Radical

 

No me gusta la poesía. Puede que sienta cariño por algunos versos, interés por algunas estrofas o emoción por media docena de poemas, pero no creo que lleguen a ser muchos más. Cuando tenía unos quince años, sentado en el puente toledano de Alcántara y mirando al castillo de San Servando, escribí una poesía tan cursi —digo yo que el Tajo me inspiraría eso de “náyades serenas”— y ridícula que cuando he vuelto a releerla se me han erizado los pelillos de la barba, del bochorno… La escribí con un bolígrafo de tinta verde, como los ribazos del río, abajo de los cigarrales. Nunca me ha gustado Toledo —me recuerda a La Torre de Babel de Brueghel, pero malograda y contrahecha, llena de tiendas de souvenirs rebosantes de espadas de plástico— en cambio, para ser sincero, yo me iba ahora a Toledo (Ohio) a mojarme las manos en el lago Erie antes que a esa ciudad áspera, marrón y reseca, extorsionadora de turistas donde hay que quedarse extasiado por obligación ante todos y ante todo. A Δομήνικος Θεοτοκόπουλος se le aprecia mejor en las láminas de un libro que en la iglesia de Santo Tomé o en la sacristía de la Catedral: no se ve el Entierro del Conde de Orgaz, no se ve el Expolio. Demasiadas cabezas los tapan, demasiadas axilas expelen sus pútridos vapores que corrompen el aire y descontextualizan la espiritualidad de El Greco.

 

Margarita, está linda la mar,

y el viento

lleva esencia sutil de azahar;

yo siento

en el alma una alondra cantar:

tu acento.

Margarita, te voy a contar un cuento.

 

Rubén Darío mientras que trata de quioscos de malaquita (tenía que rimar con princesita) y elefantes que riman con diamantes va bien y hasta conseguimos disparar nuestra fantasía y descubrir la musicalidad de sus palabras. Luego, se viene abajo como un soufflé mal hecho.

 

Pues amarga la verdad,

Quiero echarla de la boca;

Y si al alma su hiel toca,

Esconderla es necedad.

 

Quevedo es un genio agotador y totalmente vigente pero casi imposible de seguir si no es a través de una edición llena de notas a pie de página (o peor, al final del libro) que provoca daños enormes en las vértebras cervicales. “¿Quién hace al tuerto galán / y prudente al sin consejo?” El euro. El mismo que hace de río Jordán para el viejo. Yo adoro el oro, y a él me humillo también. La inteligencia crítica de don Francisco ya se sabe que final tuvo.

 

¿A alguien le apetece pintar el retrato de un pájaro? Jacques Prévert (1900-1977) nos aconseja que sigamos los siguientes pasos: Antes de nada, píntar una jaula con la puerta abierta. Inmediatamente después pintar cualquier cosa bonita, sencilla, que al mismo tiempo sea práctica y divertida para el pajarillo. A continuación hay que apoyar el lienzo (oil on canvas) en el tronco de un árbol, bien sea en el bosque o en un jardín, que eso da igual. Cuando esté todo preparado y dispuesto hay que esconderse detrás y quedarse más quieto y mudo que una estatua. A veces el pájaro llega enseguida. Pero también se ha dado el caso de que haya tardado largos años en aparecer. ¡No hay que deprimirse! Nada, a esperar se ha dicho. Esperar… los años que hagan falta pues la lentitud o rapidez de la llegada del avecilla no tiene nada que ver con el triunfo del pintor. Cuando el pajarito llega (¡si es que llega!) hay que procurar no hacer ni el más mínimo ruido y esperar a que entre dentro de la jaula. Entonces, con sumo cuidado y sigilo, borrar uno a uno todos los barrotes de la jaula, eso sí, sin tocarle con el pincel ni una pluma. En seguida, escoger y pintar la más bella rama del árbol para que pueda posarse el pájaro. Como detalles finales, pero importantísimos, pintar el esplendor de la hierba —Elia Kazan, Splendor in the Grass (1961) con Natalie Word y Warren Beatty— mecida por una viento que va tornandose fresco, pintar el Sol muy brillante y el murmullo de los animalillos que sestean al calor del verano.

 

Si l’oiseau ne chante pas

C’est mauvais signe

signe que le tableau est mauvais

mais s’il chante c’est bon signe

signe que vous pouvez signer

Alors vous arrachez tout doucement

une des plumes de l’oiseau

et vous écrivez votre nom dans un coin du tableau.

 

Si el pájaro no llegase a cantar sería una mala señal (hablando en plata: si el pájaro se queda callado es que la hemos cagado, vaya) pero si cantara… ¡Ay! ¡Si cantara sería la señal que tanto esperábamos para poder señalar luego a la gente la esquinita en la que estaba nuestra firma! (para lo cual le habíamos arrancado una pluma al pájaro retratado, claro está).

 

[Los lectores que sepan Francés sí sabrán apreciar el juego de palabras signe / signer. Yo no he sido capaz de trasladarlo en mi adaptación. Lo siento.]

 

·Lectori Salutem·

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Una respuesta to “Radical”

  1. Franjart Says:

    Vaya, vaya, no sabía yo de tu odio hacia Toledo o más bien hacia la forma que tiene el ayuntamiento de explotarlo, pero claro, no les queda otra que vivir de las rentas. Pero peor es la Toledo moderna en forma de urbanización clónica de las afueras, pasado el río.

    Yo debería odiar a Toledo por otra cosa, verás, la cambié por ROMA. Si, ya se que piensas que fui “gilipó” pero es que RyanAir (= mierda) nos dejó en la cola de embarque con las maletas facturadas. Nuestro fin de semana de 4 días dividido entre 2 días para Roma (Hotel 4* en la Plaza de España) y 2 en Florencia (Pensión de 3* frente al río) se convirtió en una pesadilla. Esta compañía nos dejó tirados mirando las puertas eléctricas de cristal y con un mísero mensaje por megafonía que nos comunicó que nuestro vuelo estaba cancelado por motivos meteorológicos (justo la laguna legal, que casualidad) Por supuesto perdimos todo nuestro dinero.

    En fin, que nos fuimos deprimidos (con coche de alquiler desde Manises – Valencia) hasta casa. Al día siguiente decidimos coger el coche y darnos un paseo por Cuenca y Toledo. Debo decir que Toledo me impactó de noche cuando llegamos. De día me gustó mucho también, pero ya me impresionó menos. Incluso me monté en el “trenecito” para turistas tontos y lo grabé en vídeo completo. Cuenca también estuvo muy bien y me gustó mucho la Ciudad Encantada. Parecía que estábamos en el rodaje de Conan. Hicimos muchas fotos.

    Total, que esa es mi experiencia, por cierto, a mi tampoco me gusta la poesía.

    Un besito.

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