Beethoven ¿masón también?

Tengo ganas de conocer a un masón que pertenezca, de verdad, a una logia española. Quizás no sea tan difícil tomar contacto con ellos (1). Franco hablaba poco en la intimidad, dicen, y en público desde luego lo único que se le escuchaba era lugares comunes o perogrulladas aburridas y parafascistas. Nadie le hacía mucho caso, solo los estómagos agradecidos, paniaguados del Régimen siempre vigilantes por si se les venía abajo el chiringuito y los analistas políticos que —humillados y prisioneros de una censura más que férrea, granítica— en los periódicos dándole al coco sobre las consecuencias de un estornudo del Generalísimo o la intención final del Jefe del Estado si se rascaba, bajo la guerrera militar, sus improductivos testículos. No niego que lo dijera, pero sería en su prehistoria: lo de la conjura de judíos y masones no se lo llegué yo a oír (o leer) nunca. Pero siendo muy niño a mis manos llegó un libro de escuela con unas ilustraciones terribles que se hacían eco de un famoso libelo medieval (2) contra los judíos. También leí algo sobre los horrorosos martirios que la masonería presuntamente infligía a sus socios desertores (un estilete clavado en la tráquea, para ser exactos era la “solución final”). Mis simpatías por los judíos —y por Sefarad más concretamente— ya es conocida. No puedo decir lo mismo con respecto a la masonería, que me da miedo hasta nombrarla. Pero el miedo es como ese vértigo que se siente al borde de un pozo profundo y negro que nos atrae como un imán… Es inevitable recordar el dicho popular de que la curiosidad mató al gato. (3)

Gracias a Dan Brown (4) et alia las librerías se vienen llenando de novelas sobre sectas y cofradías que, por lo visto, remuneran bien los bolsillos. Se dice que Mozart fue masón. Y ahora me entero de que, probablemente, Beethoven también. Hay algo raro en esta reiteración, no me parece casual que a los dos genios de la Música se les coloque en la masonería y lo veo como una gran operación de propaganda. Por cierto, otro tópico (5) que está cogiendo carrerilla es el de Salieri, el músico mediocre —hombre longevo y envidioso— que actúa como un nexo malvado entre los dos compositores hasta tal punto que se le achaca la muerte —directa o indirecta— de ambos, lo cual ya es improbable, pero no imposible. Nunca me ha gustado el Réquiem de Mozart ni la ópera Fidelio de Beethoven. La primera de estas dos obras de arte tan conflictivas fue adorada por Antonio Salieri, la última la criticó duramente.

 

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NOTAS A PIE DE PÁGINA

(1)

http://www.gle.org/logiasGLE.php?prov=And

 (2)

http://es.wikipedia.org/wiki/Dominguito_de_Val

 (3)

http://alumno.us.es/j/javescinf/curioso/gato.html

 (4) El Código Da Vinci, 2003. Sigo leyendo, ya está casi terminada, la de “Joseph Gelineck” citada más abajo.

 (5) El niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro: el perejil de todas las salsas.

 

 

 

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