimiento que tengo por su arte. Tampoco he escondido nunca mi escasa afición al cine. Cuando yo era niño la censura impedía que viera las películas que seguramente me habrían interesado, teniendo que tragarme resignadamente géneros muy aburridos para mí.

     Uno de ellos eran los westerns, es decir las epopeyas de combois (1) del viejo, noble y legendario Oeste pegados siempre al caballo como centauros, abrumados por traslados masivos de vacas sedientas o bulímicas ovejas, agobiados por los indios —sioux, apaches, navajos, comanches, cherokees, mohicanos, kiowas y muchos más— y sus flechas o soportando a los maniáticos esclavos negros y su estomagante insistencia en obtener la libertad sin darse cuenta del daño estético que producía esa conquista: con lo preciosos que lucían los esclavos negros entre las hermosas hojas de tabaco o cantando bellísimos espirituales rodeados de blancas nubes de pelusas de algodón… Un elemento esencial de toda mansión sureña era su gruesa mammy negra haciendo espectaculares tartas, bañando a los niños y dando bondadosos consejos.    Como dijo aquel: “¿Libertad? ¿Para qué?”.

     Las películas de romanos (entiéndase: ahí cabían no solo Rómulo, Remo y sus sucesores sino desde los viquingos hasta los de Gengis Kahn, pasando por judíos, troyanos, justas medievales, atenienses… en fin, toda etnia o civilización antigua que diera lugar a duelos con espadas y puños y batallas con centenares de extras que rodeaban a la cámara en un bucle sin fin como la Cinta de Moebius para que parecieran muchos más) juntos con las del Oeste fueron clasificadas por un comentarista cinematográfico malagueño como el Cine del Toma Bien. Sí, cuando llegaba el Séptimo de Caballería a sacar del asedio a tanta gente buena del fuerte o cuando se liaban a puñetazos que sonaban por toda la sala y que parecían no doler sino solamente aturdir… entonces las butacas masculinas y juveniles estallaban en un clamor emocionado que acompasaba el espectáculo: ¡¡to-ma-bien!! ¡¡to-ma-bien!! —decían, con los ojos brillantes y la frente sudorosa— para luego coronar con una ovación cuajada de aplausos —quizás llegara el estruendo a los estudios de Hollywood, Cinecittà o Pinewood— el triunfo de los buenos sobre los malos.

     Los cines de barrio con sesión continua eran un hervidero de conflictos humanos controlados con mano maestra por el acomodador cuya linterna venía a ser el rayo que no cesa, la espada flamígera que descubría en aquel piélago de cabezas el cigarrillo encendido, el exhibicionista —siempre azuzado por los muchachos para que sofocara a las muchachas con sus exposiciones— o la pareja de novios que estaba traspasando el check-point-charlie sin pasaporte.

     Yo he fumado en un cine londinense legendario, famoso por las premières a las que hasta asistía la realeza: el Odeon Marble Arch. Cada asiento tenía su cenicero correspondiente en el respaldo para el espectador de detrás. A mí me costó mucho trabajo decidirme a encender un cigarrillo, pero al final lo hice con un sentimiento de culpa enorme. La película era un pestiño (Raid on  Entebbe, 1977) y se basaba en el incidente real ocurrido un año anterior en la Uganda de Idi Amin Dada. La butaca me costó una fortuna, y al ser sábado por la noche los hombres iban con traje. He encontrado en Internet fotos de ese inmenso cine antes de ser parcelado en minicines. No exagero, he puesto una flecha donde estoy seguro que me senté. Sé que no me puedo equivocar en mucho a pesar de los treinta años transcurridos.

[1] Antes se prefería hablar mal el Inglés y bien el Español; ahora es al revés… aunque solo se consigue hablar mal los dos idiomas. En las televisiones de España el plural de convoy es “convoys” y el de marroquí, “marroquís”.

 

 

 ·Lectori Salutem·

 

 

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Una respuesta to “”

  1. fran soler Says:

    Primero de todo déjeme felicitarle por su infalible memoria y por su dotes de investigador cibernauta. Buscar en la web es, a veces, como buscar una aguja en un pajar y veo que usted es ya un experto maestro. A mi la verdad me gusta el cine y me ha recordado este post a una película que yo ví también hace unos años en Londres. Era turca, con subtítulos y ya no dejaban fumar pero mi memoria no me alcanza para recordar el título.Recuerdo que me gustaba ir a Leiscester Square y ver pestiños de países raros(ahora veo pestiños de países importantes).
    He de reconocer que en España hablamos poco y mal el inglés. Pero en castellano no vamos muy bien que digamos.¡Así que mejoremos ambos que falta hace!

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