Ach mein Gott!

 

‘Franjart’, tras Toledo y Cuenca solo hay un sitio al que no volveré nunca —sonría por favor—: Mallorca. Uf.

  • En mi última visita a la ciudad imperial —y, para los maledicentes, aseguro que fue a finales del siglo veinte, no en la Edad Media— vi como corrían las gallinas por ciertas calles toledanas entremezcladas con los coches; quizás eso formaba parte de un programa de hibridación arqueológica en el seno de la alianza de civilizaciones. Más: la barra de hierro que mantiene vertical y oclusivo el cortinón de entrada a la iglesia de Santo Tomé me la soltó en la cara el turista que me precedía. Más aún: Compré una cajilla con apenas unas pocas figuritas de mazapán por aquello de beber el vino del país: Por poco no tuve que pedir un préstamo. Qué robo, habiendo tanto y tan bueno en los supermercados “Maradona” (no es Mer-ca-do-na) o Eroski, mismamente. Criticaba ayer la desilusión que da no poder disfrutar como en un buen museo —climatizado, silencioso, diáfano, de suelos relucientes, reposado— del Señor de Orgaz en su último vuelo no lowcost precisamente. Pero lo que más me dolió fue la lejanía oscura, casi sucia, del rombo carmesí… de esa mancha roja (rodeada de anacronismos en una mezcla infernal) que debiera herir la vista y la imposibilidad de mirar de cerca  ese rostro absolutamente indiferente a todo —que eso es la muerte, o su presentimiento— de Jesucristo con los ojos dorados por la luz de la bondad y de la inocencia. Nos hemos gastado millones en adecentar lo indecente y fraudulento —el caso de Pablo Ruiz y su telita Guernica me duele especialmente— y luego no hay forma de ver bien estas obras de arte capitales (la calificación es mía, después he visto que la utilizó el tratadista Gudiol, o sea) como El Expolio de El Greco. ¿Hay que contextualizar el arte? ¿Tienen que dejarse los cuadros en su primitivo emplazamiento? Yo creo que no: al igual que los virus en Atlanta, hay que conservarlos in vitro: dentro de un museo. En Historia nada es negro o blanco, todo es gris (hay grises tan renegridos como el carbón). La idea de guardar en un museo las colecciones reales de pintura fue de Felipe IV. A Fernando VII (qué bicho) le debemos lo que es hoy el Museo de El Prado. El Greco sufrió mucho con este cuadro que le encargó el cabildo de la catedral de Toledo. Tardó dos años en pintarlo y mantuvo pleitos muy duros no solo por la miseria que le querían pagar sino también por polémicas más ridículas aún que la de Il Braghettone: ¡por algo era manierista! ¿no?
  • Yo soy muy conservador para la Música, para la pintura y la escultura, no. “Odio” profundamente a Wagner y a Ruiz Gallardón. Hace tiempo leí una entrevista que le hacían al susodicho alcalde de Madrid y como se pavonea de que es un entendido melómano le preguntaba la periodista eso tan manido de que “Si tuviera usted que salvar una sola partitura…” va el tío astado y escoge ¡la Octava sinfonía de Anton Bruckner! Qué fuerte, qué fuerte. Por cierto ¿Tú sabías que la radio alemana anunció la muerte de Hitler con la Séptima sinfonía de ese mismo músico? Yo no, me acabo de enterar. Ach mein Gott!

Y Cuenca, ay.

  • Quizás fue ahí uno de los sitios donde yo (adolescente) lo pasé peor. Qué lugar tan feo para mí. Solo puedo recordar, por el bloqueo que el cerebro impone sobre la memoria dolorosa, flashes descoordinados: casas colgadas dando la sensación molestísima de que se iban a caer por el barranco de un momento a otro + chemise Lacoste +  puente de San Pablo sobre el Huécar, afluente del Júcar + guateque + espantoso Museo de Arte Contemporáneo + chemise Lacoste + beber Resoli de una botella donde han bebido veinte + chemise Lacoste… que me había regalado mi madre.

Opresión. Querer escapar y no poder hacerlo. Eso es lo que me sugieren Toledo y Cuenca.

 

[Estoy convencido: debería irme a vivir a Irlanda, allí todo es verde, fresco, y las cosas están muy a mano.]

 

 ·Lectori Salutem·

 

 

 

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3 comentarios to “Ach mein Gott!”

  1. Fran Soler Says:

    Querido compañero, he de decirte sobre Toledo que me gustó. Lamento no coincidir contigo.Es verdad que hay demasiadas tiendas de recuerdos inservibles pero su arquitectura me transportó a epocas pasadas( no ´se si mejores) de nuestro imperio. Lo que no logro entender es porqué hay tantas tiendas con espadas, ¿ quién demonios las comprará?.
    PD: No es mala idea lo de Irlanda,sobre todo viendo el calor insoportable que está haciendo en Málaga. ¡Por eso nuestra labor con el idioma es tan importante!

  2. Yepe Says:

    ummm. Fran Soler… cuando hayas pasado 15 dias seguidos lloviendo como he pasado yo en irlanda… echaras en falta el calor de Málaga, te lo aseguro.

  3. Franjart Says:

    #2, coincido contigo, un minipunto. Tiene que ser una leche todo el santo día lloviendo, por eso vienen aquí y se requeman al sol, que hay que verlos, madre mía. No me imagino yo a esta gente (gentuza a veces) pegando esos gritos alcoholizados (los individuos, no los gritos) a las 3 de la mañana por sus respectivos pueblecitos verdes y con todo a mano.

    Al señor creador del blog le diré que a pesar de la experiencia, yo si he vuelto a Mallorca. Eso sí, nadie me guanteó el careto al abrir una puerta…

    Alquilamos un opel corsa y recorrimos la sierra, jamás pensé cuan importante es elegir bien la dirección, giré hacia la izquierda y mira donde fui a parar. Eso sí, tengo fotos preciosas.

    Aunque sea de otro post: al señor Ricardo Corazón de león lo has marcado en rosa… a ver, déjame pensar, ¿lo has puesto en rosa porque fue maricón? UPS perdón, hay que ser más tolerante. ¿Fue GAY y además un portento?

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