“Je suis ta Femme” 2/?

Fanfare for the Common Man, 1942

Aaron Copland (1900-1990)

Compositor, pianista, director de orquesta, docente, perseguido en la caza de brujas de McCarthy durante el mandato de Eisenhower y rehabilitado por el Presidente Lyndon B. Johnson.

 

 [Constato problemas de tipo de letra, no puedo corregirlos, pero creo que os da igual]

  • Quien aborrece a las mujeres (no confundir con gay) es un misógino. He intentado encontrar cómo se llama el que aborrece a los tíos y no existe (la misantropía es aversión a todos los seres humanos de cualquier género). Habrá que inventar la palabra —cada día tiene su ira, su afán… y su refrán— y como cada gusto tiene  un disgusto habrá que oír, luego, las críticas hacia mi labor en pro de la cultura: misandría va a ser el término que describa la aversión, el odio a los varones. Y misándrico el que la padezca. Hala, con dos pares…

Anoche, cuando os escribí, dejé las aceras del Paseo de los Tilos —era un ejemplo del pasado— con sus corrillos nocturnos tomando el fresco. Quizá recordéis que me reía disimuladamente de los varones y su triste aspecto en el verano al compararlos con ese mito que encabeza el “post” de hoy: una de las pruebas de vestuario para la película de Elia Kazan; desgarrador es ver al típico caballero con camiseta sin mangas, pantalón corto lleno de bolsillos y chanclas que suenan al andar. He visto camisetas de color blanco, amarillas, verdes (verde hierba, verde agua, verde musgo) azul turquesa, rosa y naranja. He visto pantalones cortos confeccionados en tela de camuflaje, marrones, azul marino, lisos, de cuadros… Pero el complemento que casi nunca suele faltarle al hombre (ἀνδρός) es el tocado, prenda agradecida por la cantidad de variedades que admite. Ordenándolas del cero al infinito la modalidad primera sería una cabeza calva —sea espontánea o inducida— y el peluquín vergonzante, la última, con las canas teñidas ex aequo. Después vienen los sombreros (hagamos caso omiso de la boina, el fez, los tiroleses y los gorros de lana con o sin borla arriba, todos ellos impropios del verano). Hay un borsalino (¿fedora?) de plástico rígido —solo lo he visto de color negro, que debe actuar como una sauna para el escaso cerebro que protegen— muy usado por los adolescentes borrachos de la Feria de Málaga. El sombrero cordobés, de ala ancha, es muy usado por los no adolescentes en la Feria de Málaga hasta que se emborrachan, momento a partir del cual optan por usar el borsalino (¿fedora?) ya citado o, directamente, ponerse la camiseta en la cabeza…

Si yo fuera rico me compraría un sombrero Stetson. Es algo asequible y podría hacerlo ahora, pero se reiría la gente de mí. El dinero da poder hasta tal punto que el rey desnudo a los ojos de sus súbditos va cubierto por ricos paños. Si fuera rico, con ese sombrero maravilloso sería admirado por mi buen gusto y mejor parecer. Decían en la película “El violinista en el tejado”:

 

“Dear God, you made many, many poor people.
I realize, of course, that it’s no shame to be poor.
But it’s no great honor either!
So, what would have been so terrible if I had a small fortune?”

 

[Querido Dios, Tú has hecho mucha, mucha gente pobre.

Ya sé que, por supuesto, no es una vergüenza ser pobre.

¡Pero tampoco un gran honor, joder!

A ver, ¿Tan terrible habría sido que me hubieras concedido una fortunita a mí?]

 ·Lectori Salutem·

 

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