INGLATERRA ¿1/1?

En el invierno de 1976 viajé por primera vez a Inglaterra y todas mis ilusiones se cumplieron al cien por cien; desde entonces y hasta el verano de 1992 en el que me corté la coleta viajera prácticamente todos los años fui a presentarle mis respetos a Isabel II. Bien es cierto que mi homenaje a su graciosa majestad siempre era en la distancia, cada uno en su sitio: ella, desde la carroza dorada, o desde el espectacular Rolls-Royce, o desde el lejano palacio… Yo entre el gentío que la vitoreaba, cargado de bolsas, el paraguas, los planos, las guías, con la cámara al cuello —una réflex, con su zoom, pesaban lo suyo— y los ojos abiertos como platos ante tantas novedades que luego se contaban y no se creían: Hombres con pendientes, punkys de crestas multicolores saliendo de las oficinas con sobrios trajes negros y corbata, las mansiones neoclásicas del arquitecto John Nash habitadas por personas exquisitas: mujeres rubias vestidas con prendas de color claro, sonrientes, amables con el turista perdido que, además, no habla inglés. Mansiones perfectas —Chester Terrace, Cumberland Terrace, ahí las tienes en las fotos— como tartas con capiteles de mantequilla y frontones con tímpanos de mermelada; los decepcionantes osos panda del zoo; los huevos “fritos” en una plancha, sin aceite… sosos e incomestibles por la ausencia total de pan para mojar sopas en el menú británico; las papelinas de cocaína vendidas con escaso disimulo a plena luz del día en los mercadillos callejeros; las esculturas de Rodin y de Henry Moore en los jardines que bordean el Parlamento, vistas desde una hamaca alquilada en medio de un prado tan verde y esponjoso que el césped parecía terciopelo o la superficie vertiginosamente pulida del jade o una laca china. Inglaterra era eso. Sí. Y sus museos. Y el tacataca de Shakespeare. Y el perder la respiración en Stonehenge. Y las ovejas blackface. Y la catedral de Salisbury. Y los almacenes Harrod’s. Y la ciudad de Bath… También era la emoción de tocar la tumba de Haendel o la de Isabel I Tudor la Gran Betsy. Y oír, en una Semana Santa lluviosa y fría, los ensayos de unos niños cantores en la iglesita aneja a la de Westminster donde mirando las vidrieras que enviaron los Reyes Católicos como regalo de bodas (ay, pobrecilla) para su hija Catalina y entre trinos descubrí sobre un mueble la invitación a la ceremonia de apertura del Parlamento que alguna personalidad habría dejado allí olvidada y que yo —inmediatamente y con el corazón palpitando— robé para mí. Siempre he sido muy comprensivo con los ladrones de obras de arte y con los fetichismos, temas tan relacionados entre sí. El cuadernillo de cuatro hojas tamaño cuartilla lo mandé encuadernar con tela roja y en mi casa está. En el país más laico, libre, democrático y admirable de Europa el Gobierno y los parlamentarios aceptan la tradición como fuente de energía renovable. Allí, sus autoridades lloran poco en público cuando hay un duelo nacional; economizan la energía que otros derrochan en lágrimas (y suspiros) para actuar con decisión y firmeza en la búsqueda de la verdad.
¡Claro que son distintos!
Pero también es verdad que allí los crisantemos son flores para regalar a los vivos. 
Y aquí, nosotros, se los ponemos a los muertos.
·LECTORI SALUTEM· 

 

 

 

 

 

 

 

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3 comentarios to “INGLATERRA ¿1/1?”

  1. littlesheep Says:

    Primera lectura del blog, me gusta mucho, espero que no decaiga el entusiasmo y que continúes con él, ya sabes que a mí siempre me ha encantado que me contases historias.

    Bezitos

  2. "El temido (por su bravura)" Says:

    Muy bonito lo de Inglaterra, y aunque lo del blog no llego a entenderlo del todo (tarda mucho en descargar en mi personal computer), aquí estoy, recién llegado de 15 días muy cercanos a esa Inglaterra maravillosa (no he estado en Gibraltar). ¡He estado cerca del FARO DE TRAFALGAR!, y hemos visto pasear por sus aguas los espíritus de Churruca y Gravina, con el parche de Nelson clavado en sus espadas, a la vez que los persigue Collingwood (¿El tío calambres es su traducción? Aguas bravas para bravos soldados con mansos jefes. La verdad es que impresiona pensar que, en esas aguas, llenas de guiris (muchos ingleses), tuvo lugar la batalla. Pero ahí sigue ese faro, y siempre que pueda me iré los veranos a contarle la historia a mi hijo. (Peor que Galdós seguro). LECTOR SALUTATUS.

  3. "El temido (por su bravura)" Says:

    Delenda est Britannia.

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