Gemas

 

    Creo que ha llegado el momento de compensar a las almas nobles que han tenido la delicadeza [Mayús+F7 = sinónimos =  finura, exquisitez, sutileza, elegancia, gracia, distinción, refinamiento] y la simpatía hacia mi persona de entrar en este blog —proyectado como si fuera un niño chico que entre todos teníamos que criar— y hacer un comentario. Yo ponía el parto, las malas noches y las primeras tetitas (después, biberones y papillas que deben ser dulces al principio porque el líquido amniótico lo es también, así el choque es menor) pero necesitaba “canguros”, tatas, titos, padrinos y demás. Quizás con una alta dosis de petulancia y toneladas de ingenuidad pensé que mi niño iba a ser nuestro niño pues reuniría a su alrededor a mucha gente dispersa que contaría lo que se le ocurriera y, sobre todo, lo que se le viniera en gana ya que los comentarios son anónimos, no se visualiza en el blog el correo electrónico de quien hace el comentario y siempre es posible trampear poniendo uno falso.  

     Esta mañana en Correos, mirando como se movía el cuentaturnos hasta llegar al cincuenta y tres, que era mi número, he observado al público de mirada cenicienta que esperaba y se me ha vuelto a venir a la cabeza esa idea reiterativa por la que no me van a dar el premio Nobel: ¡Cuánta gente hay en el mundo! ¡Y qué distinta es! El viejo inquieto de mi izquierda, el tío raro con abanico y ganas de conversación de mi derecha; el estúpido blasfemo —“me cago en la hostia puta” (sic)— que llama así al hijo gritando a voz en cuello (del que cuelgan, por cierto, sendas medallas inidentificables y la absolutamente identificada Cruz de Caravaca). Me hieren las blasfemias, todas. Y cada día me gusta más ver a la gente e imaginarla. Abruma y entristece pensar cuánta queda por conocer… Bueno, dejando la melancolía aparte, ahí van las gratitudes:

 

  • Mis agradecimientos a Ricardo y Miguel Angel.

  • Mi agradecimiento a Yepe, que es una iguana inteligentísima, jovencilla, esbelta de cuerpo y con bondadosa alma, que coloca al hablar todas las eses en su sitio, y escribe maravillosamente bien, pero que tiene un defecto terrible: exige la perfección en los demás inmediatamente, sin fisuras ni demora. Debería retraer las uñillas y animarme a persistir en el autocontrol que estoy teniendo para no hablar de Política —wikilapsus aparte— sacrificio que hago más que nada para que me siga leyendo ella, la verde dama de los verdes tréboles. Good luck, siempre. Ator, ator, mutil etxera.

    http://www.terra.es/personal6/personal1600/euskaleresiya/atorator.htm

     

     

     

  • Mi agradecimiento a Franjart, que es un muchacho enano y calvo al que quiero mucho. Nunca perderé una carta que me escribió hace años, de madrugada, en folios de colores. Es imposible olvidar los ratos de chateo y de conversación cara a cara con él, retroalimentándonos con cocacola, Fortuna (él) y Nobel (yo). No creo que se me olviden ciertos detalles infantiles suyos (aquí una sonrisa, o varias). Cuando me ponga un SMS diciendo que ya ha llegado su hijo al mundo voy a dar un salto de… ¡¡varios centímetros hacia arriba!! (un maduromalaga no puede aspirar a más: grrrrrrrrrrr).

  • Mi agradecimiento a Littlesheep que es una muchacha misteriosa, independiente y sabia a la que admiro y quiero. El rojo le sienta muy bien. La conozco de toda la vida. Vale mucho, mucho.
  • Mi agradecimiento a Carlos, que teniendo tanto corazón por atender ha sacado tiempo para echar una visual a esto. Ojalá que haga los deberes encomendados “con buena letra”. También me pondrá un SMS, estoy seguro, cuando llegue el momento. Agosto marcará un hito en su vida.
  • Mi agradecimiento a Eurocopado, el hombre poliédrico capaz de tocar las nubes con las manos, redactar crónicas de las gestas y cuidar especies maravillosas de cactus en excéntricos cascos de maceta pintados con los colores del Málaga Club de Fútbol, entre otras miles de cosas buenas.
  • Last but not least mi agradecimiento a Irene: muchas gracias sí por tus palabras que añaden algunos kilolitros más al enorme charco de mi vanidad. Claro que sé, aunque me temo que poco de muchas cosas y mucho de pocas. Si el clásico llegó a sabio diciendo “Solo sé que no sé nada” yo, con mi maleta cargada de gramática parda, imagínate a las alturas que puedo llegar. Tus abuelos —mis padres— cuando yo era niño pensaban, dada mi extrema delgadez, que les iba a durar poco. Por eso no fui a la escuela ya que todo el mundo temía que camino del Grupo Escolar “Cervantes” una racha de viento frío procedente de La Sagra, o un copo de nieve que me rozara el abundantísimo flequillo repeinado con fijador (o zumo de limón) sería más que suficiente para mandarme a una estancia que desde luego no iba a ser el Cielo, primero porque era un niño muy travieso y segundo porque aún no había hecho la Primera Comunión conditio sine qua non para que el Niño Jesús y los maravillosos ángeles me abrazaran como socio. Siempre he pensado que la principal obligación de un preso es fugarse y la de un niño hacer travesuras —realmente no hay que leer a Piaget ni a Vigotski ni a Freinet ni a Lévi-Strauss (¡que todavía está vivo, aunque callado!) ni a Freud, etcétera, para darse cuenta de que un niño no es un loco bajito, como alguien los llamaba en la televisión—. Mi madre, tu abuela a la que no tuviste la suerte de conocer, me enseñó a leer, si no fuera una exageración yo diría que en horas. Horas o días al calor de braseros y cargas de leña quemándose en hermosas chimeneas. O quizás me enseñó a leer una tarde de primavera cuando estallaba el campo de belleza (en los climas ultrafríos se nota el cambio de las estaciones, en la tibieza uniforme del clima malagueño, no) pero también pudo ser una mañana de verano con el maravilloso olor a churros cercando el pueblo, un enorme ramo de ramas de Eleagnus Angustifolia actuando de sahumerio en toda la casa, las cabras suministrando leche (y cacas) de casa en casa, los higos y las cerezas recibidos como un regalo, el café de cebada (luego me enteré de que la gente fina le llamaba malta) para los mayores, la lavandera que trabajaba en el río como si fuera una pieza de belén… todo eso pudieron ser los ejes físicos/sentimentales entre los que yo aprendí que la eme con la a dice ma. De la monja que nos enseñó solfeo a los niños y niñas de buena familia —¡no confundir eso con tener dinero!— y de mis éxitos en el Real Conservatorio Superior de Música y Declamación “Victoria Eugenia” de Granada ya te hablaré otro día; solo añadiré que allí alguien vio en mí una aptitud especial para ese asunto del do-re-mi pero que los avatares de la vida —y la terrible amenaza, para todo varón, de convertirse en mariquita si se dedicaba a alguna de las ramas del Arte— se encargaron de frustrar las expectativas creadas. Por aquel entonces parece ser que quise ser hornero (“para quemarle el pan y las tortas a la gente”) y carnicero (ahora tengo que taparme disimuladamente la boca y la nariz cuando paso por la puerta de una carnicería). De adolescente, me habría gustado haber sido siquiatra y, sobre todo, periodista. Después… fui todo lo que no esperaba (o quise) ser. Como sabes, por el efecto Pigmalión-Rosenthal las personas somos lo que los demás esperan que seamos, nuestro rol en la vida no es propio sino definido por los que nos rodean. Para mí, estos meses pasados han sido muy crueles. Algo (prefiero no decir “alguien”) me ha empujado hacia la desmotivación profesional intentando marginarme por el estratégico método Muñoz-Pantoja (no te sorprendas: hablo de Isabel y Julián, la tonadillera y el alcalde): “enseña los dientes que eso jode mucho” (sic) decían ellos. Reírse de mis opiniones, propuestas y quejas ha sido la mejor manera de arrinconarme sabiendo que el calendario es contra lo único que no puedo luchar. Me he desgastado mucho pensando que me quedan los peores asaltos del combate, esperemos que el agua milagrosa del sparring consiga mantenerme despejado y despierto. Todavía soy capaz de dejar KO a más de uno (o una).
  • Ex aequo. Muchas gracias, José Antonio por tu precioso comentario, leído en la madrugada de hoy. Pablo tiene mucha suerte, seguro que en los espejos oscuros de sus ojos todavía queda la estela del relato —olor a pólvora, voces de mando, el murmullo de las olas y el viento, uf—, lástima no haber estado por allí. Deseo que te hagas un visitante habitual de esta parida que ya tiene dos páginas: te nombro uno de los tíos carnales del blog.

[Me da pereza compartir mi sabiduría, y si es gratis, peor todavía. Pero bueno, anda. Los ramos de ramas (¡qué hallazgo expresivo!) de Eleagnus Angustifolia eran de Árbol del Paraíso, cuyas florecillas amarillas despiden un olor dulzón que a mucha gente le resulta empalagoso y le causa fastidio: como a las moscas].

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Eleagnus_angustifolia

 

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2 comentarios to “Gemas”

  1. Carlos Says:

    Bueno bueno, pues un agradecimiento no merecido, pero como tú muchas veces me has dicho ‘No es mal año por mucho trigo’.
    Esta tarde ando un poco sensiblón por asuntos que no vienen al caso y esa inyección de cosas positivas que me has dado me ha venido muy bien.
    Los deberes se harán, no te preocupes, y con buena letra.
    Y tienes mucha razón, ya pronto ocurrira algo que va a cambiar mi vida.
    Me ha encantado lo que has escrito, si bien somos las gemas tú eres el diamante.

  2. Franjart Says:

    En dos meses salimos de cuentas… espero que salga a la madre.

    Yo fumaba CHESTERFIELD, aunque igual, en aquella época, fumaba fortuna… pero dejo la veracidad de mis recuerdos en ti, que se te da bien eso.

    Fíjate como han cambiado las cosas que ya ni fumo. Bueno, hoy es domingo (uuh casi lo pongo con mayúsculas) y me toca trabajar. Me voy que me han llamado…¡Que inoportunos, estaba a puntito de explayarme escribiendo.

    En fin, un besito tierno a ti también.

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