el “independence of the seas” en málaga 2/? (y algunas cornadas)

Se oyó la sirena del barco —quien no vive al lado del mar no se imagina este sonido que retumba en toda la ciudad— e inmediatamente, marcha atrás, el sueño fallido de Julio Verne (la ciudad flotante) comenzó a salir del puerto. En apenas tres minutos, el maravilloso trasatlántico giró sobre sí mismo y recorrió la bahía de Málaga poniendo su proa hacia el Oeste camino de la gran puerta de Gibraltar. Sobrecogía ver la mancha blanca inmensa del Independence of the Seas en aquel mar tan sereno y verdoso. En la cubierta, miles de viajeros bullían como si se hubiera recortado el filo de la cercana Playa de la Misericordia y se hubiera pegado encima de la nave. Ya tengo mucha experiencia en estos avatares pues todos los días como —almuerzo— viendo alejarse por el mar al Melillero (así se le ha llamado siempre al barco de línea regular que une ambas ciudades, tan hermanadas siempre). Cuando hay algún acontecimiento como el que hoy comento, echo a correr, cojo el trípode, abro la cristalera de la terraza, enrosco la cámara en una pieza puñetera que luego hay que volver a unir a la rótula, miro el estado del diafragma, compruebo que no está el flash conectado, le doy al disparador automático —¡sí, ese botoncillo que permite al fotógrafo salir siempre con cara de espanto y los pelos revueltos por la velocidad de la carrera!— y hago fotos hasta que el barco se oculta por el horizonte. Alguien dirá que sería más racional estar preparado a la hora de salida del trasatlántico y hacer las cosas más pausadamente. Ya, ya, pero no es posible. Málaga es una ciudad absolutamente incongruente: vive de espaldas al mar (las pocas playas que hay son creaciones artificiales de buques chupadores de fondos marinos que una vez esquilmados los depositan en los paseos marítimos sabiendo que va a ser una tarea efímera pues van a durar unos pocos meses) y vive dándole la espalda a su puerto. No hay información del tráfico marítimo en la ciudad de Málaga y lo que sale en la prensa (comparado con la información que generan autobuses, trenes y aviones) es de risa. Entrar a dar un paseo por el puerto —si se va en coche, multiplicar por cien todo lo que sigue— supone someterse a un hosco, maleducado y desagradable proceso de escudriñamiento por parte de funcionarios que no han aprendido —quizás nadie se lo ha enseñado— que su función no es tenerle malos modos a personas que únicamente desean acercarse a un barco y, quizás, hacer unas fotos que sirvan de recuerdo. Málaga es una ciudad agria, llena de tópicos y errores monumentales. No he olvidado cuando mataron al concejal Martín Carpena, fue el 15 de julio del 2000. Lo asesinaron persiguiéndolo entre los coches porque con los disparos recibidos no acababa de  caer el hombre… Qué espanto, Dios mío, mejor no entrar en detalles. Un mes más tarde el eximio actor Antonio Banderas, su excelentísima esposa y demás miembros del clan pregonaban a los cuatro vientos eso que siempre me he negado a aceptar: el muerto al hoyo y el vivo, a la feria… Así es Málaga. La ciudad del paraíso (¿?).

En mayo fui a Sevilla para ver las pinturas que Sorolla hizo para la Hispanic Society of America, la fundación que creó el multimillonario Archer Milton Huntington (la fortuna familiar venía de los ferrocarriles y astilleros, una personalidad interesante donde las haya) en Nueva York. Siempre me emociona Sevilla, esta ciudad que no tiene fin, nunca me defraudan su calles llenas de gente a todas horas. Se respira alegría, buen comercio y hasta buena educación.

Ayer fui a ver la misma exposición que ya ha llegado a Málaga. En el mismo marco de la puerta de entrada una analfabeta con mala cara y peor tonillo me mandaba que no usara la cámara digital y que apagara el teléfono móvil. No me pude contener y con sorna le dije que me explicara lo del teléfono a lo que respondió “Son órdenes de la casa”. No quería soltar yo presa tan fácil y como iba de mala leche insistí en que me diera una explicación más convincente, notando yo cómo se aproximaban los dos ángeles guardianes —seguratas— miré de reojo y cuando el más mayor de los dos se me puso al lado me dijo “Hombre es para que si lo llaman a usted no haya ruido en la sala”. Nunca me ha gustado una pistola (et alia) y cobardemente eché una risita y le dije a la niña: “Eso ya me parece mucho más razonable ¿ves? adiós buenos días” y me sumergí, avergonzado, en la exposición que recorrí en menos de cinco minutos porque en dos meses aquellos desastres pictóricos de Sorolla no habían mejorado, claro está, de cuando los había visto en Sevilla.

 

(Esto es lo que siempre se ha llamado enrollarse o salir por los cerros de Úbeda cantando peteneras. Pero de eso se trataba ¿no? Y, naturalmente, lo del teléfono era por las cámaras que llevan dentro: qué cucos, cuánto daño le iban a hacer a la institución. Jo.)

 

 

·Lectori Salutem·

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Una respuesta to “el “independence of the seas” en málaga 2/? (y algunas cornadas)”

  1. Franjart Says:

    El barrio no cambia eh?? sigue siendo un BINGO lo de la esquina blanco de la 2ª foto??

    Eso si, la rotonda si que la han remozado. Como tienes tantas fotos coleccionadas del sitio, ¿porque no cuelgas una evolución de la zona en imágenes?

    Taluegorr!!

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