¡ ¡ ¡ G A D G E T S ! ! !

Me encantan los gadgets y los tengo de todo tipo y condición, como todo el mundo. Es una de las maravillosas esclavitudes de nuestra época: croce e delicia como cantaría Violetta Valéry en La Traviata. Nos asfixian los cables de conexión, los trozos de corcho blanco, las bolsas de plástico minúsculas donde se envasan las piezas y componentes, los libritos de instrucciones y garantías, los alambritos forrados para atar, las cajas de plástico y metacrilato, los adaptadores de machos finos a hembras gruesas, las fuentes de alimentación que convierten la corriente alterna en continua —qué cucas—  y que se calientan enseguida (wow!). Si añadimos, además, todo lo que rodea al ordenador, los termómetros de pared y estaciones meteorológicas domésticas, los aparatos relacionados con el vídeo y fotografía, los que nos almacenan y reproducen la música que oímos, los trastos relacionados con el aseo y embellecimiento personal como afeitadoras, cepillos eléctricos  de los dientes, fresas para el arreglo de uñas y pies —antes con un estropajo de esparto y piedra pómez se arreglaba todo— nos damos cuenta de que media casa ya está ocupada con todo eso (tener más de un reloj convierte en gadgets desde el segundo hasta el último). Un frasco de colonia y los cosméticos también pueden serlo: de hecho, los botes de colonia de Jean-Paul Gaultier o de Issey Miyake trascienden el simple concepto de recipientes. El coche y la moto son generadores de miles de gadgets. La cocina también. Hay quien se suscribe a colecciones de vinos exquisitos. Bueno, avanzando en el tema, me he metido en la peligrosa Wikipedia —no es paranoia: sé, porque lo he comprobado, que no hay libertad en la versión española de esa enciclopedia, que está absolutamente controlada, manipulada, viciada y carente de neutralidad por un partido político concreto— y resulta que la empresa Gadget, Gauthier & Co. fue la que fundió la Estatua de la Libertad de Nueva York, dedicándose después a vender réplicas chiquitillas de la magna obra bajo la cual —no sé si estabas al tanto de eso— hubo durante muchos años una cárcel del servicio de inmigración norteamericano. Paradojas de los niños grandes, que así se le llama en muchos sitios al joven y noble pueblo norteamericano. [Si con esto no hay reacciones, el paso siguiente es colocar una foto porno]. Pues ese parece ser que es el origen de la palabreja gadget.

En estos días de miseria ética, ha habido periodistas españoles que han relacionado la masiva muerte de inmigrantes que llegan a España en pateras con las ansias por poseer el gadget de todos los gadgets, la maquinita del momento, el iPhone, diciendo cosas tan demagógicas, de tan mal gusto que si uno está comiendo echa a correr al cuarto de baño para vomitar de la aprensión y culpabilidad que se siente al escucharlas. Ya me pasó hace años con la guerra del Vietnam (hay dos premios Pulitzer inolvidables: la niña desnuda abrasada por el napalm y el disparo del militar en la cabeza del guerrillero norvietnamita en plena calle y sin mediar palabra) o con la guerra de Biafra. Alegría, alegría, que no puede seguir esto así. Venga, para ir terminando: tres de mis gadgets favoritos son relojes. Uno, de pulsera, es un reloj chino en el que se puede ver a Mao moviendo la manita (y la mueve, vaya que sí) no lo uso ni lo saco siquiera de su caja por temor a que se estropee. El segundo es un Swatch de la colección primavera/verano de 1999 (diseñado el año anterior) modelo Clone conmemorativo de la clonación de la oveja Dolly. No tiene manecillas, están sustituidas por dos puntos rojos de distinto diámetro [ponerme a explicar el sencillo mecanismo implicaría echarme a llorar inmediatamente, y no es el momento ni el lugar] y la hebilla, al unirse con el extremo del brazalete deja ver algo así como un tubo de ensayo; los puntos horarios y de los minutos son cabecitas de oveja, todos iguales: como debe ser. Finalmente, el tercer reloj es de mesa, modelo Mosque Shape Alarm Clock (para entendernos: despertador mezquita), luminoso (los minaretes, parpadeantes, en verde fluorescente; las bolitas del frontal, en rojo y en movimiento de izquierda a derecha) y ¡¡sonoro!! (el interruptor del cante-alarma es la cúpula dorada). Dos detalles importantes: los puntos de las horas son fotografías de los lugares sagrados del Islam. Y lo que suena (el “timbre”) es la voz de un muecín virtual que dice Dios es el más grande. Una maravilla.

  

 

 

 

 

Hasta mañana, Inch’Allah.

Allahu Akbar

الله أكبر الله اكبر

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios to “¡ ¡ ¡ G A D G E T S ! ! !”

  1. Irene Says:

    La verdad es que es alucinante el pozo de sabiduria que es mi tito. Te quedas alucinada con lo culto que es y lo bien que escribe. Todos debemos aprender mucho de el porque sabe escribir muy bien. Yo lamentablemente no llego a su altura y eso que por mi profesión deberia. Ja Ja.

    Si le conoceis sabeis que es un maniatico de los objetos, aunque los relojes de lo que mas. Te felicito por tu blog. Sigue adelante.
    Un beso

  2. Yepee Says:

    Por fin un post que parecía inocuo… pero no… a partir de la wikipedia todo vuelve al mismo redil. En fin… la mención al reloj de Dolly y su complejo funcionamiento es lo único que lo salva.

    Por cierto, no seamos injustos, que yo no me olvido de nada/nadie. Salu2

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