“MI NIÑO NO ME COME NADA”

 

El verano es una delicia. Una cálida, larga y ruidosa delicia. Hoy disfrutamos en Málaga (Lat/Lon: 36,7ºN 4,5ºW) del primer día realmente caluroso del año: treinta y cinco grados oficiales que en las calles, a pleno sol y a eso de las cuatro de la tarde, han de convertirse en cuarenta y tantos grados reales. Esta situación, con pequeños altibajos, se mantiene así hasta el mes de octubre; ha habido años en los que nos hemos comido los huesos de santo de manga corta. No quiero escribir mucho ahora para no estropear la belleza y el gancho de este dibujo procedente de un anuncio norteamericano del vidrio esterilizable Duraglass, hablamos de publicidad vintage, quizás la mejor que se ha hecho y se hará nunca. Los ojos del chiquillo lo dicen todo —sorpresa, confianza, apetito— y las uñas perfectamente lacadas de la madre mueven a la víctima hacia una asociación que es la base del trabajo publicitario: manipular para que el cliente se crea inmanipulable dueño y señor de sus decisiones. Cuando me aburro, cosa infrecuente, me pongo a “bajar” fotos de anuncios antiguos, de coches y de aviones.

Por cierto ¿cuándo vamos a hablar de Arte?

Espero provocar alguna polémica, porque el público sigue acojonado y —salvo cuatro valientes— sin decir ni pío. Que no pasa nada, venga, anímate: di algo. Te espero.

 

·LECTORI SALUTEM·

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